<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661</id><updated>2011-12-29T12:58:50.655-03:00</updated><category term='Arte de Juan Emar'/><category term='daniel rojas pachas'/><category term='libros de Juan Emar'/><category term='diez'/><category term='Artículos sobre Juan Emar'/><category term='cinosargo'/><category term='Artículos de Juan Emar'/><category term='Adaptación de Juan Emar'/><category term='Cuentos de Juan Emar'/><category term='noticias sobre Juan Emar'/><category term='miltín'/><title type='text'>Juan Emar Umbral</title><subtitle type='html'>Bitácora dedicada al escritor post-vanguardista de Chile Álvaro Yáñez Bianchi (Juan Emar).</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Violeta FR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09024634161916898926</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_PTyUDviuB6c/S22d_8VQwXI/AAAAAAAAAGE/Z3wL_WOUT3s/S220/yazikffff.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>43</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-4492852208412797641</id><published>2011-11-27T21:40:00.001-03:00</published><updated>2011-11-27T21:45:19.399-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Juan Emar - Miltín 1934: Una novela antinarrativa  Por Pablo Brodsky Director de la Fundación Juan Emar           Juan Emar inició la es</title><content type='html'>&lt;p class="Estilo31" align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;img style="margin-left: 4px; margin-right: 4px; margin-top: 4px; margin-bottom: 4px; border: 0" alt="je271111.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/je271111.jpg?v=1322441006454" /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo31" align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo31" align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo31" align="center"&gt;&lt;strong&gt;Juan Emar - Miltín 1934: Una novela antinarrativa&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo32" align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span class="Estilo33"&gt;Por Pablo Brodsky &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt; Director de la Fundación Juan Emar&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;span class="Estilo34"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Juan Emar inició la escritura de &lt;em&gt;Miltín 1934&lt;/em&gt; en el mes de enero de ese año, y la terminó en diciembre. En junio del año siguiente publicó el libro, conjuntamente con &lt;em&gt;Ayer&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Un año&lt;/em&gt;. En 1937, 2 años después, publicó &lt;em&gt;Diez&lt;/em&gt;, su libro de cuentos. Pero de toda su obra publicada en vida, &lt;em&gt;Miltín 1934&lt;/em&gt;  es la más desconocida y la que menos reediciones ha tenido. De hecho,  la de Mago Editores que esta tarde presentamos corresponde a la tercera  reedición del libro, después de la de Dolmen, de 1997. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Recibido  como “uno de los (libros) más desconcertantes de nuestra literatura”;  como “fuera de lo clásico, de lo usual, de lo normal, hasta de lo  equilibrado”; como original, novedoso y único ya que “no creo que el  lector chileno haya leído, ni entre lo nacional ni entre lo extranjero,  nada parecido”, según Eduardo Barrios,  &lt;em&gt;Miltín 1934&lt;/em&gt; es el texto  más radical de los escritos por Juan Emar y una “especie de laboratorio  experimental” para el trabajo escritural que posteriormente  desarrollará en &lt;em&gt;Umbral&lt;/em&gt;, de acuerdo a Pedro Lastra.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Parece que sobran los motivos para mantener a &lt;em&gt;Miltín 1934&lt;/em&gt; en una suerte de marginalidad, para ser una obra &lt;em&gt;outsider&lt;/em&gt;,  ubicada más allá de los límites de la literatura que estamos  acostumbrados a leer. ¿Cuáles son estos motivos? ¡Vamos a ellos!, como  diría el narrador-autor del libro.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al iniciarse el  libro, surge el primer deseo del narrador: referirse a lo que le ocurre  a muchas personas, a saber: “El deseo de colgar en la pared una  ambición de la vida”. Se trata de los cuadros que, tanto el doctor  Hualañé como Estalisnao Buin y Rafito, gustan de colgar en las paredes  de sus casas u oficinas. El narrador nos refiere que el doctor mantiene  en su gabinete la pintura &lt;em&gt;Le chäteau de chillon et la Dent du Midi&lt;/em&gt;.  Se trata de un cuadro que forma parte de la galería de la pintura  europea, referente de la cultura universal, pintada por Gustave Courbet,  donde aparece el castillo de Chillon a orillas del lago de Ginebra, con  los imponentes Dents du Midi, en los Alpes, como telón de fondo. Es el  mismo castillo del poema de Byron &lt;em&gt;Le prisonnier de Chillon&lt;/em&gt;:  “Las aguas del lago Leman bañan los muros del Castillo de Chillon. Desde  lo alto de las blancas almenas, la sonda se hunde a mil pies en las  profundas ondas que rodean sus torres”.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por su  parte, Estalisnao Buin tiene colgados en sus paredes 3 cuadros: 2 de  ellos representan la violencia de las fuerzas de la naturaleza. Uno en  la cordillera, el otro en el mar. En ambos, el hombre aparece como un  ser insignificante, “del tamaño de un mosco”, ante “los elementos  desencadenados”, luchando “denodadamente” por salvarse. En el tercer  cuadro, todo es calmo en una verde campiña, llena de florecillas  blancas, excepto “un potro fogoso que deja su crin enmarañarse…”. Ya no  se trata de la referencia culturosa relacionada con el médico, profesión  liberal de la burguesía, sino de escenas de la heroicidad del hombre en  su lucha contra las adversidades de la vida, de un corredor de la Bolsa  de comercio de la década del 30 del siglo pasado.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Terminadas  estas descripciones, el narrador nos habla de su nuevo deseo: la de  escribir el Cuento de Medianoche, por lo que deja de lado la ambición  colgada en la pared de Rafito, el tercer personaje involucrado. Después  de varias elucubraciones y percepciones que el narrador nos da a  conocer, finalmente inicia el Cuento de Medianoche, intentándolo en 7  oportunidades, sin éxito. Decide que es mejor “seguir con otra cosa. Por  ejemplo con Una noche de locuras o La tournée des Grands Ducs, haciendo  referencia a los paseos de la nobleza rusa del siglo XIX por las calles  de París en la búsqueda de cabarets donde el champán fluía libremente.   En efecto, esta nueva trama relata el paseo de 3 amigos que deciden  salir en la noche. Primero pasan por el Zurich, un local donde no se  sienten a gusto porque huele a “orina de las virgencitas que son  festejadas por sus amigas con motivo de la próxima pérdida de la  virginidad”, es decir, allí no hay alcohol sino “café con leche” y  “bombones de anís”. Deciden ir al Arno, un cabaret donde se bebe, se  baila y se pierden los sentidos. El narrador se enfrasca en una  conversación con otros comensales del lugar, donde se produce una  comparación entre un conocedor de los más importantes lupanares de las  grandes ciudades (nuestro narrador) y quienes asisten como voyeristas,  entre escandalizados y fascinados por lo que en ellos ocurre (los  comensales). Poco a poco los clientes se retiran del local, quedando  solo los 3 amigos, quienes pagan su cuenta y se retiran, junto al garzón  que cierra la puerta tras de sí. Por cierto, no se puede afirmar que se  trata, precisamente, de un relato de las aventuras que viven 3 amigos  en una “noche de locuras”.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Después el narrador  decide retomar el Cuento de Medianoche, una nueva versión después de los  7 fracasos anteriores. Esta vez la narración avanza teniendo a Teodoro  Yumbel como protagonista, quien duda entre optar por una vida de  anacoreta o una vida destinada a ser compartida con sus semejantes.  Después de que Teodoro Yumbel vive algunas experiencias entre místicas y  sobrenaturales, se escuchan 7 campanadas, anunciando las 19 horas. Ello  obliga al narrador a buscar otros quehaceres, ya que no puede  terminar  el Cuento de Medianoche mientras no llegue, precisamente, la  medianoche.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es así como decide matar el tiempo  haciendo cosas diversas, como subir al tejado para echar una ojeada y  ponerse a leer. Encuentra un volumen de Maupassant, el que le recuerda a  Rafito, ese tercer personaje relacionado con aquella ambición colgada  en los muros. Rafito tenía en sus paredes un cuadro “de fines del siglo  XIX. Un sofá con gasas o tules (…) bordados. Sobre ellos, sentada,  mirándose a un espejo que uno ve por detrás, una dama (…). Está en paños  menores. Por encima del corsé de le ven los senos. Echa la pierna  arriba: medias negras de seda, ligas rojas muy anchas, zapatillas  plateadas con un pompón id. Por entre los muslos, se le adivina el  sexo”. Rafito es campesino, “zocarrón; buenísimo; grande y fornido”. Su  descripción comulga con su ambición colgada en la pared.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Luego el narrador encuentra otro libro: &lt;em&gt;Panorama de la literatura chilena durante el siglo XX&lt;/em&gt;,  de Alone.  A partir de este momento, Emar escribirá las páginas más  ácidas respecto de la crítica literaria y sus cultores. Inicia su  diatriba señalando que los críticos literarios sufren de un mal: “el  miedo negro de equivocarse”. Y para no equivocarse, sencillamente  enumeran, “pinceleándoles pequeñitas cualidades y pequeños defectos”,  sin entregar una opinión “franca, categórica” sobre la obra que  critican. A esto le llama escribir “un articulito con puertecitas de  escape para todos lados”. A esta ausencia de compromiso, se suma que el  código que utilizan es “una serie de lugares comunes  literario-sentimentales que cada crítico, variándolos un poquito, alza  cual formidable sistema”. Ante estos 2 problemas, propone un método que  consiste en 3 pasos:&lt;/p&gt;&lt;ol start="1" type="1"&gt;&lt;li&gt;Que los críticos  guarden bajo llave sus plumas, lapiceras, papeles, máquinas de escribir y  todo aquello que utilizan para opinar o que los tiente a ello.&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Que, después de un tiempo, todos vuelvan a leer cuanto se haya publicado y mediten sobre lo leído.&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Que  cada uno escriba, “única y exclusivamente (…) sobre aquellas obras que  le hayan entusiasmado, locamente entusiasmado, o bien le hayan  horripilado hasta las náuseas. Y silencio total sobre todo lo demás”.&lt;/li&gt;&lt;/ol&gt;&lt;p align="justify"&gt;Mientras  escribe sus opiniones sobre la crítica literaria nacional, el tiempo  sigue avanzando, y ya se acerca la medianoche. Es hora de que el Cuento  de Medianoche vuelva a escena. Pero ocurre que el narrador se acuerda de  Titina, una antigua novia que, justamente cuando dan las 12 de la  noche, aparece con fuerza en su recuerdo. Por eso no le queda más que  reproducir unos párrafos que escribió hace algunos años, teniéndola como  nueva protagonista de la narración.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nuevos  personajes, nuevas historias y nuevas elucubraciones surgen a medida que  avanza el texto, plagado de recuerdos de un narrador que, en algún  momento del relato, decide no trabajar, es decir, escribir lo que se  había propuesto escribir: “El Cuento de Medianoche lo veo hundido en el  fondo del armario. Y pensar que no sólo tal cuento pensaba escribir sino  también un drama medieval…”, nos dice en la página 74.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;No  es necesario seguir desmenuzando el texto de Emar, de 243 páginas de  “locuras” como las descritas, para darse cuenta de que estamos frente a  un  experimento escritural de proporciones.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al  publicarse, no fue indiferencia lo que sintió la crítica al leer la obra  sino, por el contrario, vio en ella un cuestionamiento inaceptable de  sus propios preceptos, una puesta en duda irrenunciable de los valores  éticos y estéticos que por siempre había defendido y, para colmo, sus  miembros eran señalados con nombre y apellido, tildados de ignorantes,  aburridos y pretenciosos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En un artículo anónimo, aparecido un mes después de la publicación, su autor señala que en &lt;em&gt;Miltín 1934&lt;/em&gt;  “Alone, Alberto Mackenna Subercauseaux, Richon-Brunet y otros de menor  cuantía, reciben su buen tirón de orejas de este Juan Emar que  desparrama una tremenda lógica trituradora”. Y, más adelante, continúa:  “Juan Emar es un sátiro despiadado que pone en ridículo el arte burgués,  al filisteo que dominicalmente pontifica desde los rotativos  santiaguinos y a sus cómodas teorías estéticas”. Solo César Miró, autor  peruano, vio en la obra “la negación de la novela como género consagrado  dentro de lineamientos establecidos, de acuerdo a fórmulas y  procedimientos reconocidos y aceptados”.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Miltín 1934&lt;/em&gt;  es la imposibilidad de ser el Cuento de Medianoche, imposibilidad que  es opción puesto que su autor no desea narrar y, por tanto, liberar la  escritura “para que el panzudo del día siguiente coma cochinillo  satisfecho, sin remordimientos de haber sido hecho a la imagen de Dios”,  según las palabras del narrador-autor.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Con la  misma lucidez con que desnudó “el deseo endémico de realidad” de la  crítica oficialista y del público burgués, en sus artículos de La  Nación, Emar se negó a convertir sus textos en defensores de la realidad  para que el lector se sintiera reconocido en ellos: “Comprende, pues,  -continúa el narrador- qué horror les ha de producir a consumidores y  proveedores, ver de pronto un ser que, no contentándose con seguir  sobando y embalsamando cadáveres, se lanza justamente a resucitar esos  cadáveres gritando que ahora no hay que abandonar; un ser que hace de  todos esos elementos adormecedores –pinceles, cinceles, paletas y demás-  elementos para tentar nuevamente la espantosa experiencia de la vida”.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En &lt;em&gt;Miltín 1934&lt;/em&gt;,  los límites entre ficción y realidad se rebasan permanentemente,  cuestionando la producción de un texto narrativo y ficcional al  incorporar relatos inacabados, reflexiones, recuerdos, transcripciones  de cuadernos antiguos, experiencias y especulaciones personales. El  efecto final del texto es su imposibilidad de narrar una historia  novelada, adscrita a la descripción de anécdotas y a la temporalidad  lineal, sea esta el Cuento de Medianoche o cualquier otra trama que se  haya propuesto.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Hoy, a 76 años de la primera  edición de esta obra, podemos considerarla fundacional y promotora de la  narrativa escrita a partir de los últimos lustros del siglo veinte.  Esta nueva publicación de &lt;em&gt;Miltín 1934&lt;/em&gt;, editada con los dibujos  originales de la primera edición de 1935, nos permite conocer la osadía y  el atrevimiento de uno de los autores más difíciles de clasificar y,  sin duda, el más problematizador de nuestra literatura.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-4492852208412797641?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/4492852208412797641/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/11/je271111jpg-juan-emar-miltin-1934-una.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/4492852208412797641'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/4492852208412797641'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/11/je271111jpg-juan-emar-miltin-1934-una.html' title='Juan Emar - Miltín 1934: Una novela antinarrativa  Por Pablo Brodsky Director de la Fundación Juan Emar           Juan Emar inició la es'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-7763595803012830092</id><published>2011-08-22T18:47:00.001-03:00</published><updated>2011-08-22T18:47:52.029-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Adaptación de Juan Emar'/><title type='text'>Nómada (Cinosargo 2011) a través de la adaptacion de Juan Emar a comic en Dos Disparos</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;a target="_blank" href="http://dosdisparos.com/?p=1169"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="nomada_emar.JPG" src="http://cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/nomada_emar.JPG?v=1314052916461" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;a target="_blank" href="http://dosdisparos.com/?p=1169"&gt;http://dosdisparos.com/?p=1169&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Nómada (Cinosargo 2011) a través de la adaptacion de Juan Emar a comic en Dos Disparos&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-7763595803012830092?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/7763595803012830092/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/08/nomada-cinosargo-2011-traves-de-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/7763595803012830092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/7763595803012830092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/08/nomada-cinosargo-2011-traves-de-la.html' title='Nómada (Cinosargo 2011) a través de la adaptacion de Juan Emar a comic en Dos Disparos'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-3818009771661923592</id><published>2011-04-26T20:07:00.001-03:00</published><updated>2011-04-26T20:07:49.533-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Juan Emar: La escritura como patria. Entresijos de una poética dialógica</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;a target="_blank" href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;&lt;img style="border: 0pt none; margin: 4px;" alt="je110311.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/je110311.jpg?v=1303862774303" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Visite: &lt;a target="_blank" href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;http://juanemarumbral.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;Juan Emar: La escritura como patria.            Entresijos de una poética dialógica &lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span class="Estilo20"&gt;Selena Millares&lt;br /&gt;          &lt;/span&gt;&lt;span class="Estilo21"&gt;Universidad Autónoma de Madrid&lt;/span&gt;&lt;span class="Estilo20"&gt;&lt;br /&gt;          &lt;/span&gt;&lt;a href="mailto:selena.millares@uam.es"&gt;selena.millares@uam.es&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;          &lt;span class="Estilo21"&gt;Revista Taller de Letras, Nº 46, 2010&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="Estilo22" align="justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;          &lt;/i&gt;La escritura de Juan Emar está configurada como espacio intertextual donde el            autor chileno dialoga con la poética de otros autores, y también con la voz del lector.            Ya Neruda lo asoció con Kafka como artífice del absurdo en conocidas declaraciones,            pero también puede rastrearse en sus prosas visionarias la herencia de Blake, Rimbaud            y sobre todo de Lautréamont, presente en su recurrencia a la mutilación, el feísmo, el            sadismo o la necrofilia, si bien desde parámetros menos violentos y con una poderosa            presencia del humor, que comparte con otros visionarios de la vanguardia hispanoamericana,            como Macedonio Fernández o Felisberto Hernández.&lt;br /&gt;          &lt;b&gt;Palabras clave&lt;/b&gt;: intertextualidad, Juan Emar, Lautréamont, prosas de vanguardia.&lt;/p&gt; &lt;p class="Estilo22" align="right"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;          …Ahora que los corrillos se gargarizan con Kafka aquí&lt;br /&gt;          tenéis&lt;br /&gt;          nuestro Kafka, dirigente de subterráneos, interesado&lt;br /&gt;          en el laberinto, continuador de un túnel inagotable&lt;br /&gt;          cavado en su propia existencia no por sencilla menos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;          (Neruda 10)         &lt;/p&gt; &lt;p class="Estilo22" align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="Estilo23"&gt; 1. La red textual, un dédalo de fantasmagorías &lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;Ya voces tan diversas y distantes como las de Mallarmé y Whitman, o las            de Borges y Eliot –todos ellos patriarcas incuestionables de las letras contemporáneas–            han insistido en derrumbar el fetiche romántico del individualismo            y la originalidad, para recordar una realidad que, con acierto, han analizado            Bakhtin, Kristeva y Bloom –entre otros–, en un debate fértil y vigente: todo            texto es tejido de voces innumerables, y se define como polifonía, heteroglosia            y alteridad. Más allá de fronteras y fechas, de nombres o escuelas, cada            texto se construye como un laberinto, una trama de callejuelas por donde            deambulan, sin orden ni aviso necesarios, rumores de distintos ámbitos,            de épocas pasadas y venideras, fantasmagorías que interpretan un juego            fecundo de apariciones y desapariciones, que se reconocen, dialogan o colisionan            en sus intersecciones. El lector que transita ese dédalo lo construye            y destruye a cada paso: siempre el mismo y diverso, es trampa de palabras            que circulan eternamente, componiendo distintos caminos, proyectándose            en nuevos juegos, en nuevas miradas. Estas consideraciones se hacen particularmente            relevantes a la hora de abordar la producción emariana, por            dos motivos: de un lado, su espíritu lúdico hace del dialogismo una de sus            estrategias más comunes, que se proyecta en constantes guiños al lector;            de otra parte, la imbricación de su escritura con la de otros autores ha de            coadyuvar para su ubicación en la historia de las letras, y su definitiva inserción            entre los nombres mayores de la literatura de su tiempo. Cuando,            en el conocido prólogo citado en el epígrafe, Pablo Neruda avalaba la producción            de Emar, insistía en el desarraigo, vital y textual, de este autor que            la incomprensión de su tiempo relegó al silencio y condenó a un imposible            olvido, y proponía “descubrir a nuestro aparente apátrida y otorgarle lo            que no tuvo: la nacionalidad del amor” (Neruda 9). Dos décadas después,            insiste aún en la misma idea Canseco-Jerez, al afirmar que “la escritura de            Emar posee una dimensión metafísica y una propuesta de des-articulación            y de re-construcción de la estructura narrativa que escapa a toda tradición            nacional, y por ende al ‘horizonte de espera’ de lectores y críticos. De allí,            entonces, que nuestro autor sea visto como un anacrónico y un extraño sin            pasado ni herencia” (1992 24). Ciertamente, la marginalidad y originalidad            emariana, unidas a la incomprensión del receptor de su tiempo, han jugado            en contra de la difusión de su obra. De ahí que pueda tener sentido considerar            en estas líneas las genealogías de su palabra creadora, que lo vinculan con            la irreverencia de los poetas &lt;i&gt;malditos&lt;/i&gt; del simbolismo  francés y también con            sus inmediatos compañeros de viaje, que a pesar de la  innegable distancia          –geográfica y vital–, bebieron del mismo  aire de época y participaron de            análogas indagaciones y descubrimientos.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;2. La estirpe de los &lt;i&gt;malditos&lt;/i&gt;: con Lautréamont en el           laberinto&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;          Las raíces de la poética emariana hallan buena parte de su savia nutricia            en lo que Octavio Paz ha llamado “el &lt;i&gt;otro&lt;/i&gt; romanticismo europeo” (&lt;i&gt;Los hijos            del limo&lt;/i&gt; 101), encarnado especialmente en la poesía francesa de fines del            XIX, y en el magisterio que William Blake ejerce sobre ella, particularmente            en su reivindicación de la belleza del mal. Se trata de la estirpe de los&lt;i&gt; malditos&lt;/i&gt;,            que desde la provocación y la ironía afrontan el maleficio que asola al            hombre desde la grave crisis espiritual determinada por la “muerte de Dios”.            La ironía, la fealdad, la irreverencia y el horror son algunas de las armas que            esgrime el nuevo poeta, para conjurar la angustia que puebla su laberinto de            soledad y que lo convierte, en términos del poeta mexicano, en “un Ícaro, un            Satanás y un payaso” (Id. 74). La irreverencia religiosa y el escarnio de la            moral vigente hacen que el poeta se declare del partido del Demonio (Blake            173), y en esa vindicación de satanismo y erotismo se sitúan algunos de            los grandes referentes emarianos, como Baudelaire, para quien “la suprema            voluptuosidad del amor reside en la certeza de hacer el mal” (&lt;i&gt;Mi corazón al            desnudo&lt;/i&gt; 14). La saga se extiende hasta la vanguardia, y en 1930 clama aún            Breton: “Que el diablo ampare […] la ideología surrealista” (&lt;i&gt;Manifiestos del            surrealismo&lt;/i&gt; 177). Los “Proverbios del infierno” del poeta británico son una            de las piedras de toque de estas actitudes; sus postulados no podían dejar            indiferentes a sus sucesores: “Quien desea y no actúa engendra plaga […]            Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los lupanares con ladrillos            de Religión […] La desnudez de la mujer es obra de Dios […] Los tigres de la            ira son más razonables que los caballos de la instrucción. Del agua estancada            espera veneno […] Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos            que no se llevan a la práctica” (&lt;i&gt;Poesía completa&lt;/i&gt; 175-179). La imaginación            desatada convoca, desde esa invitación a la transgresión y el sacrilegio, actitudes            que exploran lo plutónico, lo desconocido y lo prohibido. Una de las            más inquietantes es la de la crueldad, interpretada como un modo radical de            rebelión, y que halla en el francouruguayo Isidore Ducasse a su figura más            representativa; de su posterior proyección hablarán, mucho después, los            postulados de Antonin Artaud, quien explica esa recurrencia en los siguientes            términos: “Una acción violenta y concentrada es una especie de lirismo:            excita imágenes sobrenaturales, una corriente sanguínea de imágenes, un            chorro sangriento de imágenes en la cabeza del poeta, y en la cabeza del            espectador” (&lt;i&gt;El teatro y su doble&lt;/i&gt; 91). Los célebres &lt;i&gt;Cantos de Maldoror&lt;/i&gt; fueron            calificados por Rubén Darío como “el aullido de un ser sublime martirizado por            Satanás” (&lt;i&gt;Los raros&lt;/i&gt; 195), y Neruda justifica a su autor porque “fabricó lobos            para defender la luz, acumuló agonía para salvar la vida” (&lt;i&gt;Obras completas&lt;/i&gt;          955). La mutilación, el feísmo, el sadismo o la necrofilia serán algunos de los            motivos que articulen una obra con la que tantos guiños establecerá Emar            en sus textos, si bien desde parámetros menos violentos.          &lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;La consagración del mal en Lautréamont  recurre al horror y a lo grotesco            incesantemente, en planteamientos que a ningún lector pueden  dejar indiferente;            sus asertos son tajantes: “yo hago servir mi genio para  representar las            delicias de la crueldad” (15). El vampirismo y las alimañas  del mal adquieren            un protagonismo que se explica como objetivación de la  repugnancia y la            barbarie: un ángel metamorfoseado en cangrejo intenta salvar  al protagonista –ángel caído– el cual lo destroza; en una tumba un  gusano le presenta a            una prostituta; los piojos representan una nueva deidad:  “cuando se trata            del piojo, al conjuro de ese nombre sagrado, todos los pueblos  sin excepción            inclinan las cadenas de su esclavitud, arrodillándose juntos  en el atrio augusto            ante el pedestal del ídolo informe y sanguinario” (79). Un  bestiario maligno            se confabula para representar la náusea: “Soy sucio. Los  piojos me roen. Los            cerdos vomitan al mirarme. Las costras y las escaras de la  lepra han convertido            en escamosa mi piel cubierta de pus amarillento” (157). La  irrupción de lo            fantástico establece igualmente un paradigma para las  propuestas de Emar,            así como las visiones de cielo e infierno, si bien en el  chileno se apartan de los            extremos de su antecedente. Maldoror afirma que ha visto al  Creador “acuciando            su crueldad inútil, provocar incendios en los que perecían  ancianos y            niños” (59), y lo presenta como un nuevo Saturno que devora a  sus criaturas:          “levanté mis párpados azorados más arriba, aún  más arriba, hasta que percibí            un trono formado de excrementos humanos y de oro, desde el  cual ejercía el            poder con orgullo idiota, el cuerpo envuelto en un sudario  hecho con sábanas            sin lavar de hospital, aquel que se denominaba a sí mismo el  Creador” (75).&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt; La devoción emariana por la rebeldía y la insolencia provocadora de Ducasse            se ha de proyectar en numerosos homenajes, y en ese diario heterodoxo            constituido por Un año le dedica uno de sus doce apartados, correspondiente            al 1 de mayo, donde narra cómo al entrar en su biblioteca se reencuentra            con los &lt;i&gt;Cantos de Maldoror&lt;/i&gt;, y también con “esos bichitos bibliófilos” que,            sigilosa y siniestramente, “se estaban nutriendo con todas las palabras que            mil autores habían enmudecido y plasmado en mi estantería para que yo,            cada vez que el Demonio me lo incitara, las sacara de su mutismo y las hiciera            rehablar a mis oídos” (Emar, &lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt; 34) &lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftn1" name="_ftnref1"&gt; (1)&lt;/a&gt;. De la irreverencia religiosa            y el anticlericalismo de Emar dan buena cuenta los pasajes que abren su            &lt;i&gt;Ayer&lt;/i&gt;, corrosivos hacia las instituciones eclesiásticas, con una parábola de            los sinsentidos de una moral caduca pero poderosa, cuyas reminiscencias           inquisitoriales son escarnecidas, a partir de estrategias carnavalescas que           buscan desenmascarar y delatar. El protagonista, Rudecindo Malleco, es condenado           a causa de sus pensamientos “pecaminosos” a que se le seccione la           zona de su delito: el cerebro. El narrador testigo esperpentiza las figuras de           unos frailes que encarnan un modo de barbarie; humor negro y absurdo se           entrelazan en un final inesperado, donde se representa al individuo alienado,           robadas sus libertades, bestializado en un matadero, como un insecto privado           de pronto de sus alas por los caprichos de cualquier mente perversa.            Mucho más intensa es la presencia del sustrato ducassiano en &lt;i&gt;Miltín&lt;/i&gt;,  donde            se continúa la irreverencia hacia los poderes eclesiásticos  (“los curas tienen            la desgracia de engendrar hipocresía en nombre del bien”, 86),  y también            los bestiarios de la repulsión y los emblemas escatológicos:  el menú de Illaquipel se compone de “sopa de lagartijas, pechugas de  cucarachas trufadas,            flan de escupos” (96), y en su viaje estelar, delirante y  visionario, en la            avioneta de Angol, el protagonista ve a los hombres “viviendo  como piojos            inconscientes, piojos en un día lejano conscientes acaso como  aves del cielo,            mas que de tanto roer y rasguñar, rasguñar y roer los pies de  las montañas,            olvidaron, identificados con su labor de garrapatas, la cara  de allá arriba, su            mirada” (159). Se constata así que la &lt;i&gt;animalia&lt;/i&gt;  emariana interpreta, como la            de Ducasse, caricaturas grotescas, que se continúan en los  pasajes sobre el            supuesto origen del hombre, bajo especie de mosquitos  (bastante miopes).            El humorismo absurdo, chispeante e iconoclasta desemboca en  las visiones            delirantes de Dios, aquejado de jaquecas y con una pesadilla  recurrente:          “sueña que una cucarachita se le sube a la cabeza y  una vez arriba canta            &lt;i&gt;God save the King&lt;/i&gt;” (194), en tanto continúa el elogio del satanismo, desde            un tono más atemperado, que tiende a sustituir el humor negro por otro más            travieso (aunque no faltarán las muestras más sombrías):&lt;/p&gt; &lt;blockquote&gt; &lt;p align="justify"&gt; Bien. Tanta bondad, ¿no es lo más aburrido que existe en el              mundo? ¿No creen ustedes, señores, que únicamente con              la colaboración del Dios bondadoso la vida sería un bostezo              de nunca terminar? André Gide, en su libro &lt;i&gt;Dostoiewsky&lt;/i&gt;,              dice: “No hay obra de arte sin colaboración del demonio”.              ¿No se podría amplificar esto hasta decir que no hay obra              humana positiva sin colaboración del demonio? Y agrega              Gide, en el mismo libro: “Es con los buenos sentimientos              que se hace la mala literatura” (&lt;i&gt;Miltín&lt;/i&gt; 138).&lt;/p&gt; &lt;/blockquote&gt; &lt;p align="justify"&gt; También renuncia Emar al halago de las formas bellas en &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt;, donde            retornan los bestiarios fantásticos y el horror grotesco y descarnado, para            exorcizar las fuerzas oscuras que atenazan a la condición humana, que la            sumergen en un laberinto asfixiante. En “El pájaro verde”, el título parece            evocar los cuentos de hadas tradicionales, y no puede dejar de recordar al            homónimo de Juan Valera, historia de amores orientales, magia, metamorfosis            y anagnórisis. Allí el pájaro verde que ataca a la princesa una y otra vez            para robarle objetos (fetiches) acabará desvelando su esperable condición de            príncipe encantado; Emar, por su parte, altera las expectativas del lector con            su habitual vuelta de tuerca, y ese pájaro embalsamado y aparentemente            inofensivo habrá de resucitar de pronto para atacar a un personaje y llevarlo            a la muerte, en un minucioso y cruento proceso de mutilación, de nuevo con            ecos ducassianos. Estos, además, se entrelazan a menudo con los de las &lt;i&gt;flores            del mal&lt;/i&gt; de Baudelaire: en “Maldito gato”, el sujeto neurótico, obsesionado            por racionalizar una realidad enemiga, se dedica a analizar los aromas del            campo, y entre esos perfumes hallará el olor diabólico del quilehue, de “cierta            semejanza con el sabor de la eyaculación sexual” (&lt;i&gt;Diez &lt;/i&gt;33). Las injurias a la            belleza y el satanismo de Rimbaud –también del partido del infierno–,&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftn2" name="_ftnref2"&gt; (2)&lt;/a&gt; así            como su invocación de la videncia y de la disolución del Yo&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftn3" name="_ftnref3"&gt; (3)&lt;/a&gt;, lo sitúan entre los demiurgos tutelares de Emar, y como una fantasmagoría vuelven al laberinto            textual emariano todas esas actitudes reformuladas. En &lt;i&gt;El unicornio&lt;/i&gt;, el            protagonista viaja a África en una nueva estación en el infierno que incluye            la visión del mítico Caleuche, “tripulado por tres brujos muertos de pie” (86).            A su regreso, un accidente lo lleva a la tumba, y su yo se bifurca (“ante mi            cuerpo muerto y sanguinolento, retrocedí con paso cauteloso”, 89). El cadáver            de Camila pasa a ser el objeto de sus fantasías necrófilas, hasta que,            importunado por visitantes del cementerio, decide retirarse a su fosa, bajo las            cucarachas y las hormigas. En el terreno de lo morboso, iconoclasta, perverso            y visionario se sitúa igualmente la sección “Tres mujeres”, una vez más en            los parámetros de lo fantástico. “Papusa” nos habla de un ópalo (“rodando,            ha venido desde Belcebú hasta mí”, 109) que convoca visiones trascendentes          –casi una profecía del &lt;i&gt;Aleph&lt;/i&gt; borgeano– y presenta la historia de una mujer            prisionera en la corte del Zar Palemón. Un espectro explica la clave de las            visiones: “Los humanos vinieron sin sexo. Luego los sexos cayeron en ellos,            se incrustaron, e incrustados vivieron su propia vida nutriéndose de la sangre            y las ideas de los humanos. Así hasta hoy; así, ya, siempre. Simbiosis casi            eterna que el hombre se niega a reconocer” (105). En ese dualismo siniestro            se instala también la historia de &lt;i&gt;Chuchezuma&lt;/i&gt;, donde el “lobo-garú” se asimila            a Satán y al vampirismo, y la protagonista se duplica de manera siniestra,            proyectada en un lienzo. “Pibesa”, por su parte, reincide en esa disgregación            de la personalidad en fantasmagorías inquietantes: “Pibesa, bifurcándose,            se desdobló en dos. [...] Entonces la poseí. Al sentirlo, volteó hacia atrás la            cabeza y nos besamos, mientras la otra, lenta, muy lenta, bajaba siempre,            tarareando ella ahora la canción que ésta había dejado en suspenso a causa            del primer dolor y del goce que empezaba a inundarla” (132).&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt; 3. Prosas de vanguardia: la red arácnida&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt; Como una sutil tela de araña, la red textual  de la vanguardia se teje en            torno a ese eje de gravitación que supone la revolución  poética finisecular,            sobre la que va trazando sus círculos más o menos  concéntricos. Es bien            sabido que Juan Emar participó de la efervescencia artística  del París de los            años veinte, estrechamente ligado además a otro chileno  universal, Vicente            Huidobro(4). Sin embargo, su fortuna fue otra: la publicación  de sus libros, en            los años treinta, fue recibida mayoritariamente con silencio,  desdén o rechazo,            ya por sus críticas irreverentes a las instituciones más  consagradas, ya por            el extrañamiento de sus estrategias estéticas, comunes en el  plano poético            de su tiempo, pero no en el narrativo, donde imperaban aún las  servidumbres            del realismo criollista. En cualquiera de los casos, no muy  distinta fue            la suerte de otros prosistas de la renovación, que  compartieron ese aire de época, y con los que ya en alguna ocasión se ha  vinculado la singularidad            de Emar, en especial Felisberto Hernández y Macedonio  Fernández: tres autores            cuya modernidad y vigencia justifica la atención que han  merecido en            las últimas décadas, cuando la perspectiva del tiempo los  sitúa como voces            imprescindibles en la historia de las letras  hispanoamericanas.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;Por otra parte, no dejan de ser curiosas las confluencias existentes            entre ellos, a pesar de que sus itinerarios vitales y creadores fluyeron por            derroteros tan marginales como distantes. En los tres casos encontramos            una fértil indagación en las posibilidades metaliterarias del texto desde la            heterodoxia y la disidencia, el juego y la mise en abîme, la desautomatización            y el derrumbre del pacto mimético. Ya Roberto Merino, en las palabras            liminares a &lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt;, comenta: “Borges ha dicho de Macedonio Fernández que           escribía más que nada para pensar, por eso no tenía un interés muy notorio            por las publicaciones de sus textos […] Sobre Juan Emar –que en el espíritu            y en la letra se asemeja a Macedonio– se podría hacer una consideración            parecida […] se plantea ante sus lectores como el contemplador de un proceso            harto obsesivo: el de la misma escritura” (&lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt; 9-10). Ciertamente,            no es difícil hallar afinidades numerosas entre ambas textualidades, ya en            las indagaciones sobre la “metafísica de lo concreto” preconizada por Louis            Aragon, ya en un experimentalismo que lleva al lector cómplice a ver la obra            como proceso y desde dentro. En &lt;i&gt;Museo de la Novela de la Eterna&lt;/i&gt; se nos            advierte: “Éste será un libro de eminente frangollo, es decir de la máxima            descortesía en que puede incurrirse con un lector, salvo otra descortesía            mayor aún, tan usada: la del libro vacío y perfecto” (Fernández 140). En los            pasajes emarianos hallamos la misma proyección del proceso de la escritura            una y otra vez: “aquí, ruego al lector seguirme con atención. Aconteció lo            siguiente. Pero antes debo explicar lo que habría acontecido si no hubiese            acontecido lo que aconteció” (&lt;i&gt;Ayer&lt;/i&gt; 35). Particularmente patente se hace la            actitud en &lt;i&gt;Miltín&lt;/i&gt;, inclasificable sucesión de ensayos de creación que, al igual            que el Tristram &lt;i&gt;Shandy de Sterne&lt;/i&gt;&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftn5" name="_ftnref5"&gt; (5)&lt;/a&gt;, se construye como relato especular, o            como “retrato del artista” (Lizama 954). El autor –&lt;i&gt;homo ludens&lt;/i&gt;–  comienza            una y otra vez la historia de Martín Quilpué, se distrae y  vuelve a intentarlo            desde otros ángulos, en un círculo vicioso que nunca lleva a  ninguna parte,            y que será al fin roto por otro personaje, Rubén de Loa, quien  lo increpa con            furia, de algún modo interpretando los desconciertos del  probable lector: “¡Al cuerno con tu hombre Martín Quilpué! Ya lo has  hecho pasar por entre            espigas, leche, pájaros, miel, bestias, semen, pan, sudor,  flores y sangre...  ¿Qué más deseas? ¿O no vas a dejar nada sin que lo  atraviese ese hombre            majadero?” (&lt;i&gt;Miltín&lt;/i&gt; 234). Intenta igualmente comenzar otros proyectos de            escritura, y le ocurre lo mismo, hasta que se le termina el tiempo; se cumplen            los plazos establecidos y la novela acaba antes de empezar: “Así me hallaba            el buen año al llegar: solo, triste, mudo, sin haber vuelto a ver al hombre            Martín Quilpué, sin haber escrito el &lt;i&gt;Cuento de Medianoche&lt;/i&gt; y, lo que es peor,  ¡oh, Dios mío!, sin haberle encontrado un rol a Fredegunda” (Id. 241).&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;Pero tal vez más intenso sea el caso de las afinidades literarias entre Juan            Emar y Felisberto Hernández –ambos a menudo relacionados con Proust y            Kafka–, que se ramifica por vertientes muy diversas, entre las que no falta            la mencionada vocación metaliteraria, que invita al lector a la trastienda            del texto. Desde luego, abundan también en el uruguayo los ejemplos de            la literarización del proceso creador, análogos a los anotados: en Fulano de            tal presenta un “Prólogo de un libro que nunca pude empezar” (I 15); en            &lt;i&gt;Filosofía de gángster&lt;/i&gt; pide al lector: “que interrumpas la lectura de este libro            el mayor número posible de veces: tal vez, casi seguro, lo que tú pienses            en esos intervalos, sea lo mejor de este libro” (I 98); en &lt;i&gt;El taxi&lt;/i&gt; insiste en            la misma línea: “Estimado colega: sí, sí, me refiero a ti, lector, que te miro            por los ojos, agujeros, cuerpos y desde los ángulos de estas letras […] He            tomado una metáfora de alquiler y me dirijo a ‘la oficina’” (I 98-99). Cabe            recordar igualmente el &lt;i&gt;Diario del sinvergüenza&lt;/i&gt;: “Una noche el autor de            este trabajo descubre que su cuerpo, al cual llama “el sinvergüenza”, no es            de él; que su cabeza, a quien llama “ella”, lleva, además, una vida aparte”            (III 245). A esa actitud compartida se han de sumar otras muchas, como la            común recurrencia a los mecanismos de lo fantástico, el divertimento que            se desplaza de la travesura infantil al humor negro, o la desrealización, la            disgregación del individuo, las metamorfosis inquietantes o la consagración            del absurdo. Ciertamente las confluencias de ambas poéticas merecerían una            extensión mayor que la que permiten estas páginas, pero basten algunas            muestras para documentarlas.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt; Uno de los recursos preferentes que ambos  autores usan para irrumpir            en lo irreal es la ruptura de fronteras entre entidades  abstractas y concretas.            En las páginas emarianas encontramos pasajes como los que  siguen:  “no dejaba de tener su cierta gracia eso de ver un profundo  conocimiento            convertido en tres mosquitas y que una de ellas, es decir un  tercio de él,            estuviese en la sala de baño lavándose las manos” (&lt;i&gt;Ayer&lt;/i&gt; 8); “De la cabeza,            cuando marcha, le caen números al suelo” (&lt;i&gt;Miltín&lt;/i&gt; 9); “Yo iba totalmente            distraído, tan distraído que, al quedar cabeza abajo, una idea se me cayó”            (&lt;i&gt;Miltín&lt;/i&gt; 152). El paralelismo de Hernández es patente: “allí mismo empezaron            a levantarse esqueletos de pensamientos –no sé qué gusanos les habrían            comido la ternura” (II 44); “mi cabeza era como un salón donde los pensamientos            hacían gimnasia [...] cuando ella vino todos los pensamientos            saltaron por las ventanas” (II 164); “Yo creo que en todo el cuerpo habitan            pensamientos, aunque no todos vayan a la cabeza y se vistan de palabras.            Yo sé que por el cuerpo andan pensamientos descalzos” (III 33).&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt; Otro ejemplo interesante de afinidades y confluencias puede hallarse            entre &lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt; de Emar y el cuento “Muebles ‘El  Canario’”, de Hernández. El            humor absurdo, aliado con lo prodigioso y lo fantástico, puede  constatarse            en pasajes narrativos a los que el azar otorga sorprendente  simetría. En el            primer caso, el capítulo de ese “diario” dedicado a noviembre  nos presenta            a un sujeto que ha de operarse “de la oreja y del teléfono”,  porque tras conversar            con su novia, la risa despiadada de ella queda instalada en el  interior           de su oreja, e igualmente el auricular queda ahí pegado  (“Camila ríe, Camila            ríe, Camila tintinea y clava hielos y alfileres sobre mi  corazón lacerado”,           101). Sin embargo, tras la intervención quirúrgica “toda  voluptuosidad en el dolor ha desaparecido. Ahora todo retumba con  estrépito. Y para saber            a qué atenerme en este que se me antoja un caos infernal, no  me queda            más que volver a marcar el número 52061 y esperar” (103). En  el cuento            hernandiano, al protagonista le inyectan, durante un viaje en  tranvía, algo            que le producirá inquietantes efectos: en su cabeza comienza a  sonar una            transmisión de radio que no hay modo de detener, y que lo  impulsa de nuevo            a salir a la calle, desesperadamente en búsqueda de un  antídoto contra el            maleficio. No obstante, también hay divergencias entre ambas  poéticas y,            tal vez, entre ellas, cabe destacar el contraste entre el  individualismo del            uruguayo y la crítica incisiva y constante que se formula en  los textos del            chileno hacia la sociedad de su época, cuya dureza ésta no  quiso perdonar,            y que tiene como bestias negras a la burguesía, el clero y  todo lo que huela            a intolerancia y represión; como el Chaplin de &lt;i&gt;Tiempos Modernos&lt;/i&gt;, Emar            presenta al sujeto escindido, alterado, sin eje de equilibrio ni centro frente            a una cotidianidad enajenadora y alienante que lo atormenta o lo anula, y            sus imprecaciones se hacen feroces.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt; Interminablemente podría continuar el  tránsito por la red textual emariana,            su laberinto de prodigios. El diálogo fecundo que interpreta  se proyecta hacia            las voces pasadas y las venideras, que recorren juntas los  dédalos del tiempo            y sus incertidumbres. Las palabras transitan esos circuitos  siempre distintas  –como en el río de Heráclito tantas veces invocado  por Borges–, para hablar            de la asfixia del sujeto atrapado en su delirio y su soledad, y  también de ese            laberinto otro, el del consuelo hallado en la madeja literaria  –tiempo y palabra–,            donde no hay necesaria respuesta a perplejidades, dudas o  conjeturas,            pero siempre queda la invitación al viaje y al descubrimiento.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;img src="http://letras.s5.com/peru14.gif" width="42" height="21" /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;b&gt;Bibliografía&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;- Artaud, Antonin. &lt;i&gt;El teatro y su doble&lt;/i&gt;. Barcelona: EDHASA, 1978.&lt;br /&gt;          - Baudelaire, Charles. &lt;i&gt;Mi corazón al desnudo&lt;/i&gt;. Madrid: Felmar, 1975.&lt;br /&gt;          - Blake, William. &lt;i&gt;Poesía completa&lt;/i&gt;. vol. 2. Barcelona: Ediciones 29, 1985.&lt;br /&gt;          - Breton, André. &lt;i&gt;Manifiestos del surrealismo&lt;/i&gt;. Madrid: Guadarrama, 1974.&lt;br /&gt;          - Canseco-Jerez, Alejandro. “Juan Emar arquitecto de la prosa. Elementos            de poética y recepción”. &lt;i&gt;Revista Chilena de Literatura&lt;/i&gt; 39 (1992):           23-36.&lt;br /&gt;          ____________&lt;i&gt;La vanguardia chilena: Santiago-París&lt;/i&gt;. París: ACJB Editions, 2001.&lt;br /&gt;          - Darío, Rubén. &lt;i&gt;Los raros&lt;/i&gt;. Madrid: Biblioteca Rubén Darío, 1929.&lt;br /&gt;          - Durozoi, G. y B. Lecherbonnier. &lt;i&gt;El surrealismo&lt;/i&gt;. Madrid: Guadarrama,           1974.&lt;br /&gt;          - Emar, Juan. &lt;i&gt;Miltín&lt;/i&gt; 1934. Santiago de Chile: Zig-Zag, 1935.&lt;br /&gt;          ___________ &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt;. Cuatro &lt;i&gt;animales, tres mujeres, dos sitios, un vicio&lt;/i&gt;. Santiago:            Universitaria, 1971.&lt;br /&gt;          ___________ &lt;i&gt;Ayer&lt;/i&gt;. Santiago de Chile: Zig-Zag, 1985.&lt;br /&gt;          ___________ &lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt;. Santiago de Chile: Sudamericana, 1996.&lt;br /&gt;          - Fernández, Macedonio. &lt;i&gt;Museo de la Novela de la Eterna&lt;/i&gt;. Madrid: Cátedra,            1995.&lt;br /&gt;          - Hernández, Felisberto. &lt;i&gt;Obras completas&lt;/i&gt;, 3 vols. México: Siglo XXI, 1983.&lt;br /&gt;          - Lautréamont. &lt;i&gt;Los cantos de Maldoror y otros textos&lt;/i&gt;. Barcelona: Barral,           1970.&lt;br /&gt;          - Lizama, Patricio. “Jean Emar / Juan Emar: la vanguardia en Chile”. &lt;i&gt;Revista            Iberoamericana &lt;/i&gt;60, 168-169. (1994): 945-959.&lt;br /&gt;          - Neruda, Pablo. “J.E”, en Emar (1971): 9-10.&lt;br /&gt;          ___________ &lt;i&gt;Obras completas&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Losada, 1973.&lt;br /&gt;          - Paz, Octavio. &lt;i&gt;Los hijos del limo&lt;/i&gt;. Barcelona: Seix Barral, 1987.&lt;br /&gt;          - Rimbaud, Arthur. &lt;i&gt;Una temporada en el infierno&lt;/i&gt;. Madrid: Visor, 1979.&lt;br /&gt;          - Sterne, Laurence. &lt;i&gt;Vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero&lt;/i&gt;. Barcelona:            Planeta, 1976.&lt;br /&gt;          - Varela, Juan. &lt;i&gt;El pájaro verde&lt;/i&gt;. Barcelona: La Gaya Ciencia, 1973.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;b&gt;Notas&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt; &lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftnref1" name="_ftn1"&gt; (1) &lt;/a&gt;  De raigambre ducassiana es igualmente el siguiente pasaje de &lt;i&gt;Miltín&lt;/i&gt;: “La lluvia se desplomaba            fuera del matorral, fría, fina y aceitosa y en el sexo una arañita tejía su aceite y            su veneno. Yo dormía al costado de la lluvia, dormía fragancias de matorral y soñaba que            muchas lágrimas sin color se enredaban en el aceite de la tela mientras la arañita tejía y            tejía con la lluvia fina y fría y con mi cuerpo en su veneno. Me agazapé entonces bajo la            carótida derecha y esperé, o que la lluvia cesara o que el sexo, maduro, se desprendiera y            al caer salpicara de lodo las hojas húmedas del matorral. La arañita sigilosa aprovechó todo            eso para picar. Y picó. En la carótida, se entiende. No es justamente así. Digamos mejor:            llueve la arañita envolviéndola aceitosa el alma tan grande mía. ¿Será así?” (12).&lt;br /&gt;         &lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftnref2" name="_ftn2"&gt; (2) &lt;/a&gt;  “[...] querido Satanás, te conjuro [...] tú que amas en el escritor la falta de facultades            descriptivas o instructivas, arranca estas pocas páginas de mi carnet de condenado” (Rimbaud,            &lt;i&gt;Una temporada en el infierno&lt;/i&gt; 48).&lt;br /&gt;         &lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftnref3" name="_ftn3"&gt; (3) &lt;/a&gt;   “Quiero ser poeta, y trabajo para volverme vidente: se trata de llegar  a lo desconocido a            través del desbarajuste de todos los sentidos. Los  sufrimientos son enormes pero hay que resistir, hay que haber nacido  poeta, y me he reconocido poeta. No es totalmente culpa            mía. Es una falsedad decir: pienso. Habría que decir: Me  piensan [...] Yo es otro” (carta de            Rimbaud, de 1871, cit. por Durozoi y Lecherbonier 22).&lt;br /&gt;        &lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftnref4" name="_ftn4"&gt; (4) &lt;/a&gt;   “La casa de Huidobro (Rue Victor Massé), y la casa de Pilo Yáñez (Boulevard Raspail)            son espacios sociales que se emparentan con lo que antaño se denominaba ‘salones literarios’,            lugares generosamente calefaccionados donde literatura y arte se reconcilian con el            confort y la buena mesa. Los chilenos han tejido estrechos lazos de amistad con Guillaume            Apollinaire, Max Jacob, Jean Cocteau, Juan Gris, Pablo Picasso, Hans Arp, Jacques Lipschitz,            Tristan Tzara y André Breton” (Canseco-Jerez 2001 58-59).&lt;br /&gt;          &lt;a class="mceItemAnchor" href="http://letras.s5.com/je110311.html#_ftnref5" name="_ftn5"&gt; (5) &lt;/a&gt; El autor irlandés bromeaba igualmente con su lector cómplice: “me siento no poco orgulloso            de que hasta ahora el lector no haya conseguido adivinar nada de lo que le proponía.            Y con esto, caballero, me siento tan contento que si pensara que fuerais capaz de formaros            un juicio o una probable conjetura de lo que va a venir en la página siguiente, rompería            este libro en mil pedazos” (Sterne 79).        &lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-3818009771661923592?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/3818009771661923592/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/04/juan-emar-la-escritura-como-patria.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/3818009771661923592'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/3818009771661923592'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/04/juan-emar-la-escritura-como-patria.html' title='Juan Emar: La escritura como patria. Entresijos de una poética dialógica'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-2325386457821594285</id><published>2011-03-18T14:45:00.001-03:00</published><updated>2011-03-18T14:50:40.441-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='miltín'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Adaptación de Juan Emar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noticias sobre Juan Emar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diez'/><title type='text'>Pehuén editores presenta Miltín  de Juan Emar en edición ilustrada</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="border: 0pt none; margin: 4px;" alt="9789561605107.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/9789561605107.jpg?v=1300469707351" width="435" height="334" /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Estilo2"&gt;Miltín 1934&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                         Juan Emar; ilustraciones: Daniel Blanco P. &lt;/b&gt;                       &lt;b&gt;&lt;a href="http://www.pehueneditores.com/catalogointernet/product_info.php?cPath=24&amp;amp;products_id=116" target="_blank"&gt;&lt;span class="Estilo1"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;ISBN: 9789561605107&lt;br /&gt;20 x 26 cm (tapa dura) / 32 pp&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                  Cuento que narra la historia de Miltín -cacique   mapuche- y la derrota de su pueblo a manos de Pedro de Valdivia y sus  huestes.  A orillas del estero Puangue y en la cumbre del cerro homónimo  al cacique, es  donde ocurre esta inusitada parodia. El texto, escrito  hace más de 70 años,  mantiene con asombrosa vigencia su carácter de  vanguardista. Juan Emar mezcla y  enfrenta con audacia los imaginarios  surgidos del encuentro de dos pueblos y de  una guerra que se extiende  siglo tras siglo hasta el día de hoy, de la cual el  pueblo mapuche, al  igual como ocurre en el cuento, saca la peor de las partes.  Tal vez el  desconsolado llanto de Miltín, interpretado por el pueblo cristiano   como una señal de clarividencia, no era por causa de las tragedias que a  ellos  sucederían, sino más bien por las que caerían sobre su propio  pueblo: jamás  derribado, pero perseguido y vapuleado.&lt;br /&gt;                  &lt;a href="http://www.pehuen.cl/LIBROS%20PDF/pinguino/MILTIN_INTERIOR_PREVIEW.pdf" target="_blank"&gt;&lt;br /&gt;                  Ver Páginas en PDF&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                  &lt;span class="style87"&gt;PDF preview&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Más información en:&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;a target="_blank" href="http://www.pehuen.cl/"&gt;http://www.pehuen.cl&lt;/a&gt;&lt;a target="_blank" href="http://pehuen.cl/Catalogo/pinguino.html"&gt;&lt;br /&gt;http://pehuen.cl/Catalogo/pinguino.html&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target="_blank" href="http://www.flickr.com/photos/behemot"&gt;http://www.flickr.com/photos/behemot&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Para  los interesados en la obra de Juan Emar y la relación comic /  literatura, o literatura ilustrada, Cinosargo los invita a visitar su  proyecto N&lt;b&gt;&lt;i&gt;ómada, Antología gráfica del cuento Chileno &lt;/i&gt;&lt;/b&gt;en la cual se adaptó el cuento Unicornio, del libro Diez de Juan Emar. Más información en &lt;a target="_blank" href="http://www.cinosargo.com/2011/03/segunda-muestra-de-nomada-cinosargo.html"&gt;www.cinosargo.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;a target="_blank" href="http://www.cinosargo.com/2011/03/segunda-muestra-de-nomada-cinosargo.html"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="63549_167214063315466_162387203798152_277942_4319128_n.jpg" src="http://bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/63549_167214063315466_162387203798152_277942_4319128_n.jpg?v=1297824449501" width="410" height="634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;a target="_blank" href="http://www.cinosargo.com/2011/03/segunda-muestra-de-nomada-cinosargo.html"&gt;&lt;img style="border: 0pt none; margin: 4px;" alt="15-2-2011_21.2.52_1.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/15-2-2011_21.2.52_1.jpg?v=1297824342129" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Segunda Muestra de Nómada (Cinosargo 2011) El Unicornio de Juan Emar.&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Dibujos de Esteban Morales. (FIDEO)&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="15-2-2011_21.2.5_2.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/15-2-2011_21.2.5_2.jpg?v=1297824493217" /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-2325386457821594285?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/2325386457821594285/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/03/pehuen-editores-presenta-miltin-de-juan.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/2325386457821594285'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/2325386457821594285'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/03/pehuen-editores-presenta-miltin-de-juan.html' title='Pehuén editores presenta Miltín  de Juan Emar en edición ilustrada'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-2666667460244908464</id><published>2011-02-15T23:50:00.000-03:00</published><updated>2011-02-15T23:51:22.363-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos de Juan Emar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Adaptación de Juan Emar'/><title type='text'>Segunda Muestra de Nómada (Cinosargo 2011) El Unicornio de Juan Emar.</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="63549_167214063315466_162387203798152_277942_4319128_n.jpg" src="http://bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/63549_167214063315466_162387203798152_277942_4319128_n.jpg?v=1297824449501" width="410" height="634" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="border: 0pt none; margin: 4px;" alt="15-2-2011_21.2.52_1.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/15-2-2011_21.2.52_1.jpg?v=1297824342129" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Segunda Muestra de Nómada (Cinosargo 2011) El Unicornio de Juan Emar.&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Dibujos de Esteban Morales. (FIDEO)&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="15-2-2011_21.2.5_2.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/15-2-2011_21.2.5_2.jpg?v=1297824493217" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="15-2-2011_21.2.16_3.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/15-2-2011_21.2.16_3.jpg?v=1297824513503" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="15-2-2011_21.2.27_4.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/15-2-2011_21.2.27_4.jpg?v=1297824572292" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-2666667460244908464?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/2666667460244908464/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/02/segunda-muestra-de-nomada-cinosargo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/2666667460244908464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/2666667460244908464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/02/segunda-muestra-de-nomada-cinosargo.html' title='Segunda Muestra de Nómada (Cinosargo 2011) El Unicornio de Juan Emar.'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-8886701161831915692</id><published>2011-02-07T09:27:00.000-03:00</published><updated>2011-02-07T09:28:02.452-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noticias sobre Juan Emar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='libros de Juan Emar'/><title type='text'>Sobra el tiempo [Reedición de Diez de Juan Emar]</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="je060211.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/je060211.jpg?v=1297081664611" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="Estilo12" align="center"&gt;Sobra el tiempo&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span class="Estilo20"&gt;Por Damián Tabarovsky&lt;br /&gt;            &lt;/span&gt;&lt;span class="Estilo21"&gt;&lt;a href="http://www.perfil.com/contenidos/2011/02/05/noticia_0028.html"&gt;http://www.perfil.com/&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Estilo20"&gt;&lt;br /&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;No me gusta el género “de próxima aparición”  en la solapa de los libros. Me   parece que envejece demasiado pronto y  deja el volumen en una especie de   ansiedad por un futuro que  rápidamente se cumple: a los pocos meses, la   aparición “próxima” se  hizo realidad, y el libro carga con un anacronismo por   décadas. Quizá  tenga que ver con que, para mí, a diferencia de los editores    tradicionales, el libro tiene una segunda vida mucho más larga que los  tres   meses de la mesa de novedades: la librería de viejos (¡en  realidad ésa es su   primera vida, lo anterior no tiene demasiada  importancia!). Ningún autor debe   aspirar a ver su libro saldado, pero  todo buen escritor debería desear   encontrar, años después, su libro en  una buena librería de viejos. Podría   decirse que ése es mi criterio  de éxito literario: ni la fama ni los premios ni   las críticas ni ser  traducido ni publicar en España, ni mucho menos ser   convocado para  escribir una columna dominical en un diario. No. Nada de eso. Tan   sólo  aspirar a la eternidad transitoria de un anaquel en una buena librería  de   viejos, a un precio razonable, si es posible.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;En cambio, me gusta mucho el “de próxima  aparición” en las páginas web de las   editoriales. En la web, el cambio  permanente es la rutina y entonces la frase   convoca a un optimismo, a  una fe en los libros por venir, que se me vuelve   enternecedor. Si hay  una editorial optimista en Buenos Aires es &lt;a href="http://www.mansalva.com.ar/"&gt;Mansalva&lt;/a&gt;.  En la   sección Próximos Títulos de su sitio, aparecen… ¡quince libros!  Es cierto que   los dos primeros –uno de Catón y otro de Inés Acevedo–  ya se han publicado, pero   no lo tomo como un error, sino como una  muestra de doble optimismo (¡serán   reeditados próximamente!). En el  puesto catorce aparece &lt;i&gt;La casa de cartón&lt;/i&gt;, de   Martín Adán, de  1928, uno de los más grandes textos de la vanguardia peruana; o   mejor  dicho, del español en general. Dentro del catálogo de Mansalva, podría    decirse que viene a hacer sistema con &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt;, de Juan Emar, cuya  edición original   en Chile es de 1938, y que Mansalva editó aquí a  mediados del año pasado con un   prólogo de César Aira que retoma, con  algunos sutiles cambios, parte de lo que   ya había escrito en su&lt;i&gt; Diccionario de autores latinoamericanos&lt;/i&gt;.  Darle el prólogo   a Aira es un acto de justicia: somos muchos los que  conocimos a Emar gracias a   él. No deja de ser bastante impresionante  la forma en la que Aira lee la   literatura del siglo XX, al punto de  influenciar la opinión de críticos   latinoamericanos sobre escritores  de sus propios países. Recuerdo ahora al menos   dos casos: El del &lt;i&gt;Diccionario crítico de la literatura mexicana&lt;/i&gt;,  del siempre   agudo Christopher Domínguez Michael, que en su entrada  sobre Elena Garro se   apoya en lo escrito por Aira en su propio &lt;i&gt;Diccionario…&lt;/i&gt; y el reciente &lt;i&gt;No leer&lt;/i&gt;,    compilación de ensayos del escritor chileno Alejandro Zambra, que en  su análisis   de la obra de Adolfo Couve retoma lo escrito por Aira en  un ensayo anterior.   Pero volvamos a Mansalva y a Emar: si en su  prólogo Aira lucha por sacarlo de la   influencia de Neruda, quien,  obviamente mucho antes, había prologado el mismo   libro (en su entrada  del &lt;i&gt;Diccionario…&lt;/i&gt; va aún más lejos y lo aleja de Neruda para   acercarlo a Raymond Roussel) es porque &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt;  amerita ser leído como una anomalía,   como un recorrido apartado del  carril central de la literatura chilena. Emar no   pertenece a la  categoría de “raro”, tal como la definió Rubén Darío, ni mucho   menos a  la de “excéntrico”, tan cercana al dandismo. Su literatura es otra  cosa,   se asemeja al despilfarro, al puro gasto, a la dilapidación del  sentido.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;Me temo que ya casi no tengo espacio para avanzar sobre &lt;i&gt;La casa de cartón&lt;/i&gt;,  de   Adán. Quizá no sea necesario hacerlo ahora, puedo esperar a que  Mansalva lo   publique. Si hay algo que sobra en la literatura, es el  tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-8886701161831915692?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/8886701161831915692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/02/sobra-el-tiempo-reedicion-de-diez-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/8886701161831915692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/8886701161831915692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2011/02/sobra-el-tiempo-reedicion-de-diez-de.html' title='Sobra el tiempo [Reedición de Diez de Juan Emar]'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-3313402072043501736</id><published>2010-09-17T12:34:00.000-04:00</published><updated>2010-09-17T12:42:31.731-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Arte de Juan Emar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noticias sobre Juan Emar'/><title type='text'>Artextos: Galerie d'art Juan Emar (Pinturas de Juan Emar)</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;a target="_blank" href="http://www.artextos.com/pages/galerie_emar.php"&gt;&lt;img style="border: 0pt none; margin: 4px;" alt="Dibujokkkkoko.JPG" src="http://www.cinosargo.bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/Dibujokkkkoko.JPG?v=1284741386584" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;ROCAS CONVERSANDO.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;CLICK EN LA IMAGEN O EN LINK FUENTE PARA VER OTRAS PINTURAS DE JUAN EMAR. - VISITE: &lt;a target="_blank" href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;http://juanemarumbral.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="red"&gt;Galerie d'art Juan Emar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;br /&gt;Découvrez chaque semaine des oeuvres inédites de l'artiste&lt;/span&gt;         &lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;©Tous droits réservés. Reproduction interdite sans autorisation des ayants droit.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-size: 80%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;Fuente: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;a target="_blank" href="http://www.artextos.com/pages/galerie_emar.php"&gt;http://www.artextos.com/pages/galerie_emar.php&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 80%;"&gt;&lt;a target="_blank" href="http://www.artextos.com/pages/galerie_emar.php"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size: 80%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-3313402072043501736?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/3313402072043501736/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/09/artextos-galerie-dart-juan-emar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/3313402072043501736'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/3313402072043501736'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/09/artextos-galerie-dart-juan-emar.html' title='Artextos: Galerie d&apos;art Juan Emar (Pinturas de Juan Emar)'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-4629508398537000148</id><published>2010-08-09T11:09:00.001-04:00</published><updated>2010-08-09T11:28:05.069-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Emar en la orilla con sed [por Leonardo Valencia]</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;" mce_style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" mce_style="border: 0; margin: 4px;" alt="je080810.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/je080810.jpg?v=1281365762731" mce_src="/media/users/1/87598/images/public/9531/je080810.jpg?v=1281365762731" /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Emar en la orilla con sed&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;          &lt;span class="Estilo20"&gt;Leonardo Valencia&lt;br /&gt;          &lt;/span&gt;&lt;span class="Estilo21"&gt;Babelia, 7 de Agosto de 2010&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Estilo12"&gt;&lt;br /&gt;        &lt;/span&gt;El escritor chileno Juan Emar cuenta en una nota a pie de página de &lt;i&gt;Un   año&lt;/i&gt;  cómo aceptó una sugerencia de Vicente Huidobro. Era 1935, año prolífico    y fatal para Emar, porque publicó tres libros al mismo tiempo y  empezó a ser   incomprendido en Chile. Dos años después fue más  incomprendido cuando publicó un   libro de cuentos, &lt;i&gt;Diez,&lt;/i&gt; que  por sí sólo justifica una literatura. Luego   no publicó nada más.  Cuando murió en 1964, tras veinte años de silencio, la   incomprensión  ya fue total. No sé si fue afortunado que Pablo Neruda dijera que   Emar  era el Franz Kafka chileno, José Miguel Ibáñez que el Marcel Proust    chileno, y César Aira que el Raymond Roussel chileno. Compararlo con  tantos   grandes a cualquiera le da, por lo menos, una desconfianza  chiquita. Lo cierto   es que Emar no publicó más libros durante sus  últimos años, pero escribió mucho,   tanto que completó una novela de  cinco mil quinientas páginas (de ahí lo del   Proust chileno) que se  titula &lt;i&gt;Umbral &lt;/i&gt;y que fue publicada en su país en   una edición que ha circulado poco.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;Para compensar lo inhallable y lo disperso,  hay una buena antología de la   obra de Emar realizada por Pablo  Brodsky. Aunque no creo que &lt;i&gt;Umbral&lt;/i&gt; se   llegue a publicar en España durante un buen tiempo, por lo menos ha salido &lt;i&gt;Un   año&lt;/i&gt;  con editorial Barataria, en una nueva colección cuyo nombre, Humo hacia    el Sur, apunta a sacudir cenizas y recuperar rescoldos de la  vanguardia   latinoamericana. En &lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt; Emar desmonta con un  falso y simétrico diario   cualquier certeza sobre las convenciones de  los géneros literarios; refiere cómo   los personajes resbalan de los  libros que lee, aunque luego se corporizan;   describe cómo las letras  se desparraman de un periódico a manera de migajas,   sustancia  pulverulenta del mundo que decía Italo Calvino como atributo de la    levedad; hacen relatos visionarios y explora procedimientos de escritura  (de ahí   lo del Roussel chileno). A fin de cuentas, &lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt; es el diario de una   escritura más que la escritura de un diario.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;Emar busca escapar de las frases dormidas del  lenguaje a la búsqueda de un   sendero extraviado para expresarse de  una manera que trastoque las referencias   simplemente eficaces. Por ese  sendero iban autores de la estela de Emar, como   Humberto Salvador,  Lascano Tegui, Pablo Palacio, Martín Adán, Macedonio   Fernández y  tantos más que, finalmente, están siendo editados y reeditados en    España por editoriales como Barataria, Escalera o Impedimenta. El mérito  de   Barataria con el rescate de Emar y sus coetáneos es que perfila  una colección   dedicada no sólo a apostar por un prometedor autor  latinoamericano, o un   desconocido autor latinoamericano, sino por un &lt;i&gt;olvidado&lt;/i&gt; autor   latinoamericano. Para más señas: olvidados y &lt;i&gt;raros&lt;/i&gt;  porque no parecen   latinoamericanos al uso, es decir, latinoamericanos  profesionales. Pero la   rareza es el recinto donde baila el diablo,  porque estos libros raros entran, y   estos mismos libros, en  consecuencia, se arrinconan, precisamente por su peaje   de ingreso.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;Al menos algún lector tomará al &lt;i&gt;raro,&lt;/i&gt;  lo leerá y abrirá la boca   perplejo por lo que está leyendo. La  ventaja al quedarse boquiabierto es que   recibirá una bocanada de aire  fresco, pero como lo raro queda como lo   excepcional, el lector ha de  volver a cerrar la boca en medio de tanta   normalidad y corrección.  Quizá convenga leer a Emar no sólo por lo que escribió,   que es  superior, sino por lo que supo escuchar. Concretamente a Huidobro, es    decir, a un poeta.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;Eso les iba a decir desde el comienzo de este  artículo, pero me fui. Juan   Emar cuenta en una nota a pie de las  primeras páginas de &lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt; la   corrección que le propuso Vicente Huidobro. Donde Emar había escrito "una   sonrisa estereotipada", el autor de &lt;i&gt;Altazor &lt;/i&gt;le advierte: "No pongas tal   cosa. Es la frase fatal de cuantos se sienten literatos. Pon..., pon...,   espera&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;..., pon una &lt;i&gt;sonrisa de alambre".&lt;/i&gt; El  acierto de Emar consiste en que   el prosista aceptó la sugerencia del  poeta. Esta es la grandeza de las   vanguardias: escuchan al otro, al  que trabaja en el taller de al lado, forjando   otras formas con otros  materiales pero buscando el mismo rango de excepción. Me   quedo corto  si sólo hablo de la escucha de Emar, porque la grandeza de la prosa    latinoamericana es que sus mejores novelistas, además de escuchar a los  poetas,   los miraron de frente -García Márquez a Darío, Lezama a  Góngora, Fernando   Vallejo a Barba Jacob, Bolaño a Lihn y también a  Bolaño- y que Onetti resumió   por todos y se anticipó, como siempre,  cuando dijo: "Me siento bien ante los   grandes poetas".&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;Hacia 1914, veinte años antes de corregir a Emar, Huidobro había escrito el   manifiesto &lt;i&gt;Non Serviam&lt;/i&gt;,  en el que declaraba su resistencia a reproducir o   imitar la  naturaleza. No te serviré, le dijo a la Naturaleza, "mis árboles son    los míos y no los tuyos y no tienen por qué parecerse". Sólo los  llamados raros   lo escucharon y el resto más bien se preocupó por hacer  novelas repletas de   descripciones de árboles y arbolitos y hasta  arbustos latinoamericanos, todo   para alimentar de papel a la máquina  editorial e irritar al mismísimo César   Vallejo, que estaba harto de  que en Europa se hablara tanto y tan alto y tan   tremendo de América  Latina y tan poquito de escritura.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;Como ocurre con las vanguardias, en la obra  de Emar la belleza es de alambre,   hay mucho inacabado y el lector se  quedará como Tucholsky frente a las obras de   Kafka pidiendo a gritos  una luz para entrar en lo incomprensible. El asunto es   que esos  vanguardistas señalaron otras rutas a algunos escritores que más bien    muy tarde que temprano publican o son reconocidos en la orilla española  de la   lengua, la que tiene sed. Ya que estamos y que entró Emar y para  que la orilla   siga sedienta y para volver a irme pregunto: ¿cuándo  llegarán las botellas   perdidas de los libros de Héctor Libertella? -&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;           &lt;!-- ************* Tabla **************** --&gt;           &lt;!-- ************* Fin Tabla **************** --&gt;           &lt;!-- ************* Despiece **************** --&gt;           &lt;!-- ************* Fin Despiece **************** --&gt;           &lt;!-- TITLE --&gt;           &lt;!-- /TITLE --&gt;           &lt;!-- ROWS --&gt;           &lt;!-- /ROWS --&gt;           &lt;!-- ROW --&gt;           &lt;!-- /ROW --&gt;           &lt;!-- google_ad_section_end() --&gt;           &lt;!-- ***** Fin Cuerpo ***** --&gt;           &lt;!-- ***** Pie de p&amp;aacute;gina ***** --&gt;         &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Leonardo Valencia&lt;/b&gt; (Ecuador, 1969) ha publicado &lt;i&gt;El libro flotante de   Caytran Dölphin &lt;/i&gt;y Kazbek, ambas en Editorial Funambulista. Es editor de la   revista breve &lt;a href="http://www.comunidadinconfesable.com/" mce_href="http://www.comunidadinconfesable.com/"&gt;www.comunidadinconfesable.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-4629508398537000148?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/4629508398537000148/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/08/emar-en-la-orilla-con-sed-por-leonardo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/4629508398537000148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/4629508398537000148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/08/emar-en-la-orilla-con-sed-por-leonardo.html' title='Emar en la orilla con sed [por Leonardo Valencia]'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-8276349230676679868</id><published>2010-08-03T08:55:00.001-04:00</published><updated>2010-08-03T08:57:14.886-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Paseos con Robert Walser y Juan Emar  Marcela Labraña</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/TFgSBZgFAaI/AAAAAAAABoo/anhx6pJYODI/s1600/ml0208101.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 270px; height: 370px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/TFgSBZgFAaI/AAAAAAAABoo/anhx6pJYODI/s400/ml0208101.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5501166760067662242" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Paseos con Robert Walser y Juan Emar&lt;/span&gt;                        &lt;span style="font-weight: bold;" class="Estilo20"&gt;Marcela Labraña&lt;/span&gt;            &lt;span class="Estilo22"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Universidad Diego   Portales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.sibila.com.br/index.php/estado-critico/1196-paseos-con-robert-walser-y-juan-emar"&gt;          http://www.sibila.com.br/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;         &lt;/span&gt;         &lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;           Comenzaré esta marcha tras los pasos de Juan Emar y   Robert Walser visitando una pasaje de &lt;em&gt;El anillo de Clarisse&lt;/em&gt;, en el que   Claudio Magris plantea:&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;la historia   literaria de estos años se  halla marcada ante todo por los libros que han sido   redescubiertos y  recuperados a modo de voces que responden a nuestras preguntas:   los  narradores de nuestro tiempo son Robert Walser o Musil, publicados de  nuevo   medio siglo más tarde y no los autores que se asoman a las  crónicas de la   temporada. El destino de los dos últimos decenios lo  encontramos escrito en   muchas obras de fines de siglo o de los años  treinta. (1993: 430)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; Al igual que Walser, el chileno Juan Emar también forma parte de este   presente literario que construimos rescatando del archivo  del olvido aquellas   palabras en las que nuestra imaginación encuentra  eco y morada. La vida del   escritor suizo Robert Walser (1878-1956) es  la historia esquiva de una   desaparición. Entre los años 1904 y 1925,  antes de sucumbir a una enfermedad   mental hereditaria, Walser se  dedicó a escribir profusamente. Publicó quince   libros, entre los que  se cuentan &lt;em&gt;Los hermanos Tanner, Jakob von Gunten &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;La rosa&lt;/em&gt;.  El 25 de diciembre de 1956, después de comer con los   otros pacientes  del sanatorio mental en el que pasó los últimos años de su vida,    Robert Walser salió a dar un paseo. Enrique Vila-Matas, en un episodio  de &lt;em&gt;El   mal de Montano&lt;/em&gt;, describe esta caminata de Walser por la nieve:&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Desde la cumbre se   disfrutaba una gran  vista sobre las montañas de Alpstein. La hora era   tranquilizadora, era  el mediodía, y fuera había nieve, nieve pura hasta donde   alcanzaba la  vista. El caminante solitario se puso en marcha, comenzó a aspirar   a  pleno pulmón el claro aire invernal. Dejó atrás el sanatorio de Herisau.  (…)   Dos niños le encontraron tumbado y muerto en la nieve, extasiado  eternamente   ante el invierno suizo. (2002: 285)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; Vila-Matas termina de trazar ésta, su propia  huella sobre la senda   invernal del escritor suizo con las siguientes  palabras: “Walser o el arte de   desaparecer en Navidad, de saber  abandonar en fecha tan sentimental el cuarto de   los escritos, de los  espíritus” (286). Alude, así al párrafo inaugural de &lt;em&gt;El   paseo&lt;/em&gt;  (publicado originalmente en 1917), uno de sus libros más conocidos:    “Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, como  me vino   en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza,  abandoné el cuarto de   los escritos o de los espíritus, y bajé la  escalera para salir a buen paso a la   calle” (1997: 9). Creo que  incluso en un fragmento tan breve como éste es   posible percibir su  peculiar manera de contar las cosas, estilo que el propio   narrador del  texto comenta: “no podrá extrañar que diga que escribo todas estas,    espero, elegantes y pulidas líneas con pluma de Tribunal Supremo. De ahí  la   brevedad, precisión y agudeza lingüísticas que pueden percibirse  en algunos   pasajes” (29-30). Ahora bien, esta clase de reflexiones  sobre la naturaleza de   la escritura interrumpe en reiteradas ocasiones  el curso de la historia. Hacia   el final del libro, por ejemplo, el  narrador cuenta que un campesino ha   derribado un nogal, acción que a  su juicio merece un castigo ejemplar: nada más   y nada menos que mil  latigazos y la expulsión de la comunidad. Inmediatamente   después,  cuestiona su propio discurso, manifestando una especial preocupación    por la pertinencia del léxico empleado:&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Quizá he ido   demasiado lejos en lo que  respecta al árbol, la codicia, el campesino, el   transporte a Siberia y  los azotes que al parecer el campesino merece por   derribar el árbol, y  he de confesar que me he dejado arrastrar por la ira. (…)   Yo mismo  repruebo la expresión ‘cretino’. Desapruebo tan fea palabra y ruego al    lector que me perdone. (62-3)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; Es probable que a los lectores de Juan Emar  les resulte familiar este   tipo de composición en que un narrador en  primera persona da cuenta del   acontecer de manera escueta y objetiva,  no se inmuta ante la naturaleza absurda   o asombrosa de lo narrado pero  sí se preocupa por la forma, el modo en que los   hechos han sido  relatados. Así, por ejemplo, en el capítulo de &lt;em&gt;Un año&lt;/em&gt; dedicado a  las peripecias del 1º de abril, el narrador-personaje comenta la    inconveniencia de una palabra. En el cuerpo del texto describe el  aspecto de los   cosacos que ve pasar por la calle y señala que cada uno  de ellos tiene “una   sonrisa de alambre” (1996a: 30). En una nota a  pie de página da cuenta de la   génesis de esta expresión: “En mi  original había escrito ‘una sonrisa   estereotipada’. Lo leyó Vicente  Huidobro. Me dijo: -No pongas tal cosa. Es la   frase fatal de cuantos  se sienten literatos... Pon..., pon..., espera..., pon   ‘una sonrisa de  alambre’. ¡Eso es!” (30). En el episodio del 1º de enero también    aparece una reflexión de este tipo. El protagonista cuenta en su diario  que ese   día cuando empezaba a subir hacia la cumbre de  una torre a la altura del   vigésimonono peldaño, dio un trastabillón  “(¡qué linda palabra!)” (18), comenta.   Estas cavilaciones dibujan la  figura de un narrador que, como Pedro Lastra   señala respecto de  Eduardo Anguita (cuando lo compara con Emar), “no sólo   observa su  proceso de escribir y reflexiona al pasar sobre una determinada    palabra, sino que levanta de pronto la vista de la página, por así  decirlo, para   enfrentar y contradecir al lector convertido súbitamente  en un interlocutor   directo” (1994: 20). Mediante estas reflexiones  sobre la textura de lo escrito,   todos los elementos del andamiaje  oculto de la narración emergen a la   superficie. Es así como el  narrador no sólo toma conciencia de sí, de su papel   en el proceso de  la escritura, sino que además ilumina la presencia del lector.   Cierto  es que cada texto inventa su lector, pero en el caso de autores como    Walser y Emar esta figura emerge de manera explícita. El  narrador-personaje de &lt;em&gt;El paseo&lt;/em&gt; de Robert Walser concluye el análisis de su propio relato de   la caída del árbol señalando que:&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Como ya he tenido   que disculparme varias  veces, he alcanzado cierta práctica en la cortés    petición-de-disculpas. (…) ¿No es encantador cómo corrijo los errores y  allano   las faltas? Al hacer concesiones, demuestro ser pacífico. (…)  Quizá nunca un   autor haya pensado en el lector, de manera constante,  tan tierna y gentilmente   como yo. (64)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; Con un sesgo de ironía, medita aquí sobre su  actitud deferente hacia   el lector, preocupación que a mi juicio  encubre su real intención:desnudar el   artificio de la narración  meditando en voz alta sobre la naturaleza de la   creación literaria.  Juan Emar también suele plasmar en su escritura esta   preocupación  constante por lo que el lector pueda opinar o entender. Aún más, en   no  pocas ocasiones Emar intenta acotar, precisar la imagen del narratario.  El   caso más claro es &lt;em&gt;Umbral&lt;/em&gt;, que puede ser considerada como una gran   epístola dirigida a Guni Pirque, uno de sus personajes.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         Por otra parte,   tanto en &lt;em&gt;El paseo&lt;/em&gt; como en &lt;em&gt;Un año&lt;/em&gt;,  la figura del narrador   tiende a confundirse con la del autor, ya que  en ambos textos el protagonista es   un escritor que relata su historia  en primera persona. En el caso del libro de   Walser, en el ya citado  primer párrafo (“Declaro que una hermosa mañana…”), el   protagonista al  salir a pasear abandona un lugar particular de su casa: “el   cuarto de  los escritos o de los espíritus”, interesante imagen que Walser    utiliza para referirse al escritorio del protagonista, al lugar en el  que emanan   las historias. En &lt;em&gt;Un año&lt;/em&gt; de Juan Emar la  identificación es más sutil ya   que se marca principalmente a través de  los pasajes metaliterarios, es decir, en   las notas a pie de página y  en el último episodio del libro, que dan cuenta del   control textual  que este narrador-escritor siente la necesidad de   ejercer.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         Regreso al texto del escritor suizo para revisar un pasaje que    aborda otro aspecto de este asunto: el éxito o fracaso de una carrera  literaria.   “He escrito libros”, nos cuenta el narrador, “que por  desgracia no han gustado   al público y las consecuencias de ello son  angustiosas. (…) El vivo interés por   las bellas letras se da de manera  en extremo escasa, y la crítica implacable que   todo el mundo cree  poder ejercer y cultivar sobre nuestra obra constituye otra   fuerte  causa de daño y frena (…) la realización de cualquier bienestar” (51).    Esta situación ciertamente se aproxima bastante a la recepción real de  la obra   de Walser por parte de sus contemporáneos. En cuanto a Emar,  quizás a estas   alturas resulta incluso un tanto majadero insistir en  que su obra fue víctima de   la incomprensión del público y de la  crítica de su época. En una carta que le   escribió a su hija Carmen el  28 de junio de 1957, Emar señala: “Yo sigo   escribiendo mucho: voy en  mi libro ‘Umbral’ en la pag. 2.407 y tengo todavía   para otras tantas  páginas. No pienso publicar mientras yo viva. Después lo verán   mis  ‘herederos’. No quiero ni me interesa la opinión de críticos ni de  público”   (1998: 35). Estas palabras permiten imaginar la sensación de  fracaso que debe   haber experimentado tras la publicación de sus  novelas y cuentos en los años   30.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         Además de estas sintonías, también sabemos que Juan Emar y  Robert   Walser frecuentemente visitan en sus escritos el tema del  paseo. El escritor   suizo, en su novela homónima, registra precisamente  el devenir de una   accidentada marcha. Ya he revisado el comienzo de  este texto, por ende, sabemos   que el narrador abre su relato contando  que una cierta mañana experimentó la   intempestiva necesidad de salir a  caminar. La narración da cuenta de las   peripecias ocurridas en este  largo paseo que se extiende hasta la llegada de la   noche. En &lt;em&gt;Un año&lt;/em&gt;  de Juan Emar, en tanto, muchos de los días que se   registran en el  diario están marcados por los sucesos acaecidos en los paseos   que el  narrador emprende por la ciudad, hacia el mar o en un barco.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         Más   allá de la anécdota, lo interesante es que en la obra de  ambos escritores el   paseo representa la posibilidad de abrir la  puerta a lo inquietante, a aquello   que se aparta en mayor o menor  medida de la lógica cotidiana. Así, lo inesperado   acecha al paseante  de Walser, al transeúnte de Emar. En este sentido, el   paseante pone en  peligro sin proponérselo el precario mecanismo de la costumbre   y se  convierte, por tanto, en sospechoso. Vale la pena mencionar ahora a otro    ilustre miembro de esta escuela de paseantes que vamos conformando:  Franz   Hessel. En su libro &lt;em&gt;Paseos por Berlin&lt;/em&gt; (cuyo epílogo “El retorno del   flâneur” pertenece a Walter Benjamin), declara:&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Caminar despacio por   calles llenas de  gente es un placer singular. (…). Pero mis queridos paisanos    berlineses me dificultan hacerlo (…). Siempre recibo miradas de  desconfianza   cuando intento ‘flanear’ por entre los ocupados  transeúntes. Me da la impresión   de que me toman por un carterista.  (Hessel 1997: 33)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; Y luego sostiene que en su país “se está  obligado a tener   obligaciones; en caso contrario, no te está permitido  hacer nada. No se puede ir   a cualquier lugar, sino a un determinado  lugar” (34).&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         En su cuento “El   perro amaestrado” de Juan Emar, el narrador  y sus amigos adiestran a un perro en   el arte de atacar transeúntes.  Desiderio Longotoma, el amo del perro, justifica   así estos ataques:&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Todo transeúnte es   un absurdo. Cada ser  humano cuando está quieto o cuando se entrega a sus   actividades o  satisface sus necesidades vitales, puede ser razonable. Pero al    convertirse en transeúnte se convierte en un absurdo. Amigos, ¡hay que  vengar   tal absurdo! (1997: 74)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; Estamos, entonces, ante el mismo juicio  negativo de los berlineses de   la época de Hessel respecto al caminar  sin rumbo del flâneur. Pero el narrador,   secuaz de Desiderio, se  convierte veintitrés años después en un transeúnte, es   decir, deja de  lado la razonable preocupación por el trabajo y los afanes   cotidianos,  entregándose a la absurda actividad de pasear. Es entonces, cuando a    poco andar en esta nueva piel, experimenta lo imprevisto:&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;De pronto, a pocos   metros ya del cerro,  me ofusqué. Vacilé por un centésimo de segundo. Todas   aquellas vías se  me confundieron, se me enredaron en un embrollo tan súbito e    inesperado que me punzó la sensación aguda de un misterio -obscuro,  temible, &lt;em&gt;efervescente&lt;/em&gt;- que surgía en todo aquel barrio. Y en  aquel misterio que   así bulló, Ella estaba. (…) Entonces el barrio  todo, al revolverse con Ella,   rebotó en mi sexo. ¡Había vuelto a  sentir! Durante el espacio de un centésimo de   segundo. Poco importaba.  (78-9)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; El protagonista de &lt;em&gt;El paseo&lt;/em&gt; de Walser vive una experiencia   muy similar:&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;El paseo parecía   querer ser cada vez más  hermoso, rico y grande”, nos cuenta. “Aquí en el paso a   nivel me  parecía estar el punto culminante o algo como el centro, desde el que    volvería a bajar poco a poco. (…) Casas, huertos y personas se  transformaban en   sonidos, todos los objetos parecían haberse  transformado en un solo espíritu y   una sola ternura. Un dulce velo de  plata y niebla espiritual nadaba en todo y se   tendía alrededor de  todo. (…) Anteriores paseos aparecieron ante mis ojos, paro   la  magnífica imagen del modesto presente se convirtió en sensación  predominante.   El futuro palideció, y el pasado se desvaneció. Yo mismo  ardía y florecía en ese   instante ardiente y floreciente. (57 - 8)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt;El paseo representa así un estado de  disponibilidad (o “apertura”,   como lo llamaría Julio Cortázar) que  permite que determinados imprevistos se   constituyan en epifanías. Como  explica Robert Walser,&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;al paseante lo   acompaña siempre algo  curioso, reflexivo, fantástico, y sería tonto si no lo   tuviera en  cuenta o incluso lo apartara de sí; pero no lo hace; más bien da la    bienvenida a toda clase de extrañas y peculiares manifestaciones, hace  amistad y   confraterniza con ellas, porque le encantan, las convierte  en cuerpos con   esencia y configuración, les da formación y ánima,  mientras ellas por su parte   lo animan y forman. (55- 6)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; No se trata de un acto en el que se niega la  voluntad; todo lo contrario,   pues como indica Walter Benjamin:  “perderse en una ciudad como se pierde uno en   un bosque requiere una  minuciosa preparación” (citado por Palmier en Hessel:   10). Por eso,  para que esta disponibilidad logre graficarse en el relato, es   preciso  recurrir a una forma de narración (y esto lo saben muy bien nuestros    autores) igualmente abierta a la divagación y al desvío. Lo indica  Lorenzo Angol   en &lt;em&gt;Umbral &lt;/em&gt;al oponerse al paradigma del escritor  que antes de escribir   ya tiene todo construido en su cabeza: “¡Él  será el arquitecto! (...) Y yo...,   yo lanzándome a las tinieblas. &lt;em&gt;Sésamo, ¡ábrete!&lt;/em&gt;  -tal es mi frase; ella   es mi brújula. Estoy siempre a la espera que,  al abrirse, me presente algo   insospechado” (1996b: 2349). Concordando  con estos preceptos, las narraciones de   Emar y de Walser se  caracterizan por sus permanentes digresiones, pues muchas   veces una  anécdota no alcanza a terminar cuando ya es reemplazada por otra, o    bien, como ya he dicho, resulta interrumpida por reflexiones  metaliterarias: no   hay una preocupación por mantener la ilación y la  coherencia de la acción   narrativa, sino más bien por mantener la  apertura a lo misterioso y lo   inesperado. El dibujo que crean sus  paseos tiene la forma de un ovillo   completamente enredado, en el que  se funden tiempo y espacio, sujeto y objeto.   Pues como señala  Jean-Michel Palmier en su prólogo al libro de Franz Hessel,&lt;/p&gt;         &lt;blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;el flâneur no se   pierde como en un  laberinto, sino que adquiere el sentimiento de hacerse un solo   ser con  la ciudad. Al igual que aquel pintor chino que según una leyenda    budista, a fuerza de contemplar el paisaje que acababa de pintar,  termina por   perderse en él. (12)&lt;/p&gt;         &lt;/blockquote&gt;         &lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;         &lt;p align="center"&gt;* * * &lt;/p&gt;         &lt;p align="center"&gt;          &lt;strong&gt;Bibliografía   citada:&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;         &lt;p align="justify"&gt;          Emar, Juan. &lt;em&gt;Un año&lt;/em&gt;. 1996a. Presentación de   Roberto Merino. Santiago: Editorial Sudamericana.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         ---. &lt;em&gt;Umbral&lt;/em&gt;.   1996b. “Nota preliminar” de Pedro      Lastra. “Biografía para una obra” por   Pablo Brodsky. Santiago:  Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y   Museos.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;             ---.       &lt;em&gt;Diez&lt;/em&gt;. 1997. 3ª edición. Santiago:   Universitaria.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;             ---.       &lt;em&gt;Cartas a Carmen. Correspondencia entre Juan   Emar y Carmen Yañez&lt;/em&gt; &lt;em&gt;(1957-1963)&lt;/em&gt;. 1998. Selección y prólogo de   Pablo Brodsky. Santiago: Cuarto Propio.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         Hessel, Franz. &lt;em&gt;Paseos por   Berlín&lt;/em&gt;. 1997. Prólogo de  Jean Palmier: “El flâneur de Berlín”. Epílogo de   Walter Benjamin.  Traducción de Miguel Salmerón. Madrid: Tecnos.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;             Lastra,   Pedro. 1994. “Eduardo Anguita en la poesía  chilena” Prólogo de Poesía entera de   Eduardo Anguita. Santiago:  Universitaria. 13-25.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         Magris, Claudio. 1993. &lt;em&gt;El anillo de Clarisse&lt;/em&gt;. Traducción de Pilar Estelrich. Barcelona:   Península.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         Vila-Matas, Enrique. 2002. &lt;em&gt;El mal de Montano&lt;/em&gt;.   Barcelona: Anagrama.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;         Walser, Robert. &lt;em&gt;El paseo&lt;/em&gt;. 1997. Traducción   de Carlos Fortea. Madrid: Siruela.&lt;/p&gt;         &lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;         &lt;p align="center"&gt;* * *             &lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;             * Este artículo está basado en la ponencia homónima    presentada en septiembre de 2004 en el XIII Congreso Internacional de la    Sociedad Chilena de Estudios Literarios.&lt;/p&gt;         &lt;div&gt;           &lt;div&gt;             &lt;div&gt;                            &lt;/div&gt;           &lt;/div&gt;         &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-8276349230676679868?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/8276349230676679868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/08/paseos-con-robert-walser-y-juan-emar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/8276349230676679868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/8276349230676679868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/08/paseos-con-robert-walser-y-juan-emar.html' title='Paseos con Robert Walser y Juan Emar  Marcela Labraña'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/TFgSBZgFAaI/AAAAAAAABoo/anhx6pJYODI/s72-c/ml0208101.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-9202003985919456191</id><published>2010-08-02T20:29:00.000-04:00</published><updated>2010-08-02T20:31:00.605-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Ayer nomás  [Por Damián Huergo]</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" mce_style="margin-left: 4px; margin-right: 4px; margin-top: 4px; margin-bottom: 4px; border: 0" alt="je020810.jpg" src="http://www.cinosargo.bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/je020810.jpg?v=1280795332242" mce_src="/media/users/1/87598/images/public/9531/je020810.jpg?v=1280795332242" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;Ayer nomás&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  &lt;span class="Estilo22"&gt;&lt;span class="Estilo23"&gt;Por            Damián Huergo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;          RadarLibros, Domingo 25 de Julio de 2010 &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Estilo22"&gt;Consultar también: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a target="_blank" mce_href="http://juanemarumbral.blogspot.com/" href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;http://juanemarumbral.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;span class="Estilo12"&gt;&lt;br /&gt;        &lt;/span&gt;Hay escritores que funcionan como una contraseña. Su  nombre se   trafica en charlas nocturnas, entrevistas, notas al pie y  homenajes sutiles   dentro de textos de ficción. Quien los nombra  pivotea entre el goce individual   de lo subversivo y la satisfacción  colectiva de hacer justicia en contra del   olvido. El chileno Juan  Emar, seudónimo de Alvaro Yáñez (1893-1964), es uno de   esos nombres  forzados al rescate permanente. Desde su aparición en 1934 con la    publicación casi en simultáneo de tres libros –&lt;i&gt;Miltín 1934&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Ayer&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Un año&lt;/i&gt;–  hasta   la actualidad, su nombre funciona como una clave que nos saca  del ruido y nos   hace cruzar el otro lado del espejo de la vida  cotidiana.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;Quizás tal indiferencia se deba a que es un  escritor excéntrico, que convivió   con la paradoja de estar en “el  centro de su posición de clase y en el margen de   su posición de  artista”. Emar irrumpió en un contexto histórico-literario donde   la  prosa naturalista, criollista y social picaba en punta en el continente.    Desde las páginas de La Nación –diario propiedad de su padre– impulsó  el   espíritu vanguardista que late en su narrativa y por el cual fue  considerado   como un raro entre los raros: la experimentación en esos  años era territorio de   poetas –con Huidobro y Neruda como emblemas– y  no de narradores. Sin embargo,   Emar creó una prosa lúdica y  experimental, basada en parlamentos humorísticos   –que hacen acordar al  Chesterton de &lt;i&gt;Un hombre vivo&lt;/i&gt;–, en una imaginación sin    límites y en una capacidad insólita para dar vuelta el mundo y ordenarlo  de un   modo absurdo y mágico.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Ayer &lt;/i&gt;es una muestra lograda de su  laboratorio. Desde la primera línea –“Ayer   por la mañana, aquí en la  ciudad de San Agustín de Tango, vi, por fin, el   espectáculo que tanto  deseaba ver: guillotinar a un individuo”– Emar cautiva al   lector y,  sin forzarlo, lo lleva a recorrer durante un día San Agustín de Tango.    La ciudad, como esos dibujos animados que edifican caminos en el aire  para que   los personajes no caigan al abismo, se va construyendo a la  par de la novela, al   ritmo del desplazamiento del narrador –homónimo  de Juan Emar– y de su mujer. Los   transeúntes presencian la ejecución  de Rudecindo Malleco por un “crimen mental”,   observan la coreografía  mecánica de una familia de leones en una jaula del   zoológico,  reflexionan sobre el arte en el atelier del pintor Rubén de Loa y    analizan a un pasajero en la sala de espera de una estación de tren sin  más   coordenadas que su barriga.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;En su andar exploratorio, el narrador se  convierte en el arquetipo del   flâneur que describe las modificaciones y  vejaciones de la modernidad. La   peculiaridad de Emar es que convierte  la observación en una visión. Cada vez que   el narrador centra su  mirada en un hecho tangible, por ejemplo la barriga de un   hombre o el  respaldo de un sillón, su imaginación traza puentes hacia otras    realidades, otras dimensiones, que rodean y complementan al objeto en  cuestión.   El resultado de esta mezcla surrealista y alucinógena fue  como un martillazo   contra el muro tradicionalista de la literatura  chilena. Y como suele suceder,   después del golpe, las primeras  esquirlas golpearon a quien sostenía el   martillo, mejor dicho la  pluma.&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;Luego del menosprecio de la crítica, Emar se  refugió a escribir su inconclusa   –cuando falleció llevaba escritas más  de cinco mil páginas– novela &lt;i&gt;Umbral&lt;/i&gt;. Desde   entonces, algunos  de sus compatriotas –desde Jorge Teillier hasta Roberto   Bolaño–  mantuvieron la labor de rescate. Es para celebrar, en la misma sintonía,    la reciente edición de Final Abierto. Quizá, de una vez por todas,  hoy sea el   momento de Ayer.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-9202003985919456191?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/9202003985919456191/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/08/ayer-nomas-por-damian-huergo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/9202003985919456191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/9202003985919456191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/08/ayer-nomas-por-damian-huergo.html' title='Ayer nomás  [Por Damián Huergo]'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-9128631637684326746</id><published>2010-04-08T12:28:00.000-04:00</published><updated>2010-04-08T12:29:27.452-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Notas de Arte de Jean Emar Estudio y recopilación de Patricio Lizama</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" mce_style="margin-left: 4px; margin-right: 4px; margin-top: 4px;  margin-bottom: 4px; border: 0" alt="je060410.jpg" title="je060410.jpg" src="http://bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/je060410.jpg?v=1270744116506" mce_src="http://bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/je060410.jpg?v=1270744116506" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo14"&gt;"Notas de  Arte" de Jean Emar&lt;span class="Estilo25"&gt;&lt;br /&gt;            &lt;span class="Estilo28"&gt;Estudio y recopilación de Patricio  Lizama.   Ril-Dibam, 215 páginas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;    &lt;span class="Estilo22"&gt;Historia de   un cronista adelantado&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;               &lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo12"&gt;&lt;span class="Estilo20"&gt;Por   Macarena García González&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;            &lt;span class="Estilo21"&gt;Artes y Letras de El Mercurio.  Domingo 8 de Febrero de 2004&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo25"&gt;              &lt;br /&gt;  "¿Qué pide del arte cada buen   señor que después de sus desvelos  diarios visita una exposición, escucha una   sonata, hojea un libro?  Podría responderse con mil frases hechas y otros mil   lugares comunes:  'Pido una evocación de belleza que me haga sentir que no todo   es  miseria en esta tierra", "pido representación de los altos sentimientos  de la   humanidad', 'pido pureza, armonía, tonos delicados, acordes  hondos, párrafos   vibrantes'. Y etcétera. Mas todo ello es mentira.  Cada cual va en busca de un   halago, va a recibir un piropo, va a ver  su propia imagen reflejada en óleo,   notas o palabras".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo25"&gt; Irónico y antiburgués  fue Juan Emar desde éste, su   primer artículo publicado un domingo de  abril de 1923. Quien después fuera uno   de los narradores más  inclasificables de la literatura chilena, comenzó su   escritura como  articulista, donde, sin condescendencias de ningún orden,   pretendió  explicar los postulados del "arte nuevo" a un público que se resistía    al cambio. Su rol era divulgar lo aprendido y vivido en el ebullente  París de   los años '20, donde el entonces pintor chileno se paseaba por  los talleres de   Montparnasse con Picasso y Juan Gris.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Este joven, originalmente llamado   Álvaro Yáñez Bianchi, era  hijo del importante político liberal Eliodoro Yáñez,   propietario por  esos años del diario La Nación. De ahí que a su regreso a Chile,   en  1923, se atrincherara en una página del periódico para dar a conocer la    vanguardia y criticar el atrasado mundo del arte chileno. Firmaba como  Jean   Emar, un seudónimo adaptado de la expresión francesa "J'en ai  marre", estoy   harto, según él desde el día de su regreso. No estuvo  solo en esta empresa. En   la página también escribe la recién retornada  Sara Malvar, quien a veces firma   como Riana Fer ("Rien à faire" o  "nada que hacer"). Las ilustraciones son del   entonces desconocido  pintor Luis Vargas Rosas y de Herminia Yañez, mujer de    Emar. Todos vienen llegando de París con ilusiones de instaurar un  movimiento de   vanguardia en Chile, cosa que no sería fácil. Tiempo  después Emar recordaría:   "Se indignaron. Casi nos matan".&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Eran años en que la distancia entre   nuestro país y Europa  era abismante. La pintura chilena era mejor en cuanto   imitaba más  fidedignamente la realidad y el paisaje autóctono, mientras que en    París se vivía la experimentación constante de la vanguardia, que dio  origen a   movimientos como el cubismo, surrealismo y futurismo.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Patricio Lizama,   responsable de la publicación de Notas de  Arte (Ril-Dibam), que recopila los   escritos de Jean Emar en La Nación,  explica que a Emar le interesaba hacer   entender la "razón de ser" de  esta nueva sensibilidad y que por ello dedica sus   primeros artículos a  explicar de dónde surge la pintura moderna, para luego   hacer un  bosquejo del momento actual. "Él no es un crítico, es mucho más que    eso", explica este estudioso de la obra emariana, "tiene una concepción    privilegiada de los problemas del arte y a la vez sabe leer muy bien  lo que   ocurre en la sociedad chilena. Conoce a sus destinatarios y los  problemas de la   pintura en la época".&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Es un proyecto orgánico, ambicioso y de gran   envergadura.  Emar lucha en varios frentes. Por una parte, despliega   un            inusitado esfuerzo didáctico para hacer entender estos nuevos  postulados y   por otro ataca al campo cultural chileno que a través de  sus instituciones (el   museo y la Escuela de Bellas Artes) mantiene  "atados" al arte y a los artistas.   No se queda corto y propone  soluciones: "¿Por qué no todo el gran edificio que   hoy es museo se  convierte en talleres? Un museo que nadie visita porque no tiene    ningún interés. Todo eso, ¡talleres! Esa es mi idea". Pronto se  encontrará   chocando con el hermético mundo del arte chileno. Pero  Emar, en esos años, es   incansable. Tomando las riendas de la anhelada  modernización instala, en   conjunto con sus amigos pintores, la  Academia Libre Montparnasse que al más puro   estilo parisino pretendía  recibir alumnos para que experimentaran sin dictadura   de los  profesores en las nuevas formas de la pintura y el dibujo. Sin embargo,    este utópico espacio debió cerrarse al cabo de dos meses por la falta  de   adeptos. Emar no acaba allí sus propuestas sobre la enseñanza y  sugiere cerrar   la Escuela de Bellas Artes y enviar a sus docentes a su  amado París para que se   impregnen de la nueva sensibilidad. Años más  tarde, eso ocurriría, aunque cuesta   saber cuán influyente puede haber  sido la propuesta de Emar.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Josefina de   la Maza, egresada de teoría del arte de la  Universidad de Chile, que se   encuentra corrigiendo su tesis sobre la  labor crítica de Juan Emar, afirma que   le llamó la atención el hecho  de que él nunca se refiriera a obras específicas   en sus escritos: "Él  se refiere a lo que rodea la obra, al aparataje   institucional, al  discurso social y político; en este sentido, lo que hace es   crítica  cultural". El mismo Jean Emar hace explícito este enfoque en el primer    artículo en que se refiere directamente a una muestra (la que realizó  el Grupo   Montparnasse): "No pienso hablar de las obras expuestas,  marcando, según mi   criterio, las cualidades y flaquezas de ellas. La  crítica, como la pintura   misma, no hay que limitarla. Las obras allí  están y basta". Su postura se opone   a la de otros, a quienes ataca  frontalmente: "El señor Yáñez Silva es un crítico   de profesión que  bien en serio toma su rol. Aun más, lo extiende hasta   transformarse él  en un guía luminoso del arte de pintar. Cada vez que un pintor    muestra su cuadro bueno, al parecer de este crítico, le felicita por  haber   seguido sus sabios consejos y cada vez que un pintor cae en un  error,   suavemente, dulcemente, el señor Yáñez Silva, con gestos de  nodriza, le pregunta   por qué ha olvidado sus sabios consejos".&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          El historiador de arte Gaspar   Galaz afirma que el escritor y  pintor chileno abrió un terreno "ignoto" en la   escritura sobre el  arte. "Él es el primero en reflexionar en torno al arte, en   pensar el  arte, en concebir artistas que piensen antes de hacer. Uno de los    pocos que comprendieron lo que pasaba en una época en que no deben haber  sido   más de 25 los que entendían". Emar sería un visionario, para  muchos el conductor   espiritual del movimiento de vanguardia chileno;  para otros, un adelantado que   no tiene parangón en los pintores del  momento que asimilaban demasiado   tímidamente los postulados del arte  moderno.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo27"&gt; El fin de la    trinchera&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo25"&gt; En 1927, Jean Emar se  encontraba en París comandando una   agencia de La Nación que  despachaba los últimos giros del arte moderno en la   capital europea.  Era un proyecto ambicioso del periódico de Eliodoro Yáñez, que   sin  embargo no duró mucho. Al poco tiempo de asumir Ibáñez la presidencia  del   país, la empresa periodística fue expropiada, quedando Emar sin  trinchera desde   donde proclamar las verdades del arte nuevo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo25"&gt; Pronto debe volver a  Chile,   donde algunos de sus anteriormente protegidos, como Camilo  Mori, eran ya   autoridades de la institución artística. Aquellos  marginales pintores que había   defendido formaban parte de las  estructuras de poder. Su rol había quedado   desplazado y ya no será  quien llevará la bandera de la vanguardia. El   protagonista de esos  años es Vicente Huidobro, quien organiza una tertulia que   persigue el  mismo afán modernizador que le había quitado el sueño al equipo de   La  Nación. A ésta asistía Emar, pero bastante más desganado que cuando en  1923   le escribía a su amigo poeta que de todos modos tenía fe y  esperanza en su   proyecto.&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;          A finales de esa década el escritor ve uno de sus sueños    realizados. La Escuela de Bellas Artes se cierra durante un año y con el    presupuesto sobrante se envía una comitiva de alumnos y profesores a    perfeccionarse a Europa. Pero no en busca de pintura moderna como  hubiera   gustado Emar, sino a aprender artes aplicadas. Por esto  resulta difícil verlo   como un logro de su comprometida escritura. Más  bien, como apunta Justo Pastor   Mellado, es parte de la política  nacionalista y antioligárquica del gobierno de   Ibáñez, que buscaba  transformar a esa masa de inútiles pintores en eximios   artesanos.&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;          Jean Emar sigue estas polémicas de lejos. Por esos años se    está chilenizando a Juan Emar, nombre con el que firmará algunas de las  más   interesantes novelas de la narrativa chilena, que aparecen a  mediados de los   '30. No volverá a hacer periodismo ni intentará  explicar al público lo que éste   no quiere entender, si bien sigue  irritándose al conocer las concepciones del   arte que tienen las  autoridades de la época. Responderá en sus novelas,   especialmente en  Miltín, 1934, donde ridiculizará a los críticos pictóricos y    literarios de la época, afirmando que de nada valen. No vaciló en poner  con   nombre y apellido a todos sus odiados, asegurándose la  indiferencia (y el   rechazo) de la crítica. Y es que había renunciado  también al público: "¿La   publicación de lo que escribo? No pienso  jamás en ella. ¿Lo que se dirá y lo que   alegarían todos al leerme?  Tampoco pienso, pues yo tengo un sentido del trabajo;   el trabajo es de  por sí y es totalmente ajeno a nosotros; uno lo que hace es ir    acercándose a él y traducir lo que ve al llegar a su lado".&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;          Emar había   abandonado todo el esfuerzo didáctico que  caracterizó su redacción en las &lt;i&gt;Notas   de Arte&lt;/i&gt;. Al poco tiempo  se retira a escribir la monumental Umbral, de la que   pese a completar  5.000 páginas nunca consideró acabada. Sus novelas no fueron   escritas  para ser entendidas. O al menos, como afirma Lizama, no para ese época.    Emar dejó la lucha por el momento y, retirado en el campo, luchó tal  vez por un   pedazo de posteridad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo27"&gt; Edición facsimilar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Estilo25"&gt; "Notas de Arte" es un    pedazo de patrimonio hecho libro. En formato tabloide, incluye una  introducción   hecha por Patricio Lizama, jefe del departamento de  literatura de la Universidad   Católica y la totalidad de los artículos  escritos por Emar entre los años 23 y   el 27 en el diario La Nación.  Incluye además una reproducción de las páginas   originales en las que  se pueden leer los artículos escritos por los   colaboradores y observar  las ilustraciones hechas por Vargas Rosas y otros   pintores de la  época. Todo ello con una atractiva diagramación ideada por   Ernesto  Guajardo, de Ril Editores.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Estas "Notas de Arte" no se refieren   sólo al acontecer  plástico, sino también a otras disciplinas como el cine, la   música, la  literatura y la arquitectura, si bien estos temas son tratados más    esporádicamente. En los escritos se alterna entre distintos géneros como  el   comentario, la crítica, la crónica, el ensayo y la entrevista,  según se adecue   al tema, siempre con un tono reivindicativo.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Esta publicación viene a   completar el esfuerzo hecho por el  propio Lizama y la Dibam, que en 1992   publicaron algunos de los  artículos del escritor chileno. Ahora, además de   incluirse la  totalidad de éstos, se adjuntan los originales, lo que permite   seguir  el trabajo de los colaboradores y dibujantes.           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span mce_style="font-size: 10pt;" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-9128631637684326746?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/9128631637684326746/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/04/notas-de-arte-de-jean-emar-estudio-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/9128631637684326746'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/9128631637684326746'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/04/notas-de-arte-de-jean-emar-estudio-y.html' title='Notas de Arte de Jean Emar Estudio y recopilación de Patricio Lizama'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-8885955939835063363</id><published>2010-02-04T12:43:00.001-03:00</published><updated>2010-02-04T12:46:52.391-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='libros de Juan Emar'/><title type='text'>CARTAS A PEPECHE</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://artextos.fr/pages/book.php?book=1"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 221px; height: 73px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/S2rr0j7PRxI/AAAAAAAABUI/aRIx3b6ax64/s400/logo.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434415188605355794" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="droiteNoir"&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="right"&gt;Juan.EMAR       &lt;span class="red"&gt; 39€    &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;            &lt;h5 align="center"&gt;&lt;a href="http://artextos.fr/BonCommande/1.pdf"&gt;&lt;span class="red"&gt;&lt;u&gt;Bon de commande&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;   /  &lt;a href="http://artextos.fr/pages/ajoutPanier.php?livre=1"&gt;&lt;span class="red"&gt;&lt;u&gt;Ajouter au panier&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;table valign="center"&gt;        &lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;    &lt;br /&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;/tr&gt;       &lt;tr&gt; &lt;/tr&gt;      &lt;tr&gt;&lt;/tr&gt;              &lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/h5&gt;                      &lt;table&gt;         &lt;tbody&gt;&lt;tr valign="center"&gt;&lt;td&gt;     &lt;p align="center"&gt;&lt;span class="red"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;div class="photoLivre"&gt;&lt;img src="http://artextos.fr/images/livres/1/couverture.png" /&gt;&lt;/div&gt;     &lt;/td&gt;&lt;td style="text-align: justify;"&gt;              &lt;div class="descriptionLivre"&gt; &lt;strong&gt;RESUME :&lt;/strong&gt; Consejera, musa e inspiradora, la destinataria de estas cartas, Alice de la Martinière (1902-1995) es una francesa que va a compartir gran parte de la compleja existencia del más singular y excéntrico escritor chileno. A comienzos del siglo veinte, en París, Alice de la Martinière es una joven modelo de alta costura de la prestigiosa Maison Lanvin. A causa del color y la suavidad de su tez, sus amigos suelen comentar que tiene piel de durazno (pêche), de ahí deriva el apodo (Pépèche) que nunca la abandonará. Escritas casi cotidianamente, entre 1947 y 1963, las epístolas que Emar envía a Pépèche constituyen un dietario, donde se plasman las ensoñaciones del creador, la cadencia de su ininterrumpida labor narrativa, su creación plástica, sus lecturas y reflexiones. &lt;/div&gt;     &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;     &lt;tr valign="center"&gt;&lt;td&gt;     &lt;div class="photoLivre"&gt;&lt;img src="http://artextos.fr/images/livres/1/4eme.png" /&gt;&lt;/div&gt;     &lt;/td&gt;&lt;td style="text-align: justify;"&gt;              &lt;div class="descriptionLivre"&gt;&lt;strong&gt;4ème DE COUVERTURE :&lt;/strong&gt; Consejera, musa e inspiradora, la destinataria de estas cartas, Alice de la Martinière (1902-1995) es una francesa que va a compartir gran parte de la compleja existencia del más singular y excéntrico escritor chileno. A comienzos del siglo veinte, en París, Alice de la Martinière es una joven modelo de alta costura de la prestigiosa Maison Lanvin. A causa del color y la suavidad de su tez, sus amigos suelen comentar que tiene piel de durazno (pêche), de ahí deriva el apodo (Pépèche) que nunca la abandonará. Escritas casi cotidianamente, entre 1947 y 1963, las epístolas que Emar envía a Pépèche constituyen un dietario, donde se plasman las ensoñaciones del creador, la cadencia de su ininterrumpida labor narrativa, su creación plástica, sus lecturas y reflexiones. Juan Emar, Jean Emar (j’en ai marre), es el seudónimo de Álvaro Yáñez Bianchi ( Santiago,1889-1964). Autor de Ayer, Un Año y Míltín (1935), de Diez (1937) y de Umbral, un palimpsesto de cinco mil páginas (édición póstuma). Pablo Neruda escribió: “Juan Emar […] se convirtió con el tiempo en un escritor poderoso y secreto. Fuimos amigos toda la vida. Silencioso y gentil pero pobre, así murió…”. &lt;/div&gt;     &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;         &lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;                       &lt;b&gt;ÍNDICE&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Introducción de Alejandro Canseco-Jerez&lt;br /&gt;Testimonio de Pépèche&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Cartas de Juan Emar a Pépèche&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;table style="text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;"&gt; &lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt; 1947&lt;/td&gt;&lt;td width="220"&gt; &lt;p align="right"&gt;p1&lt;/p&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td&gt;1948&lt;/td&gt;&lt;td width="220"&gt; &lt;p align="right"&gt;  p19&lt;/p&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td&gt;1954 – 1955       &lt;/td&gt;&lt;td width="220"&gt; &lt;p align="right"&gt;        p29&lt;/p&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td&gt;1956&lt;/td&gt;&lt;td width="220"&gt; &lt;p align="right"&gt;  p35&lt;/p&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td&gt;1957&lt;/td&gt;&lt;td width="220"&gt; &lt;p align="right"&gt;  p95&lt;/p&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td&gt;1958&lt;/td&gt;&lt;td width="220"&gt; &lt;p align="right"&gt;  p177&lt;/p&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td&gt;1959&lt;/td&gt;&lt;td width="220"&gt; &lt;p align="right"&gt;  p269&lt;/p&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td&gt;1960 – 1963                    &lt;/td&gt;&lt;td width="220"&gt; &lt;p align="right"&gt;        p329&lt;/p&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Estudio bibliográfico de Soledad Traverso&lt;br /&gt;Bibliografía de Soledad Traverso&lt;br /&gt;Lista de ilustraciones: Alejandro Canseco-Jerez      &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;           &lt;div class="infoLivre"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;strong&gt;FICHE TECHNIQUE :&lt;/strong&gt;      &lt;span class="gris"&gt;Auteur/Autor:&lt;/span&gt; Juan EMAR&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Titre/Titulo:&lt;/span&gt; CARTAS A PEPECHE&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Reccueil et Prologue/Recopilación y prólogo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Conception graphique couverture et interieur/Diseño gráfico portada e interior:&lt;/span&gt; Valentina Canseco-Jerez&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Diagrammation numérique/Diagramación digital:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;N° de Pages/Páginas:&lt;/span&gt; 450&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Format/Dimensión:&lt;/span&gt; 160 x 240 ouvert/abierto 240 x 320&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Impression/Impresión:&lt;/span&gt; recto quadri digital&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Papier/Papel:&lt;/span&gt; offset ivoire 90 grammes&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Finition/Terminación/:&lt;/span&gt; dos carré collé&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Édition princeps numerotée/Edición príncipe numerada:&lt;/span&gt; de 1 à 300&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Imprimeur/Imprenta:&lt;/span&gt; Imprimerie Pierron, Sarregemines-France&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Achévé d’imprimer/Terminado de imprimir:&lt;/span&gt; Nov. 2007&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Dépôt legal/Déposito legal:&lt;/span&gt; 11/2007 – N°2371&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;ISBN:&lt;/span&gt; 978-2-917042-01-4&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Prix:&lt;/span&gt; 39 €&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Frais de port France/Envío postal Francia:&lt;/span&gt; 3.70 € en lettre&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Frais de port Europe/Envío postal Europa:&lt;/span&gt; 0.00 €&lt;br /&gt;  &lt;span class="gris"&gt;Frais de port Amériques/ Envío postal Amériques:&lt;/span&gt; 12.00 €&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;                            &lt;/div&gt;     &lt;h5 align="center"&gt;&lt;a href="http://artextos.fr/BonCommande/1.pdf"&gt;&lt;span class="red"&gt;&lt;u&gt;Bon de commande&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;   /  &lt;a href="http://artextos.fr/pages/ajoutPanier.php?livre=1"&gt;&lt;span class="red"&gt;&lt;u&gt;Ajouter au panier&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h5&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-8885955939835063363?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/8885955939835063363/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/02/cartas-pepeche.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/8885955939835063363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/8885955939835063363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/02/cartas-pepeche.html' title='CARTAS A PEPECHE'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/S2rr0j7PRxI/AAAAAAAABUI/aRIx3b6ax64/s72-c/logo.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-7795569198298613979</id><published>2010-01-21T12:44:00.001-03:00</published><updated>2010-01-21T12:46:10.435-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noticias sobre Juan Emar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Ayer de Juan Emar se lanza el 28 de enero a las 19:30 en la Feria del Libro del Parque Forestal</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/S1h2oJTuibI/AAAAAAAABSo/KshADW8W98A/s1600-h/cw210110.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 270px; height: 390px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/S1h2oJTuibI/AAAAAAAABSo/KshADW8W98A/s400/cw210110.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5429219782860638642" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Estilo20"&gt;&lt;strong&gt;(Ayer &lt;/strong&gt;de Juan Emar se lanza el 28 de enero a  las 19:30 en la Feria del Libro del Parque Forestal&lt;strong&gt;)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;           &lt;p class="Estilo12" align="center"&gt;Ayer, hoy&lt;/p&gt;           &lt;p class="Estilo16" align="center"&gt;           &lt;span class="Estilo18"&gt;Por &lt;strong&gt;Cristián  Warnken&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Estilo21"&gt;Enero  2010&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;           &lt;p&gt; &lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;La Odisea del Ulises chilensis Rudecindo Malleco —personaje de &lt;strong&gt;Ayer&lt;/strong&gt; de Juan Emar— se abre con una sensación: la de estar frente a un «proceso» kafkiano, pero vivido en lo más pesadillesco del «pueblo chico, infierno grande» que —para un cosmopolita librepensador como Emar— debe haber sido Chile en la década del 30. Emar, según Neruda fue nuestro Kafka. Sí, un Kafka para destornillarse de la risa, como aseguran fuera el misma escritor praguense —según testimonio de sus contemporáneos—.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Emar demuestra aquí como «entre risa y risa la verdad asoma». Con una deliciosa y bien ganada libertad de escritura —de espaldas a su tiempo y a lo que escribían sus contemporáneos en Chile— Emar invita al lector a un singular viaje, a una «odisea» por San Agustín de Tango (Macondo del Chile profundo) que no tiene nada que envidiarle al viaje en un solo día y en las calles de una sola ciudad (Dublín) del &lt;em&gt;Ulises&lt;/em&gt; de Joyce. &lt;strong&gt;Ayer&lt;/strong&gt; es  en formato más leve y con más gracia, pero no menos hondura filosófica,  nuestro propio &lt;em&gt;Adán Buenos Aires&lt;/em&gt; (la  novela-viaje de Leopoldo Marechal).&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;La soltura de cuerpo y pluma únicas del estilo emariano debió desconcertar a los lectores y críticos de entonces, aferrados a cánones, incluso cánones vanguardistas (¡vaya contradicción!, pero en la vanguardia también hubo beaterías). Ello explica el desafortunado y poco generoso comentario atribuido a Vicente Huidobro: «Pilo (Pilo Yáñez/Juan Emar) escribe con las patas». Emar escribe y crea desde una libertad y soledad interiores radicales.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Su lector parece estar en el futuro o en otro «mundo». Por eso, la sensación de extrañeza que se apodera de nosotros en muchos pasajes de la obra de Emar. Por lo desopilante de su humor, por su ironía feroz que late en episodios hilarantes, por su crítica social y mental de Chile, pienso que Emar podría ser nuestro Kurt Vonnegut de la década del 30.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;El episodio inicial del espectáculo de la ejecución de Rudecindo Malleco por un «crimen mental» en que se describe la decapitación con una minúscula guillotina, mezcla en dosis iguales lo cruel, lo ridículo, lo trágico y lo cómico. Nos sentimos dentro de un sainete, un sainete chileno. Emar apunta con lucidez implacable, pero al mismo tiempo a veces con impasibilidad a la pesadilla de nuestro «erial remoto y presuntuoso» (Chile), una pesadilla que no da para tragedia shakesperiana, sino que siempre deriva en comedia, pero que no deja de ser asfixiante y feroz.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Y el capítulo termina con el «¡Vamos!» del narrador, una elegante manera de «irse» o evadirse de esa realidad, un recurso típicamente emariano para transitar de un episodio a otro, de una dimensión a otra. Tal vez esta sea —también— una estrategia de la escritura emariana para enfrentar la censura y  la pacatería de la época. &lt;strong&gt;Ayer&lt;/strong&gt; es de hecho un libro que parte con una censura mental, una aplicación literal del viejo «si tu mano derecha fuera ocasión de caer, córtatela». La lectura del mundo de Emar —llena de distintos niveles de lectura— enfrenta a la lectura plana, «realista», ingenua, que tiene sus correlatos en la literatura (el criollismo, por ejemplo, que Emar tanto parodió) y en la moral imperante en Chile, cuya asfixia Emar explicita en el recurso de exacerbar la costumbre chilena de bautizar lugares públicos con nombres de santos. El mapa de San Agustín de Tango está repleto de «Avenida Benedicto», Calle de la Casulla y otros…&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Junto con la certera ironía emariana, aparece también el desenfrenado onirismo poético de alguno de sus episodios. Emar en sus cuentos, relatos y novelas, nos fue acostumbrando a su ilimitada capacidad de asombrarnos con observaciones inesperadas de la realidad. Como si la mirada de un niño atravesara las cosas habituales y develara dimensiones ocultas tras el velo de la costumbre. El episodio de la visita del narrador con su mujer al zoológico es un ejemplo de este juego tan emariano, único en nuestra literatura. La simple observación de los movimientos de los leones va deviniendo en el descubrimiento de un resorte oculto que unifica esos movimientos y que termina en el peligro de la sobreexposición a las miradas simultáneas de los animales.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;«¡Vamos, vamos! —díjele a mi mujer—. Si seguimos así, van a quedarnos en la sangre circulando, varias pedazos de sangre, circulando, varios pedazos de miradas de leonas y ello no es posible, pues aún tenemos, mitad mía, muchas cosas que hacer en esta vida…».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obra de Emar abunda en momentos como éste, en que una simple observación de un hecho físico, o la experimentación de la temperatura o de un color, son el primer paso de viajes alucinantorios a realidades interiores, a paisajes interiores de sueño o a reflexiones metafísicas inauditas. El único referente que más se acerca —desde mi mirada— a ese estilo de «visiones», serían talvez las pinturas de Leonora Carrington y de otros pintores surrealistas. No hay que olvidar fue un crítico de arte de «La Nación» y un testigo privilegiado del intenso movimiento artístico y vital que sucedía en París en los años 30.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;         Uno de los momentos más altos de &lt;strong&gt;Ayer&lt;/strong&gt; es la visita del narrador y su mujer al taller del pintor Rubén de Loa, en la Calle de la Inmaculada Concepción. Yo pienso que es un episodio axial de este viaje mítico por San Agustín de Tango. Las reflexiones sobre los colores, la ironía sobre el arquetipo del «artista», sobre la observación, la visión de la autonomía de la obra de arte frente a la realidad entregan indicios valiosísimos —y siempre con humor, sin gravedad— sobre la poética de Emar, elaborada en el silencio de tantos años en que el autor escribió de espaldas a su «rugosa» cotidianeidad.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Creo que es aquí —en estas escenas «vivas» y muy visuales— donde el arte de Emar brilla con absoluta originalidad. Es a través de esos episodios-visiones en los que el autor va construyendo un mundo absolutamente propio, en el que uno respira un aire único y pisa un suelo móvil, lleno de pasadizos interiores que conectan el microcosmos del autor y los personajes del autor con el macrocosmos, lo exterior con lo interior, lo físico con lo metafísico. Junto con ser un conocedor de la gran literatura de su tiempo, Emar leyó ávidamente autores esotéricos.&lt;br /&gt;Muchas de esas lecturas son parodiadas en su obra y es posible encontrar referencias teosóficas revisitadas desde el humor. Sería interesante algún día buscar los «vasos comunicantes» (para usar la expresión de André Breton) entre esas lecturas esotéricas y las creencias y búsquedas interiores de Emar.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Es en ese mundo propio donde finalmente Emar se refugió y evadió, y se autoexilió de su realidad más directa, de ese Chile donde se decapitaba y se sigue decapitando —aunque sea más sutilmente— a los que sueñan, fantasean y desean. A aquellos genios que como Emar se asoman por encima de la línea media de reverberación para mostrar un horizonte que no cabe en los límites estrecho de una «naturaleza muerta».&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;         Releer &lt;strong&gt;Ayer&lt;/strong&gt; después de más de 20 años —cuando hice mi tesis sobre Emar para optar al título de Profesor de Estado en Castellano— me ha devuelto a placeres y fruiciones lectoras indescriptibles. Y he recordado con nostalgia las conversaciones que sostuviera —cuando apenas era un niño— con Eduardo Anguita, un pionero en el rescate de este «ave raris» de la fauna literaria local. Todavía lo veo paseándose como un bailarín por el living de mi casa contándome con entusiasmo algún episodio indescriptible de algún libro de Emar, que me hacía volar, y salir flotando por encima de mi barrio, mis estrechas calles y la cordillera hacia fronteras impensadas, donde pensar y reír son lo mismo.&lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Eso fue ayer… y Ayer sigue siendo hoy…&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-7795569198298613979?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/7795569198298613979/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/01/ayer-de-juan-emar-se-lanza-el-28-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/7795569198298613979'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/7795569198298613979'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2010/01/ayer-de-juan-emar-se-lanza-el-28-de.html' title='Ayer de Juan Emar se lanza el 28 de enero a las 19:30 en la Feria del Libro del Parque Forestal'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/S1h2oJTuibI/AAAAAAAABSo/KshADW8W98A/s72-c/cw210110.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-8520102695262049152</id><published>2009-09-22T14:08:00.000-04:00</published><updated>2009-09-22T14:10:31.126-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Los Rasgos Posmodernistas en El Pájaro Verde de Juan Emar</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;" mce_style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;img style="border: 0pt none ; margin: 4px;" mce_style="margin-left: 4px; margin-right: 4px; margin-top: 4px; margin-bottom: 4px; border: 0" title="n1179187262_367291_3571.jpg" src="http://bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/n1179187262_367291_3571.jpg?v=1253642955586" mce_src="http://bligoo.com/media/users/0/49205/images/public/9531/n1179187262_367291_3571.jpg?v=1253642955586" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" &gt;&lt;b&gt;Los Rasgos Posmodernistas en “El Pájaro Verde” de Juan Emar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Autoras: Violeta Valencia / Carolina Opazo&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álvaro Yáñez Bianchi, más conocido por el seudónimo Juan o Jean Emar, nació en Santiago de Chile de 1893 y murió en la misma ciudad el 8 de abril de 1964. Fue un escritor, crítico de arte y pintor, máximo exponente local de la vanguardia literaria de las décadas de 1920 y 1930 en el género narrativo, e integrante del colectivo de artistas plásticos Grupo Montparnasse. Sus obras más destacadas son la colección de cuentos Diez, las novelas breves Ayer, Un año, y Miltín. Tras la indiferencia de público y crítica frente a sus libros, el autor desapareció de la escena artística y se dedicó casi exclusivamente a escribir la extensísima novela Umbral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su libro “Diez” habla siempre en primera persona y desde el yo, Juan Emar, se involucra con el texto. Además se observan fenómenos como la alusión constante a colores y a distintas expresiones artísticas en su escrito. Sus obras llenas de elitismos y de burlas satirizan la realidad de sus contemporáneos. Así usa rasgos posmodernistas en su narración que lo hacen un ser incomprendido en su época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde los rasgos narrativos posmodernistas el escritor usa técnicas como la metanarratividad, el doble código y la ironía intertextual. Por medio de éstos analizaremos el cuento “El Pájaro Verde” perteneciente al libro “Diez”. Entendemos por estos rasgos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, la metanarratividad se define según Genette como la metalepsis del autor, es cuando el narrador extradiegético (que está fuera de la historia que se cuenta), o sea, el autor implícito de la novela, rompe el flujo de la narración y apela al personaje o al narratario. De este modo, el autor implícito se introduce en la narración y se vuelve parte de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En segundo lugar entendemos por doble código lo que Jencks señala “las obras postmodernas se dirigen simultáneamente a un público minoritario de elite usando códigos ‘altos’ y a un público de masas usando códigos populares”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, partiendo del concepto del doble código podemos decir que la ironía intertextual es cuando el autor selecciona a los lectores y lo prefiere intertextualmente enterados, salvo que no excluye a los menos preparados (Daniel Rojas). Desde esta perspectiva juega con la burla de aquellos que tienen un punto de vista más amplio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien la metanarratividad en el cuento “El Pájaro Verde” se aplica en dos niveles, el primero desde un narrador omnisciente que es quien cuenta la historia. Este narrador se introduce por primera vez en el cuento cuando dice “en abril de ese año llegaba yo a Paris” acá hay un claro diálogo con el lector y se irrumpe la linealidad del cuento sobre el paradero del pájaro Verde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, a través de él explaya el fluir de su consciencia convirtiéndola en un baile, en música y la canción “Yo He Visto Un Pájaro Verde”. Sus pensamientos y su crítica pertenecientes a su conciencia reflexiva dirigen la visión del lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el segundo nivel nos encontramos con el propio autor, cuando se introduce la oración: “¿El señor Juan Emar, si me hace el favor?”. Aquí ya no hay un narrador omnisciente sino que va más allá, pues el propio autor se introduce en el cuento rompiendo todos los límites que impone la diégesis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien en cuanto al doble código el autor utiliza constantes recursos que van dirigidos hacia un público de elite y hacia un público popular, sobre todo a referencias históricas y lugares específicos, tales como: “La Gosse a la desembocadura del Amazonas”, el nombre en francés de la goleta y el código popular es el río Amazonas. Otro doble código es cuando nos cuenta que nace el loro el mismo día en que “fallecía el más grande de todos los emperadores, Napoleón I” y, más adelante, siguiendo la lectura nos cuenta como Henri-Guy pinta al pájaro ya muerto y embalsamado y que estando él en Francia nombra un hecho histórico en Valparaíso y Santiago de Chile. Entonces, no tan sólo se conecta con la historia universal, sino que con la historia popular y nacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También hay un doble código al designar los nombres de la plantas y árboles, pues algunos son populares y otros son científicos. Además es posible nombrar cuando dice: “el Palermo de la ya mencionada Rue Fontaine, donde entre dos músicas de negros, una orquesta argentina tocaba tangos arrastrados como turrones”. En esta frase se expresa que se encuentran en una calle de Francia, sin embargo, se tocan tangos populares en Latinoamérica&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el autor demuestra un doble código constante en las distintas artes, haciendo una conexión irónica o burlesca de ellas. De este modo habla de la escritura y los escritores naturalistas, de la pintura, de naturaleza muerta y de la música.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por consiguiente la obra en general tiene un doble código que se presenta en el “Pájaro Verde”, pues el mensaje popular es el de la historia de un loro; el mensaje de elite, no obstante, nos transmite como una de sus posibilidades que éste en realidad es un símbolo del arte. Expresión estética que está cambiando de paradigma y, dicha transformación,  se evidencia cuando el loro mata al tío José Pedro, siendo éste símbolo de las antiguas artes y al mismo tiempo de ideas antiquísimas que el nuevo pensamiento debe derribar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podemos decir principalmente que el ave simboliza al arte, porque a través de él se transmiten todo tipo de sentimientos, desde el principio cuando dice que “Monsieur le Docteur Guy de la Crotale”, era un hombre extremadamente sentimental y sus sentimientos estaban ubicados ante todo en los diversos pajaritos que pueblan los cielos; siendo éste quien se roba al pájaro verde, el sentimentalismo se encarna en el loro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto último se puede observar también cuando el autor describe que en Francia el pájaro disecado mira hacia un cuadro de Baudelaire, quien fue un poeta maldito ícono del simbolismo y además pintor. Y cuando Juan Emar llega a Chile está observando una figura de Arturo Pratt, héroe patrio, lo cual tiene una clara connotación en los tipos de arte y pensamientos que existían en ambos continentes. Es así como este arte que se revela y cobra vida se presenta en todo el cuento, ya que el escrito se organiza y se constituye como un doble código.       &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a la ironía intertextual va muy ligada al concepto de doble código, porque de esta forma una de las principales ironías intertextuales se señalan en los distintos nombres de la familia, pues son muy largos y extremadamente difíciles de pronunciar; lo cual alude a una crítica de la clase social burguesa y, al mismo tiempo, a aquellos escritores que se expresan en francés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo los complicados nombres otorgados a los árboles y la forma de descripción cronológica es una clara burla a los escritores naturalistas, quienes promueven la cientificidad en todos los ámbitos de la vida. Así también podemos mencionar la exactitud del tiempo de muerte del tío José Pedro y el lenguaje explícito que se usa en un principio, donde se describe con precisión cada lugar y momento de la expedición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Precisamente ahí el autor nos presenta una ácida reflexión respecto a su concepción de los sabios, la cual siempre es dudosa diciendo: “ignoro totalmente sus méritos… y de la sabiduría no tengo ni la menor noción”; lo cual da paso a otra crítica al naturalismo, filosofía que pretendía establecer un control exacto de la vida, intentando obviar los sentimientos propios del ser humano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una ironía intertextual que al mismo tiempo es un doble código es la alusión al lenguaje en dos momentos: primero, cuando toda expresión, sentimiento o idea se puede reducir a “Yo he visto un pájaro verde” y desde allí crear una nueva forma de expresión. En la segunda, es cuando el ave comienza a picotear al tío José Pedro y se produce un diálogo entre Juan Emar y el loro, que con cada pequeña destrucción se va acortando cada vez más hasta llegar a la muerte del tío y el lenguaje se desconstruye completamente y se convierte en nada, mejor dicho, quedan sólo gestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En consecuencia, se identifica una lucha interna entre el ser social y el individual, la cual simboliza que este arte se identifica con una expresión estética más universal y no sólo con una  cultura e idioma determinados. En cuanto a la ironía intertextual a través de este desarme se rompen todas las estructuras que encadenan al ser humano con la ciencia y lo objetivo y  la frase se va disolviendo en una clara demostración de que las estructuras de mundo y los distintos paradigmas están siendo derrocados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En síntesis, el cambio de la forma de narrar en principio como una historia cronológica y luego derivar a una historia surrealista es una muestra del cambio que ha tenido el arte y toda forma de expresión al verse ahogada por estructuras rígidas y prefijadas. Asimismo como el pájaro que nace en América y es llevado a Europa por un naturalista francés. Allá muere y es embalsamado, y, posteriormente, es devuelto a América por medio de un chileno. Evidenciando así la retroalimentación que existe en respuesta a todas las implicancias de la modernidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a ello, este viaje es el mismo viaje interno que se puede producir en los sentimientos al utilizar técnicas naturalistas rotas en pro de la expresión humana. Puesto que dicho elemento es el que da paso al postmodernismo, si utilizamos la mirada de Octavio Paz, quien manifiesta esta etapa como la evolución del modernismo.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, hay que decir que este tipo de escritura para los años 20’ era muy incomprendida, sin embargo, estas técnicas narrativas de escritura hoy son válidas y consideradas rupturistas, pues en ellas se encuentra un punto de vista más amplio en la forma de ver y expresar al mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-8520102695262049152?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/8520102695262049152/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/09/los-rasgos-posmodernistas-en-el-pajaro.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/8520102695262049152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/8520102695262049152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/09/los-rasgos-posmodernistas-en-el-pajaro.html' title='Los Rasgos Posmodernistas en El Pájaro Verde de Juan Emar'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-6714985853917378922</id><published>2009-09-11T08:37:00.001-04:00</published><updated>2009-09-11T09:16:14.872-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>La euritmia de Juan Emar: Teoría del equilibrio y sistema constructivo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 246px; height: 356px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SqpNbmpwPEI/AAAAAAAABEg/zGu0vS01ANM/s400/1.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5380197841474960450" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;a href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;La euritmia de Juan Emar&lt;/a&gt;: Teoría del equilibrio y sistema constructivo&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan Emar's eurythmy: Equilibrium and constructive system theory&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Cecilia Rubio Rubio&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Universidad de Concepción. Chile. E-mail: crubio@udec.cl&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RESUMEN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este trabajo examino los conceptos desplegados por Juan Emar en sus escritos de carácter reflexivo de los años '20 (Cavilaciones (1919-1922) y los artículos sobre arte (1923-1927)), conceptos que conforman una red semántica sistemática que me permite proponer una lectura global de la obra emariana entendida como unidad de sentido. Esta conceptualización constituye una metafísica ocultista que se refiere a la relación sujeto-mundo como una relación cognoscitiva y constructivo-creativa de acuerdo a una poética eurítmica cuya base es una teoría del equilibrio regida por leyes numérico-geométricas. Sostengo aquí que hay evidencia del funcionamiento de este sistema constructivo en la práctica escritural emariana de los textos ficcionales de los años '30 (Ayer, Diez y Umbral).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Palabras claves: Literatura chilena, vanguardia y narrativa, Juan Emar, euritmia, teoría del equilibrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ABSTRACT&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In this study I examine the concepts shown by Juan Emar in his reflexive-character writings from the '20s (Cavilaciones (1919-1922) and articles on art (1923-1927). These concepts build up a systematic semantics net that allows to propose a global interpretation of Emar's work understood as a unit of sense. This conceptualisation is an occultist metaphysics that refers to the individual-world relationship as a cognitive and constructive-creative relationship according to eurythmic poetics, the base of which is a theory of equilibrium governed by numerical-geometrical laws. Here, I claim that there is evidence of this constructive system working in Emar's writing practice of fiction texts from the '30s (Ayer, Diez and Umbral).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Keywords: Chilean literature, vanguard and narrative, Juan Emar, eurythmy, equilibrium theory.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este trabajo propongo una lectura unitaria de la obra de Juan Emar, de acuerdo a la conceptualización sobre la realidad y el arte que Emar sostiene en los escritos de carácter reflexivo de los años '20 (el manuscrito Cavilaciones (1919-1922)1 y las notas sobre arte que publicó en el diario La Nación(1923-1927). El análisis de estos escritos permite articular la concepción emariana del arte, cuya transposición como sistema constructivo se encuentra en la obra narrativa emariana de los años '30 (Ayer, Un año, Miltín 1934, Diez y Umbral2).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos escritos reflexivos, tanto el arte como el ocultismo se presentan como dos modos análogos e idóneos de autoconocimiento y de conocimiento del mundo. Puede decirse que el sistema constructivo que rige la práctica ficcional emariana se presenta como una síntesis de la concepción del arte y del ocultismo. Esta concepción puede enunciarse como una poética del simbolismo hermético, según la cual se concibe la obra de arte como una euritmia de carácter pitagórico. Se trata de un complejo sistema, cuya base es una teoría del equilibrio que estructura la narrativa emariana de acuerdo a leyes numéricas y geométricas3.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. TEORÍA DEL EQUILIBRIO: LAS RAZONES MATEMÁTICAS DEL ARTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La concepción emariana de la vida y del arte constituye una metafísica que aparece regida en su totalidad por un concepto de la armonía que comprende aspectos cognoscitivos. Estos aspectos pueden comenzar a explorarse a partir del examen del concepto de conciencia, definido geométricamente como: "(...) punto en el infinito. Conciencia aquí es sinónimo de ese centro desde el cual florece la vida y desde el cual ella se aprecia" (1993: 222). Si a ello se agrega la idea de que "el yo es infinito" y se compone de capas ("cortezas") desde las cuales se participa en el mundo, a veces con "afinación total" entre ellas, otras, en desarmonía4, se comprende mejor que la conciencia es la extensión mínima que puede alcanzar el yo y, en tanto tal, adquiere el valor de un centro vital desde el cual se percibe el mundo. La consecuencia narratológica de esta concepción es el hecho de que la conciencia se presenta como el único centro de los relatos emarianos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su parte, el concepto de "afinación" depende de una concepción mayor sobre la comprensión. Nótese la sinonimia creada entre "afinación" y "afinidad", entendida esta última como analogía, al mismo tiempo que como atracción o capacidad de concordar: "He llamado al hombre un receptor y al Universo un transmisor. Cuando hay afinidad entre ambos, hay comprensión. Un hombre debidamente desarrollado no irá recibiendo del Universo más que aquello con lo cual se afina. Y el progreso es normal. Pero la mayoría no procede así. Produciendo una desafinación contemplan el Universo" (Emar, 1993: 219). En efecto, el universo es concebido como una máquina de señales que el ser humano recepciona y dota de significados: "Existen estas afinidades en cualquier mundo. A cada instante estamos solicitados por ellas, mas son tan pocas las veces que nos detenemos ante estos sutiles llamados" (1993: 201).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La forma en que la percepción de las afinidades se vuelve un imperativo de investigación sobre la realidad se observa más adelante en el texto, de manera que la afinación/afinidad se incorpora a la concepción de la comprensión como modo cabal de conocimiento y de participación en la vida. Esta red conceptual se completará con los conceptos de equilibrio y unidad ("un total"):&lt;br /&gt;Comprender lo entiendo en el sentido de poder crear ciertas relaciones y analogías entre lo que es objeto de observación y otros hechos o cosas, otros elementos en suma, de modo que lo observado no quede en aislamiento sino que pase a formar parte de un total equilibrio y que este total tenga además un equilibrio con la persona que observa, tenga, pues, una razón de ser. Así, ante todo un punto, una materia que se conoce; luego tejer los hilos que las unen a tantos puntos como haya necesidad para que todos unidos formen un concepto global por lo menos 'posible'. Que este total sea grande o pequeño, sea en su realidad verdadero o falso, ya es otra cuestión, con tal que por lo menos -repito- esté en armonía con la persona que observa, con su temperamento, sus designios y la extensión que desee o pueda abarcar (Emar, 1993: 207-208).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En virtud de esta comprensión, se forma entre conciencia y mundo una figura que funciona como "construcción simbólica" y que se constituye en un sistema de equilibrios. El concepto de "construcción simbólica" lo extrapolo del cuento "El vicio del alcohol" y puede entenderse como un esquema de representación de carácter "absoluto humano" que aspira a ser un punto de convergencia de unidad y totalidad, y, en este sentido, a ser imitación de un absoluto suprahumano. Lo que Emar llamaba -consciente de su estatuto deficitario- "un absoluto humano" es un absoluto construido desde facultades humanas, pues si la condición de existencia de lo humano es la relatividad, se trata de una relatividad que aun estando en transformación continua, fija al mismo tiempo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la ley absoluta para 'cada caso', ley que pasa a ser relativa en otro caso (...). Y estas leyes forman como un manojo concéntrico, siendo las menores englobadas por mayores, las que a su vez se engloban y se ajustan a otras mayores que las comprenden hasta llegar así a la última o Absoluto en el sentido del Uno. (...)&lt;br /&gt;En resumen: Todo es relativo y esta relatividad emana del Absoluto y es en cada caso y en todos ellos lo absoluto (1993: 229-230, 233, 234).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más específicamente, el 'absoluto humano' es "la ley que rige la relación entre dos o más cosas". Por su parte, el modo de relación superior sería el que se logra por una "adaptación máxima a las leyes", las que son usadas "en la expresión más simple y pura que de ellas pueda hacerse o eliminando toda otra ley que no sea absolutamente necesaria para la creación de esa relación. (...) Las matemáticas, y la física y química teóricas realizan ese absoluto humano (...)" (Emar, 1993: 235). Posteriormente, Emar extiende esta facultad de producir absolutos humanos al arte, a todas las actividades humanas y a la naturaleza entera. En relación al arte, el modelo emariano son las matemáticas o, en sus palabras, las "matemáticas del arte", esto es, el modo perfecto de relación que podría ser "matemáticamente definido si tuviéramos el conocimiento exacto de las leyes de la sensibilidad humana" (1993: 236).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta búsqueda de realizar las "matemáticas del arte" es un objetivo artístico que se articula con la concepción eurítmica del arte. Veamos la nota "Cubismo", que Emar publica en el diario La Naciónen 1923. Allí, Emar se refiere al aporte que hizo Paul Cézanne a la pintura al incorporar los conceptos de equilibrio y construcción. Para refrendar estos conceptos, Emar cita a algunos teóricos del Cubismo, como Maurice Raynal, quien compara la pintura cubista con la física moderna, ya que para ambas disciplinas lo que debe fijarse es una ley de las relaciones entre los elementos; y Leonce Rosenberg, para quien el Cubismo tiende a lo constante y a lo absoluto, pues desdeña lo particular y la anécdota. La última cita es la más extensa, completa y explícita en cuanto al aspecto que ahora reviso, la de Gino Severini, en la que éste parte definiendo el arte y la belleza como "el arte de la armonía". Para este autor, hay dos modos de realizar esta armonía, uno de los cuales consiste en la reconstrucción del universo "por la estética del número y por el espíritu", modo de realización que caracterizaría el arte clásico. He aquí las conclusiones de Severini:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;'(...)&lt;br /&gt;La obra de arte debe ser Eurítmica; es decir que cada uno de sus elementos debe estar ligado al todo por una relación constante que satisfaga ciertas leyes.&lt;br /&gt;Esta armonía viviente podría llamarse: equilibrio de relaciones, pues así el equilibrio no es como hoy día se comprende: un resultado de igualdades o de simetrías, sino que resulta de una relación de números o de proporciones geométricas que constituyen una simetría por equivalentes.&lt;br /&gt;Esta estética está de acuerdo con las leyes con que nuestro espíritu ha comprendido y explicado el universo desde Pitágoras y Platón. Por ello, sabemos que todo en la creación es rítmico según las leyes del número, y gracias a estas leyes únicamente, nos es permitido volver a crear, reconstruir equivalentes del equilibrio y de la armonía universales.&lt;br /&gt;El fin de las artes puede ser definido así: reconstruir el universo según las mismas leyes que lo rigen' (Cit. por Emar, 2003: 55).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que no es difícil verse inducido por esta cita a pensar, como Varetto, que Emar habría intentado "dar forma en la prosa, (...) narrativizar quizá, la teoría cubista de la obra de arte" (Varetto, 1993: 37). En este sentido, se puede observar que en la nota de arte del 16 de julio de 1924, titulada "Moi, je pense", Emar se refiere a la literatura en términos parecidos a los usados por los teóricos del Cubismo para referirse a la pintura, al señalar que la literatura es "un arte de las palabras" que debe regirse por sus propias leyes, las que consisten en una "justa proporción, justa construcción" (2003: 121), por lo que el escritor se doblega a un ideal de medida, de proporción y de ritmo. Posteriormente, en la nota del 6 de agosto de 1924, "Al arte lo que es del arte", Emar reclama que el arte sea juzgado como se juzga una obra científica, por su "serenidad y exactitud", pues, alega, éstas son las "razones del arte" (2003: 127).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.  SISTEMA CONSTRUCTIVO Y LEY DEL NÚMERO: EL SEGUNDO, EL TERCERO Y EL CUARTO PERSONAJE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El carácter metapoético de estas ideas se comprueba en el análisis de los textos emarianos de ficción. En efecto, la teoría del equilibrio es notoria en la novela Ayer, donde se presenta a través de la subteoría de los colores formulada por el pintor Rubén de Loa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues el rojo, al ser complementario del verde, en cualquier circunstancia de la vida, lo complementa. (...) Quien complementa, equilibra; quien equilibra, hace estable (...) quien hace estable, hace viable. (...) Hace viable la circulación de la vida a través. (...) La vida circula a través, puede circular, gracias a que tiene por donde circular. Esto es elemental. Y lo tiene, gracias a que hay, en aquello por donde circula, una estabilidad, y esta estabilidad es únicamente posible, gracias a un equilibrio constante, o casi constante, y para que haya equilibrio tiene que haber por lo menos dos que se equilibren (Emar, 1998: 34-35).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si retenemos las premisas de esta teoría, podemos sintetizarla como sigue: en el mundo las cosas se equilibran entre sí de manera (relativamente) estable, de allí que haya que considerarlas en su unidad como una configuración: el uno es siempre dos que están en tensión. Esta tensión confiere a la figura un movimiento vital, el de circulación. Es en virtud de esta rotación constante que la vida se hace posible ("viable"), de este modo, la figura se transforma en un pequeño organismo que se estructura con estos dos puntos interconectados en el tiempo y en el espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En primera instancia, la teoría del equilibrio afecta directamente el mundo narrado en el plano del número de personajes. La explicitación sobre este asunto se encuentra en la introducción a Umbral, "Palabras a Guni", donde el narrador explica su necesidad de poner en acción a dos personajes, para cumplir con la ley ya no sólo del uno que deviene dos, sino que también con la de polarización, ya que se requiere ahora que los personajes actúen como fuerzas separadas que se polarizan. De esta manera, el segundo personaje, o el desdoblamiento de uno solo, es una categoría marcada que funciona como uno de los recursos para polarizar el relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, en Umbral, el narrador Onofre Borneo se desdobla en el narrador parcial Lorenzo Angol, quien, a su vez, queriendo desdoblarse en uno que actúa y otro que contempla, solicita a Borneo le construya un segundo personaje que cumpla este segundo papel, para lo cual Borneo hace intervenir a Rosendo Paine, quien se ofrece para actuar como doble de Angol. Veamos cómo lo explica Borneo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es como un contrato. Es abarcar entre dos el total ya que uno solo no lo ha logrado. Es ocupar ambos polos, el positivo y el negativo, el blanco y el negro, como quiera usted llamarlos (Emar, 1996: 7).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veamos también lo que sucede en un pasaje de "Maldito gato", donde la polarización aparece como una forma de afinidad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues al fin y al cabo un rayo, uno solo, como lo digo, "uno", es una unidad y hasta ahora, que yo sepa, en la unidad uno, no ha sido posible realizar expresión alguna de vida manifestada, ni recibir eco de ella, ni generar propulsión, ni guardar equilibrio de la misma. (...)&lt;br /&gt;¡Ah! ¡Pero aquí viene el papel de la pulga! Y ya, haciendo entrar a dicha pulga en nuestro sistema, iremos formando una figura organizada que, por el hecho de ser figura, y no más una unidad una -que como tal tendría que ser infigurada-, puede ya pasar a ser o pasar a tener una relación, una conexión, una afinidad, una polarización, si se quiere, con todo el resto de lo creado, con la otra y total figura (Emar, 1997: 50).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noción de 'polarización puede ayudarnos a situar en la escena los elementos y explorar las consecuencias que de allí resultan. Si para el personaje la figura que allí se recortaba es la "polarización de la vida concentrada en un punto", puede verse cómo la cuestión del desapego o de la no funcionalidad de los sentidos ni su antecedente desapego a la sensación térmica constituyen a su vez una experimentación con la polarización. La actitud de búsqueda de un punto de concentración y condensación en el propio yo permite aprehender lo vital en su sentido elemental, básico. Dicha actitud se distingue por la afirmación de la permanencia de un sentido único (la vista) que se presenta como síntesis de unidad y diversidad, es decir, como imagen de totalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta búsqueda de la síntesis recuerda inevitablemente la obsesión condensatoria manifestada en "El pájaro verde" en la satisfacción por la fórmula encontrada de "yo he visto un pájaro verde". ¿Se trata de un signo de austeridad o de reduccionismo? No es fácil precisar las motivaciones de tal actitud, pero sí prever o proyectar sus alcances. Si se logra determinar el punto específico en el que reside lo vital, la austeridad es cosa probada. La vida se concentra en 'ver' una vez que ha operado la reducción de los sentidos, ¿cómo, entonces, sacar de allí 'un' sentido? Por un lado, la superación de toda necesidad constituye a la persona en una manifestación de libertad. Por otro lado, necesariamente si la vida se polariza en un punto ha de establecerse un polo de contraste, vale decir, la reducción no puede operar sólo en la persona, sino que es imprescindible que ésta se produzca también en la vida de 'lo demás'.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La dualidad que configura el tema emariano del doble no sólo da origen a la complicidad, como ocurre entre los 'segundos personajes' por excelencia de Diez: Desiderio Longotoma, "el cínico de Valdepinos" y "el violinista distinguido Julián Ocoa", sino a la lucha mortal, como sucede en "El unicornio", entre una parte del ser del protagonista que quiere ser pasivo e irresponsable y, la otra, la parte asesina que quiere ser activa y culpable. El otro caso paradigmático es el más complejo de "El pájaro verde", pues el tío José Pedro actúa como tercer personaje, desde el punto de vista de la totalidad de la figura, pero como segundo respecto de la dualidad enemiga que establece con el loro, de allí que éste lo ataque y lo destruya definitivamente. Lo que ocurre en este cuento puede explicarse de un modo que resalte la función constructiva de la fórmula encontrada, cuestión que es inherente al combate entre las fuerzas del tío José Pedro y del loro. En efecto, cuando el desequilibrio se produce por una incompatibilidad tal que escapa a toda posibilidad de complementación, nos encontramos en el dominio de la polaridad en estricto sentido. Por ello, son estas mismas fuerzas las que se rechazan y se atraen para destruirse la una a la otra. En la escena del ataque del loro al tío José Pedro, lo que hace el pájaro al interpelar al protagonista es derivar su posibilidad de intervenir como fuerza actuante a favor del tío hacia una intervención mediatizada socialmente (fórmula de saludo exige respuesta) que anula la fuerza solidaria del protagonista, con lo cual el loro impide a éste entrar como tercer elemento en una lucha de dos. Si el combate es mortal, ello se debe a esta neutralización (social-formulística) de quien se había proyectado como fuerza interventora. Este factor o fuerza de neutralización se instala como presencia actuante entre el protagonista y el loro, llevando al personaje al cambio de conducta denunciado por éste al final del relato, el que puede sintetizarse como una neutralidad emocional que lo destina a ser para siempre un sujeto contemplador (y contemplativo), es decir, lo que lo instala para siempre en el modo de ser de la inacción5.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como se observa, en el sistema emariano dos no son suficientes para que haya vida, pues la polarización instaura a su manera un nuevo desequilibrio, ya que se desata la fuerza destructiva que hace a los factores aniquilarse mutuamente. Se necesita, entonces, un tercer personaje. Nuevamente encontramos en Umbral la explicitación teórica, en palabras de Borneo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(...) presumo la existencia de un tercer personaje -déjeme llamarlo así con mayúsculas: Tercer Personaje-, personaje recóndito, muy oculto en un arcano fuera de toda visión y de toda comprensión humanas: el personaje que, sosegada e inexorablemente, advierte que el encuentro entre dos de la unidad no es cosa hacedera en este mundo. Lorenzo y Rosendo chocan. Lorenzo y Rosendo son los dos amigos atraídos por la colaboración entusiasta y sincera. Ellos son los hombres que, por senderos muy tortuosos, hallarán siempre un impedimento o una burla a ese intento equivocado. Grandes amigos que todo lo ensayan, que ante ningún experimento se arredran y que se destruyen. La cuerda se rompe y se separan (Emar, 1996: 8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emar avanza, entonces, de la dualidad a la trinidad, lo que equivale a avanzar en el plano geométrico desde el paralelo o desde el ángulo al triángulo, al establecer los requisitos del equilibrio como la formación de una figura compuesta por tres entidades que son tres "fuerzas" del equilibrio cósmico, como ocurre en "Maldito gato". Pero, en el caso de este cuento, no sólo se trata de construir una figura donde las fuerzas se equilibren, sino de que dicha figura encierre en sí una forma de existencia que pueda constituirse en paralelo del cosmos, es decir que sea ella misma unidad y totalidad. En este sentido, y como puede extrapolarse a otros textos, la totalidad posee su propia fuerza contextualcósmica que actúa de distinta manera, según se enfrente a ella misma como totalidad o según se refiera a las partes que la componen en tanto unidades relativas. Por lo demás, la tétrada pitagórica que rige en Diez no sería tal sino se conformara de cuatro entidades, cada una de las cuales es una en sí misma y en sí misma absoluta, a la vez que un todo relativo respecto del Todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es extraño, entonces, que una de las consecuencias de la presencia de una fuerza contextual sea el nacimiento del cuarto personaje, funcional y relativo como ningún otro en relación al conjunto, pero omnipresente como totalidad o como sentido. Evocado a menudo in absentia, el cuarto principio actúa desde el todo rearticulando y haciendo nuevamente relativas las presencias de los otros tres. Si el cuatro es el número de la totalidad en la tétrada pitagórica y en la emariana de Diez, es también el número más esotérico y más arcano de todos, el que en Diez ocupa el lugar de lo imaginado e inexistente, el unicornio; y el que no se expresa en cifras y como tal no es contado en la operación matemática que hace el narrador de "Maldito gato", que insiste en nombrar la trilogía, pero reservando para el cuatro de la totalidad el único nombre del "otro"6.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. DEL TRIÁNGULO AL CÍRCULO: UNIDAD Y TOTALIDAD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recorrido seguido hasta aquí se completa con otros elementos del sistema emariano, uno de cuyos contenidos no sólo se refiere a la euritmia como imagen en movimiento articulado, sino que eleva a ésta a imagen sintética del cosmos en un esfuerzo que la equipara a la euritmia representada en la tétrada de Pitágoras. Esta construcción sintética está relacionada con los conceptos de unidad y totalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La búsqueda de totalidad que emprendió Emar está bastante bien documentada. Basándose particularmente en "Torcuato", Umbral y Cartas a Carmen, respectivamente, Brodsky ([1994?]), Piña (1998) y Lizama (2000) aluden a ella de una manera similar. Tanto Brodsky como Piña refieren el concepto de totalidad al de afán escritural de carácter autobiográfico totalizante. En la misma perspectiva, pero señalando los alcances narratológicos, Lizama sostiene que la obra emariana está marcada por un anhelo de reconstrucción de la vida propia y de todas las vidas, anhelo que tiene su expresión en el hecho de que el narrador emariano multiplique los detalles y expanda infinitamente las descripciones, de forma que el discurso narrativo se hace multidireccional y termina por revelar el mundo entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otro de sus trabajos, Lizama (2001) plantea de nuevo el tema de la totalidad, extendiendo su alcance a una percepción orgánica y holística de la vida. Específicamente, Lizama propone que al concebirse el mundo como una unidad tanto indivisible como dinámica, "los componentes del universo, desde el nivel macrofísico al microfísico, no son 'cosas', sino correlaciones de cosas que, a su vez, son correlaciones de otras cosas y así sucesivamente" (2001: 29). En síntesis, el universo es un conjunto unificado de una red compleja de relaciones entre sus diferentes partes. El narrador emariano se hace cargo de esta complejidad, de allí que no pueda dejar de seguir esta red de relaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contamos también con una explicitación en un texto ficcional emariano, donde este rasgo aparece como un designio narrativo de abarcabilidad de la unidad entendida como totalidad. En este sentido, se trata de un aspecto inherente al hecho de narrar, tal como se le presentaba a Emar. Me refiero al texto "Oye", incorporado en Umbral, Segundo Pilar, "El canto del chiquillo", donde se lee lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendré que hacer un verdadero esfuerzo para mantenerme ahora sobre una misma línea, una línea recta en lo posible, recta cuanto se pueda a lo largo de este relato. Verdadero esfuerzo para no escaparme a derecha o izquierda. Porque la esencia misma del relato es la escapada permanente hacia todos lados, todos los puntos, todo lo que es. Y la voluntad mía: reunir cuantas escapadas haya sobre una línea de continuidad lógica y -¡ojalá!- dentro de un solo globo que todo lo encierre en unidad (1996: 1130).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La idea del globo aparecerá con características similares en Miltín 1934, lo que Brodsky ([1994?]) vincula a la visión de lo absoluto llamada satori en el budismo zen. Por su parte, la cadena interminable de relaciones posibles de narrar se encuentra también en la novela Ayer, cuando el narrador protagonista se propone aprehender la entidad "gordo". En dicho intento, su pensamiento caerá de pronto en la pelusa del pantalón y de allí pasará al bolsillo, de éste al chaleco, de éste a la panza y de ésta, de nuevo, al gordo. El protagonista dice perderse en el todo, todo en relación al cual "el gordo no es" (1998: 53):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El panzón agarrado a este aire polvoriento que se agarra de los muros, que se agarran del edificio entero. Edificio que puede existir únicamente porque hay donde existir y lo hay porque rueda la Tierra junto al sol, porque el sol es respecto a las constelaciones que son porque son respecto al cosmos, que es ... (sic. 1998: 52).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la idea del globo tiene otras formas de expresión. Por su planteamiento de sentido, hay que recurrir una vez más a "Maldito gato". En última instancia, la figura que se forma por medio de tres factores se resuelve en el círculo. Si de imitar el mundo se trata, la figura debe incorporar un mecanismo que lo haga vibrar, de allí la idea de la circulación que completa la figura en tanto "construcción simbólica" del todo, en una dinamia que se asemeja a la vida. Así lo percibe el pintor de Ayer, como ya he citado ("La vida circula a través, puede circular, gracias a que tiene por donde circular"), y el protagonista de "Maldito gato": "ya entonces pudo la vida, no sólo llegar, no sólo pasar, sino que circular, circular así: yo, él, ella; él, ella, yo; ella, yo, él... circular, circular siempre, circular definitivamente, al lado, al espejo de la otra" (Emar, 1997: 52).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esta vía, lo que el arte produce son construcciones simbólicas del todo, obras orgánicas en que se juega el destino de unos seres que se mueven en lo absoluto de los signos y los sentidos en tanto componentes de un mundo paralelo a la "otra vida". De dotar el mundo de signos y de sentidos trata la búsqueda por aprehender los objetos mínimos, visibles o no, condensación de lo abstracto inaprehensible: una frase en "El pájaro verde", tres puntos en "Maldito gato", un caracol sobre una tumba en "El perro amaestrado", una estatua en "El unicornio", un anillo en "Papusa", un cuadro en "Chuchezuma", unos zapatos en "Pibesa", un sueño en "El hotel Mac Quice", una noche en "El fundo de La Cantera", un grito en "El vicio del alcohol". Se comprenderá, entonces, por qué la obra emariana está regida por la metonimia y la sinécdoque más que por la metáfora o la analogía. Digamos más claramente que si el pensamiento del narrador emariano se estructura como un pensamiento profundamente analógico, que establece relaciones entre objetos, sensaciones e ideas, es por la contigüidad que estas relaciones se van a expresar, de manera que las dos entidades unidas por asociación, al hacerse continuas en el pensamiento y en el discurso, se cristalizarán en un solo objeto que las unifica7.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta intención sobrecodificadora se expresa magistralmente en la "construcción simbólica", entendida como voluntad, como actitud y gesto, y como objeto concreto. En líneas generales, se trata de combatir, de corregir el absurdo del mundo a través de la proposición de otros esquemas posibles que lo organicen, dando lugar en ellos a los deseos y sustentando por el equilibrio las fuerzas que así se unificarán. La "construcción simbólica" se crea en cada uno de los cuentos y resuelve los conflictos en la medida que sólo ella permanece como última afirmación vital-artística.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. CONSTRUCCIÓN Y SINSENTIDO: EL LEITMOTIV DE LA FUGA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para completar esta visión unitaria del sistema emariano, es necesario recurrir ahora al momento en que el pintor Rubén de Loa, de la novela Ayer, explicita el carácter posible y proyectivamente informe de una obra construida según la teoría del equilibrio, si al cambiar las condiciones de ese cuarto factor innombrado que es la totalidad, uno de los elementos cae en el vacío. El vacío es un aspecto del plano físico de la figura, pero en un plano contextual-metafísico, el vacío es el sinsentido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(...) Pero ello no quita que parte de los rojos al ser sacados de aquí, quede ociosa. Tú dirás, pequeña parte; yo, gran parte. Como sea, estamos de acuerdo con la existencia de esa parte. Y esa parte ociosa, colgadas ya las telas en un muro de exposición, empezará a buscar un objetivo, a rondar, a tratar de emplearse, a mortificar a cuantos ojos se posen sobre ella, a crear el yerro, a implantar el malentendido, a tender un velo de desconcierto entre los espectadores y las doce telas. Y va a resultar, mi buen amigo, que nadie va a entender palabra y que todos van a salir de allí con una engorrosa sensación de sinsentido (1998: 79).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cita se expresa también un factor que hasta ahora sólo he mostrado parcialmente: el factor del "desparramo", como dice frecuentemente el personaje emariano -lo que llamo el leitmotiv de la fuga, cuya mejor actualización se encuentra en "El fundo de La Cantera"8. Este factor se explica al concebir la figura como un sistema orgánico y dinámico, donde las partes no se relacionan con el todo de manera unívoca, lo que transforma la configuración en una totalidad distinta. Cualquiera sea la forma en que ésta cambie, ya sea por articulaciones distintas de los factores y fuerzas, ya sea porque algo ha cambiado en el todo, esto produce un desequilibrio, cuya máxima expresión es la fuga del elemento que ha quedado "ocioso" o de otros factores que aparecen para ocupar momentáneamente el lugar de aquél.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podría ser de otra manera, si consideramos el carácter humano de la construcción simbólica y su sostenimiento en la conciencia y la voluntad -humana o suprahumana, pero siempre 'viva'. Es la presencia de esta voluntad la que determina que el sistema emariano sea altamente entrópico, pues lo humano y lo vivo son de por sí impredecibles9.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo justo es integrar una posible concepción del Todo-Dios como demiurgo que ha descuidado algunos aspectos del equilibrio cósmico. Veamos la única versión de esta idea, que da luces, no obstante, sobre su operación en el sistema. Proviene de "Maldito gato":&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres fuerzas así, así, largas, larguísimas; en el espacio tan largas que, ya habiéndolo surcado todo, habían perdido sus formas iniciales de serpientes largas que se estiran y ya, sin formas, tenían la forma de ser y nada más; y en el tiempo tan remotas, tanto, que no podían tener como origen más que tres míseros, infinitamente míseros, gestos descuidados del Todopoderoso, Omnipresente y Omnisapiente cuando vínole a Su voluntad crear un mundo -creía Él- de exactos equilibrios (1997: 53).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo demás, esta cita podría explicar también el origen de la "construcción simbólica" por la necesidad de corregir estos gestos descuidados de Dios en la conformación del universo. En cualquier caso, las referencias y especulaciones del personaje sobre la posibilidad de regresar a un caos cósmico a partir de la destrucción de este precario equilibrio creado como una totalidad se vinculan con el leitmotiv de la fuga y la entropía del sistema-figura. En efecto, una vez trazadas las dos primeras líneas que van de los ojos de la pulga a los del gato, y de éstos a los del protagonista, este último señala que por esas líneas pasan las vidas de los tres seres, pero luego se cuestiona y corrige:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pasan? ¡Aún no! Porque, de pasar por ellas se irían, se irían para siempre, se desvanecerían en el infinito, pues la figura no ha sido cerrada todavía y, al no haberlo sido, deja en cada uno de sus extremos dos puertas, dos bocas abiertas hacia la infinitamente nada. Y la vida hay que cerrarla, encerrarla, limitarla, dibujarla. De lo contrario, el mundo todo, el cosmos, convergería precipitándose hacia el imán de estas dos líneas, y una mitad se pulverizaría de la pulga para allá y de la otra de mi punto para acá. Y nada subsistiría en nada (1997: 52).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante esta apremiante necesidad de cerrar la figura-sistema, verificable también en el final de la novela Ayer, Emar parece estar de acuerdo con Borges, cuando éste prevé la muerte del universo en la posibilidad de nivelación o compensación de la energía, a lo que llama "mortal equilibrio" (cf. "La doctrina de los ciclos"), pues si bien para Emar es el equilibrio el único garante de la estabilidad de lo vital, no deja de tener algo de "mortal", como lo prueba la tendencia al estatismo observable en los finales de los cuentos de las secciones "Cuatro animales", "Tres mujeres" y "Un vicio", donde el personaje logra llegar a una entropía cero, gracias a la "construcción simbólica". La excepción la constituyen los cuentos de la sección restante, "Dos sitios". Pero esto no es del todo exacto. Todavía están subiendo las putrefacciones de Emar por la estatua de Camila ("El unicornio"), todavía chorrean sangre los taconcitos de Pibesa ("Pibesa"), todavía avanza sobre la tumba de Piticuti un caracol ("El perro amaestrado").&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOTAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 Obra inédita, cuya única versión corresponde a la realizada por David Wallace como tesis de grado de Licenciatura en Humanidades por la Universidad de Chile en 1993.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2 La novela Umbral fue publicada póstumamente en 1996, pero tengo datos de que su escritura habría comenzado a fines de los años '30. Pueden verse los diarios de vida inéditos de Juan Emar, que abarcan desde 1928 hasta 1941, donde se recogen menciones como la siguiente: "Sigo 2ª de 'Ch 28' y llámolo 'Umbral'"(27 de noviembre de 1930). El 14 de abril de 1934 también registra su trabajo en "Umbral".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3 En un trabajo anterior, complementario de éste, desarrollo la matriz pitagórica que rige el libro Diez. Remito, por lo tanto, al lector, a Rubio 2005. En líneas generales, el pitagorismo consiste en la concepción del universo como un cosmos, cuya ley de ordenación la constituye el número y la armonía o ritmo que de sus combinaciones matemáticas y geométricas resulta. En este sentido, el número sería un regente de un orden divino universal, en el que al macrocosmos se le atribuye el número diez y al microcosmos, el número cinco. En este sistema, entonces, la década representa el cosmos ordenado de acuerdo a la acción de la divinidad. Para la vida y filosofía de Pitágoras puede verse el libro octavo de Vida, doctrina y sentencias de filósofos ilustres, Tomo 2, de Diógenes Laercio, así como el análogo de Porfirio, Vida de Pitágoras. Para la filosofía pitagórica y, especialmente, la tetrakhtys, ver el importante libro de Paul Kucharski, Étude sur la doctrine pythagoricienne de la tétrade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4 Parece claro que el concepto emariano de "afinación" equivale al significado que adquiere el término en la práctica musical, es decir, hacer concordar los instrumentos en cuanto al tono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5 Cabe hacer notar que el cotexto de "El pájaro verde" en la versión de Umbral tiene como uno de sus temas el camino de la inacción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6 Para el pitagorismo, el cuatro es también el número de Dios, ya que es la unidad Uno por excelencia (la Mónada), que es a la vez una trinidad: principio masculino y principio femenino que en su unión perfecta generan el cosmos. El número siete, entonces, es la unión de Dios, que es cuatro, con el cosmos, que es tres: cielo, tierra y humanidad. Dios es uno y todo, "el Número de los números", es decir, la causa primera y única.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7 Al contrario del procedimiento que, según Genette (1972), caracteriza la escritura de Proust, es decir, el de presentar analogías y metáforas en las que subyace una metonimia, en la obra de Emar encontramos metonimias y sinécdoques en las que subyacen analogías y metáforas. Ver "Métonymie chez Proust", en Figures III.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8 Adriana Castillo (1992) se refiere al uso de un mecanismo de la fuga en el cuento "Chuchezuma" y reconoce que el narrador es la única instancia fija del cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9 En términos generales, la entropía puede definirse como un principio de desorden inserto en los sistemas. Por su parte, el atributo de "impredecible" en este contexto, está ligado a la teoría del caos, según la cual dado un sistema determinista, los resultados de su realización adquieren formas impredecibles. Cabe hacer notar que la realidad de la entropía estaría inscrita implícitamente en el pitagorismo, como explica el estudioso de las matemáticas Miguel Parra León (1966).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;REFERENCIAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Borges, Jorge Luis. 1974. Obras Completas. Buenos Aires: Emecé.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brodsky, Pablo, comp. [1994]. Juan Emar. Antología esencial. Santiago: Dolmen.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Castillo, Adriana. 1992. "Texto e intertexto en 'Chuchezuma' de Juan Emar". Revista Chilena de Literatura 40, pp.123-128.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diógenes Laercio. 1965. Vie, doctrine et sentences des philosophes illustres. Tome II. Traducción, noticia y notas de Robert Genaille. Paris: Garnier Frères.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emar, Juan. 1993. Cavilaciones, en Wallace, David. "Cavilaciones de Juan Emar". Tesis de Licenciatura en Humanidades. Universidad de Chile, Santiago.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------. 1996. Umbral. 5 vols. Santiago: Biblioteca Nacional.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------. 1997. [1937] Diez.  Santiago: Universitaria, 2ª ed.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------. 1998. [1935] Ayer. Santiago: Lom.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------. 2003. Notas de Arte (Jean Emar en La Nación: 1923-1927). Edición de Patricio Lizama. Santiago: Ril editores; Centro de Investigaciones Diego Barros Arana.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------. Diarios, ms. Fundación Juan Emar. Santiago.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Genette, Gérard. 1972. Figures III. Paris: Éditions du Seuil.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lizama, Patricio. 2000. "Cartas a Carmen (Correspondencia entre Juan Emar y Carmen Yáñez, 1957-1963)". Inti. Revista de Literatura Hispánica 51 (primavera): 153-158.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------. 2001. "Emar y el deseo de otra esencia para la vida". Paréntesis 8 (marzo), pp. 25-33.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parra León, Miguel. 1966. Pitágoras. Fundador de las ciencias matemáticas. Caracas: Arte.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piña, Carlos. 1998. "El delirio biográfico de Juan Emar". Taller de Letras 26, pp. 143-47.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porfirio. 1987. Vida de Pitágoras. Argonáuticas órficas. Himnos órficos. Introducciones, traducciones y notas de Miguel Periago Lorente. Madrid: Gredos.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rubio, Cecilia. 2005. "Diez de Juan Emar y la tétrada pitagórica. Iniciación al simbolismo hermético". Taller de Letras 35, pp. 149-166.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varetto, Patricio. 1993. "Emar, la tradición literaria y los otros a través de 'Un Año'", en revista Pluma y Pincel 165, pp. 36-37.         [ Links ]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibido: 23-10-2008  Aceptado: 27-10-2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-6714985853917378922?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/6714985853917378922/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/09/la-euritmia-de-juan-emar-teoria-del.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/6714985853917378922'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/6714985853917378922'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/09/la-euritmia-de-juan-emar-teoria-del.html' title='La euritmia de Juan Emar: Teoría del equilibrio y sistema constructivo'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SqpNbmpwPEI/AAAAAAAABEg/zGu0vS01ANM/s72-c/1.png' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-3391362731106460676</id><published>2009-08-21T08:57:00.002-04:00</published><updated>2009-08-21T09:01:35.357-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>[Ayer de Juan Emar: esbozo de una lectura errada.] Por Víctor Quezada</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/So6aohfcyzI/AAAAAAAABBI/ZD9l0b8vH68/s1600-h/21-8-2009+9.8.56+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 356px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/So6aohfcyzI/AAAAAAAABBI/ZD9l0b8vH68/s400/21-8-2009+9.8.56+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372401426475305778" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Juan Emar&lt;/span&gt;, nació en Chile el 13 de noviembre de 1893. Publicó en &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;vida, tres novelas: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ayer&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Miltín 1934&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Un año&lt;/span&gt; (todas de 1935), además de un conjunto de cuentos titulado &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Diez&lt;/span&gt; (1937). Obras que no fueron en su tiempo acogidas por la crítica. En el año 1996, se publica su obra cumbre e interminable: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Umbral&lt;/span&gt; (qu&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;e consta de más de 5.000 páginas: novela no &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;terminada). Murió el 8 de abril de 1964.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt; &lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Podemos esbozar, pero quizás no sostener, una lectura ideológica de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Ayer&lt;/span&gt; del escritor chileno &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Juan Emar&lt;/span&gt;, si lo leemos alegóricamente –como una representación figurada de una cosa en otra. Hablamos aquí de la alegoría no en los términos del proceso constructivo de las producciones (post)modernas o (post)vanguardistas -de las cuales sería una característica motora-, sino en relación con la noción moral de la alegoría, aquella que saca a relucir un marco de conceptos que explicarían una situación temporal en términos didácticos (o didascálicos).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Las referencias en Ayer a Chile como espacio donde nace la historia, o la pregunta hecha por el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;narrador protagonista&lt;/span&gt; (Juan) a su padre (“-&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Papá –le preg&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;unté-, ¿crees tú que si durante la gran guerra, en medio de la batalla, hubiese bajado hasta nuestra Tierra un habitante de Júpiter, habrían seguido peleando los ejércitos?&lt;/span&gt;”) manifiestan esta apertura de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;sentido&lt;/span&gt; ideológico-referencial, dentro del contexto de entre guerras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así, y en alguna medida trazada por el error, pienso, esta ficción, prefigura el &lt;i style=""&gt;dichtum&lt;/i&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;adorniano&lt;/span&gt; de la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;muerte del arte después de Auschwitz&lt;/span&gt;, aunque es sólo una idea no desarrollada. O, ahora me inclino a pensar, más bien muestra cómo un contexto social de transición influiría en las realizaciones artísticas, lo que, para seguir practicando la opinión, las explicaría cabalmente, llenando de un aura negativa a la vez que esperanzadora a la novela, a través del avistamiento de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;un sentido de la humanidad trans-cultural o (pre/trans)histórico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Descargar&lt;/span&gt;: &lt;a href="http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0004785.pdf"&gt;Ayer de Juan Emar (PDF - 11 MB)&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuente original: &lt;a href="http://lacallepassy061.blogspot.com/2007/12/ayer-de-juan-emar-esbozo-de-una-lectura.html#links"&gt;La Calle Passy 061&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-3391362731106460676?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/3391362731106460676/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/08/ayer-de-juan-emar-esbozo-de-una-lectura.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/3391362731106460676'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/3391362731106460676'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/08/ayer-de-juan-emar-esbozo-de-una-lectura.html' title='[Ayer de Juan Emar: esbozo de una lectura errada.] Por Víctor Quezada'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/So6aohfcyzI/AAAAAAAABBI/ZD9l0b8vH68/s72-c/21-8-2009+9.8.56+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-2749469846190336638</id><published>2009-08-05T19:34:00.003-04:00</published><updated>2009-08-05T19:36:18.618-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='daniel rojas pachas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Artículo de Daniel Rojas Pachas sobre Juan Emar en Letras s5</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://letras.s5.com/je300709.html"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 237px; height: 239px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SnoXQerQYQI/AAAAAAAABAo/I-Fg4YdT4hA/s400/5-8-2009+19.8.55+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5366627477845205250" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://letras.s5.com/je300709.html"&gt;Juan Emar:  Una alegoría del modernismo tardío.&lt;br /&gt;http://letras.s5.com/je300709.html&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;             &lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-2749469846190336638?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/2749469846190336638/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/08/articulo-de-daniel-rojas-pachas-sobre.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/2749469846190336638'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/2749469846190336638'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/08/articulo-de-daniel-rojas-pachas-sobre.html' title='Artículo de Daniel Rojas Pachas sobre Juan Emar en Letras s5'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SnoXQerQYQI/AAAAAAAABAo/I-Fg4YdT4hA/s72-c/5-8-2009+19.8.55+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-125684187459532951</id><published>2009-08-04T10:02:00.000-04:00</published><updated>2009-08-04T10:05:23.566-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Juan Emar, un autor tardiamente valorado</title><content type='html'>&lt;h2 style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a href="http://www.revistaartemisa.cl/wp-content/uploads/2008/09/200px-juan_emar.jpg"&gt;&lt;img class="aligncenter size-full wp-image-271" title="200px-juan_emar" src="http://www.revistaartemisa.cl/wp-content/uploads/2008/09/200px-juan_emar.jpg" alt="" height="333" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;h2 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Juan Emar, un autor tardiamente valorado&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Porque un autor literario llama la atencion mas que otro?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Puede ser que algo de su creatividad nos haya impresionado, causado identidicación, encontrar liberación, etc. O tal vez obedece a la admiraciòn que nos suscita a la valentía que tuvo de hacer lo propio sin importarle recibir nada a cambio, llámese crítica, fama, ni menos dinero. Es aquí cuando surge imperativamente el nombre de un escritor nacido en 1893 y fallecido en 1964.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aunque el común de las personas considera escritor exitoso a aquel que vende millones de libros y sus obras son reeditadas múltiples veces, también han existido y existen otros que no publicaron o lo hicieron muy poco y sin embargo, ahora transcurridas seis décadas aproximadamente, nos encontramos que es nombrado en los estudios realizados sobre las vanguardias hispanoamericanas. Su valioso e importante aporte a la literatura fue ignorado completamente, silenciado, acusado de excéntrico en la época que le tocó vivir. Recién en 1996, con la publicación de su obra de 5000 páginas “Umbral”, que consta de cinco partes o pilares, los interesados han podido conocer al autor que “introdujo las bases a una renovación estética de amplias dimensiones en un medio anquilosado por fórmulas burguesas o criollistas” (1).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;img class="alignright" src="http://www.memoriachilena.cl/archivos2/cronoim/emar.jpg" alt="" height="262" width="187" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ahora, cuando se lee un autor contemporáneo que escribe sobre el proceso mismo de la escritura, novela-ensayo, donde va narrando el relato de cómo se construye el relato, y es premiado, fuera de este país por cierto, hay que decir que JUAN EMAR ya lo hizo allá por los años treinta, en la obra que acabamos de mencionar. UMBRAL, donde trata de asir la totalidad inabarcable, utilizando autobiografía, parodia de textos dramáticos intercalados, ensayo, alucinación esotérica, ciencia ficción, literatura sobre literatura, etc.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Han surgido muchos estudiosos de JUAN EMAR, y algunos de ellos han apuntado a desentrañar la parte esotérica (numerología). Alvaro Yañez bianchi, su nombre verdadero, pese a la incomprensión hermenéutica siguió escribiendo y en el año 1940, a los 46 años empezó su obra mayor hasta el año 1964, año en que falleció.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; &lt;w:worddocument&gt; &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt; &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt; &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt; &lt;w:punctuationkerning&gt; &lt;w:validateagainstschemas&gt; &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt; &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt; &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt; &lt;w:compatibility&gt; &lt;w:breakwrappedtables&gt; &lt;w:snaptogridincell&gt; &lt;w:wraptextwithpunct&gt; &lt;w:useasianbreakrules&gt; &lt;w:dontgrowautofit&gt; &lt;/w:Compatibility&gt; &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt; &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt; &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt; &lt;!--   /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal  {mso-style-parent:"";  margin:0cm;  margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:12.0pt;  font-family:"Times New Roman";  mso-fareast-font-family:"Times New Roman";  mso-ansi-language:ES-CL;  mso-fareast-language:ES-CL;} @page Section1  {size:612.0pt 792.0pt;  margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;  mso-header-margin:35.4pt;  mso-footer-margin:35.4pt;  mso-paper-source:0;} div.Section1  {page:Section1;} --&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;mce:style&gt;&lt;!    /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:"";  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:"Times New Roman";  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;}  --&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En el año 1967, Jorge Teillier escribe un artículo en La Nación, sobre el mejor libro de Emar, según su opinión, escrito en 1934, “AYER”. Señala además que el silencio de la crítica, la indiferencia que recibió su obra se debió más que nada, según sus propias palabras: “es un escritor excéntrico, que se mueve en una órbita que no es la usual de nuestra literatura (como tampoco latinoamericana).&lt;span&gt; &lt;/span&gt;Escritor lúdico, de gratuidad desmesurada y rabelesiana, que se divierte en escribir y “epatar” y no consulta nada, sino el libre fluir de su imaginación, no es raro que no hallara eco, por una parte, en la adustez castellano-vasca (tomemos este término de Encina trasladándolo a la literatura) y por otra parte, surge cuando predomina la prosa naturalista, el criollismo, la literatura de reivindicación social de la década del 30, en donde no había en bando alguno humor para preocuparse de un autor tan insólito como Juan Emar, cuyo único antecedente en las letras chilenas vendría a ser el Vicente Huidobro de las Novelas Ejemplares”, y continúa:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;“Aquí se puede entrar en otro tema; implícito, sin embargo: la valorización y difusión de los autores chilenos está casi en absoluto en manos de críticos y profesores que con sus cánones configuran una literatura oficial, que es, como dijera José Bergamín, una literatura &lt;strong&gt;de cubierto&lt;/strong&gt; y no &lt;strong&gt;a la carta &lt;/strong&gt;como&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;son las desarrolladas.&lt;span&gt; &lt;/span&gt;Quien está fuera de &lt;strong&gt;cubierto es tardíamente reconocido.&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;Así sucedía con Pablo de Rokha que debió luchar por difundir su obra personalmente, así sucede con Braulio Arenas, cuyo libro “Visiones del País de la Maravillas”, uno de los más hermosos de nuestra poesía y prosa, y digno de cualquier latitud, no ha recibido ni siquiera un comentario.&lt;span&gt; &lt;/span&gt;De la biografía de Juan Emar poco sabemos.&lt;span&gt; &lt;/span&gt;No aparece ni en Panoramas ni en Diccionarios.&lt;span&gt; &lt;/span&gt;Nos han contado que los últimos años de su vida los pasó en un fundo de las cercanías de Vilcún, la cordillerana villa de Cautín, entregado a escribir interminablemente una interminable obra que su familia espera publicar”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;texto inédito de juan emar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;cavilaciones&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;1.&lt;span&gt; &lt;/span&gt;David Wallace&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; &lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;img class="alignnone size-full wp-image-317" title="n1179187262_367291_3571" src="http://www.revistaartemisa.cl/wp-content/uploads/2009/07/n1179187262_367291_3571.jpg" alt="n1179187262_367291_3571" height="499" width="325" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;br /&gt;Fuente:&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.revistaartemisa.cl/?p=295"&gt; http://www.revistaartemisa.cl/?p=295&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-125684187459532951?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/125684187459532951/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/08/juan-emar-un-autor-tardiamente-valorado.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/125684187459532951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/125684187459532951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/08/juan-emar-un-autor-tardiamente-valorado.html' title='Juan Emar, un autor tardiamente valorado'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-1060909766887093039</id><published>2009-07-24T07:48:00.002-04:00</published><updated>2009-07-24T08:29:44.266-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Juan Emar en el país de la pólvora</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 331px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Smmo2XF44pI/AAAAAAAAA9I/2V7ZNiZVbGI/s400/24-7-2009+8.7.51+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362002483226403474" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Carta de Barcelona:&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;   &lt;br /&gt;&lt;a href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;Juan Emar en el país de la pólvora&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;    Enrique Vila-Matas&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;    Letras Libres, Marzo de 2001&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Fui a Valparaíso para pensar en la pólvora. No es que fuera con esta intención al puerto chileno, pero lo cierto es que el destino lo dispuso todo para que, en la terraza asombrosa del hotel Brighton y ante los fuegos artificiales de fin de año en la bahía, yo acabara teniendo la impresión de que había ido hasta allí para pensar seriamente en la pólvora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Los noticieros de las televisiones catalanas y españolas reflejan sólo pálidamente, siempre con ese tono azul y neutro que iguala engañosamente cualquier noticia del mundo, la tensión que se vive en un Chile donde todavía se huevea con una transición que no ha llegado nunca a una verdadera democracia. Todavía hay un problema criminal grave, no resuelto. Hay que viajar a ese país para vivir de cerca la alta tensión política —no recuerdo haber visto una derecha tan inculta y fascista— que empobrece la vida de este país que me ha seducido con la misma contundencia que exhiben los fuegos artificiales que en Valparaíso surgen en fin de año de los barcos anclados en la bahía, con esas sirenas inolvidables retumbando en la noche imponente, como si estuvieran evocando una batalla antigua: toda una excepcional respuesta eléctrica y un desahogo pacífico en el Pacífico por parte de quienes, con el fuego de los demócratas, parodian año tras año la siniestra pólvora pinochetista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Que a esas alturas la parodia no haya perdido su sentido de protesta dice mucho de la situación en que se encuentra la democracia chilena. Viendo los fuegos artificiales, yo me quedé pensando en la terraza del Brighton en unos versos de Pablo Neruda, que tuvieron algo de premonitorios de los tiempos de pólvora ciega que asolarían al país en el 73 y cuya alargada y terrible sombra todavía se proyecta sobre un Chile fascinante que merecería otra historia: "Hay cementerios solos,/ tumbas llenas de huesos sin sonido,/ el corazón pasando un túnel/ oscuro, oscuro, oscuro..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Hay tumbas llenas de huesos de los desaparecidos, pero hay también, o quiero verla, la necesidad de ser optimistas y apuntar que la detención de Pinochet en Londres fue en el fondo positiva, pues dejó al descubierto lo frágil que era la transición chilena —esa que, por cierto, tanto alabaron Felipe González, Kohl o Soares—, y eso acabó permitiendo que los jueces descubrieran que podían empezar a hacer justicia, algo a lo que no se dedicaban desde el fatídico 73.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Puedo escribir las frases más tristes esta noche, pero prefiero ser optimista y desearles el Bien y la vida en rosa a los amigos chilenos que, desde la quietud de este atardecer barcelonés, añoro. Nostalgia de las risas eléctricas de Paula, Carolina, Roberto, Andrés, Gonzalo, Rodrigo, Alejandra y compañía: la pólvora real de Valparaíso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Fue el escritor Roberto Brodsky primero y poco después Cristian Warnken quienes dispararon una flecha al azar, que me ha dejado leyendo la asombrosa obra de Juan Emar. No hay un solo viaje al extranjero donde no me aparezcan uno o dos escritores raros del país visitado. Vienen a mí con la misma naturalidad con la que me llegaron las flechas del azar de Brodsky y Warnken, la misma con la que me llegaba siempre el calor infinito de los días chilenos. En Chile, han sido dos raros, dos escritores que he descubierto y que aquí ahora celebro. Omar Cáceres, por una parte. Juan Emar por la otra. El primero tocaba el violín en una orquesta de ciegos. Al segundo hay que situarlo en la brillante constelación marginal de los marginados de la literatura latinoamericana. Emar se llamaba en la vida civil Álvaro Yáñez y había tomado su seudónimo en el París de los años veinte, lo había tomado de la expresión francesa J'en ai marre, es decir, tengo fastidio o, como dicen los chilenos, tengo lata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Escribiendo sobre Mauricio Vacquez —otro marginal chileno, acaba de publicarse en su país Epifanía de una sombra, conmovedor y extraordinario libro póstumo—, Jorge Edwards relaciona a este escritor con el mundo periférico de Juan Emar, de quien nos dice que tenía "este Kafka chileno (tal como lo definió Neruda) una obra extraña sepultada en un baúl, obra que parecía el prólogo de un prólogo, la burlona y a la vez nostálgica introducción a una novela infinita y, por lo mismo, imposible".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Yo creo que César Aira es el heredero en la tierra de Juan Emar. Desde los tiempos en que leía a Aira y me reía con su humor involuntario, nunca me había reído tanto como estos últimos días leyendo los libros de Emar, con esas historias extraordinarias que he encontrado en su libro Diez, por ejemplo, donde el autor despliega en toda su amplitud lo que alguien llamó "lógica trituradora".&lt;br /&gt;   "Diez está formado —nos dice Pablo Brodsky, estudioso de su obra— por 4 animales, 3 mujeres, 2 sitios y un vicio, contemplando un orden y una distribución piramidal o triangular que, internamente, entregará las claves para su desciframiento".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Cuando Emar se ponía serio, hablaba del deseo y decía frases de este estilo: "El deseo desenfrenado de liberarme de esta maldita tierra, de este mundo, de esta sociedad pequeña y ruin, donde sólo tienen cabida las bajezas, donde imperan la injusticia y la mediocridad, donde nunca se premia el verdadero valer, donde los prejuicios, cual redes, atan todo movimiento de libertad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Se diría que está hablando del Chile de ahora, pero es el Chile de antes, el mismo que cuando Emar murió en abril de 1964 le dedicó en las páginas de El Mercurio unas breves frases: "una extraña personalidad que pasó por la vida como un inadaptado y un rebelde [...] Acaso logrará su arte imponerse algún día".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Pues bien, se está imponiendo después de los tiempos de la pólvora; se está redescubriendo una escritura que otro tiempo quiso borrar. Es otra nota de optimismo para encarar el futuro de un país que merece otra historia, como la merecía la obra de Emar con su inquietante invitación a un viaje hacia el Más Allá, quizás simplemente hacia la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-1060909766887093039?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/1060909766887093039/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/juan-emar-en-el-pais-de-la-polvora.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/1060909766887093039'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/1060909766887093039'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/juan-emar-en-el-pais-de-la-polvora.html' title='Juan Emar en el país de la pólvora'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Smmo2XF44pI/AAAAAAAAA9I/2V7ZNiZVbGI/s72-c/24-7-2009+8.7.51+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-3480499875110998328</id><published>2009-07-16T07:03:00.001-04:00</published><updated>2009-07-16T07:06:52.884-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Lo Urbano como Texto: un Acercamiento a Ayer de Juan Emar</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sl8Jqh0crPI/AAAAAAAAA7o/zS46wfJMwkg/s1600-h/16-7-2009+7.7.23+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 291px; height: 264px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sl8Jqh0crPI/AAAAAAAAA7o/zS46wfJMwkg/s400/16-7-2009+7.7.23+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5359012707831688434" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Lo Urbano como Texto: un Acercamiento a Ayer de Juan Emar&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Aurelia Steiner&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;    &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La arquitectura es la expresión del ser de las sociedades,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;    del mismo modo que la fisonomía humana es la expresión&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;    del ser de los individuos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;    Georges Bataille&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;   Trayectos, flujos, circulaciones: la ciudad se define por su valor de uso, por su capacidad de ofrecer un lugar (un conjunto de lugares) que cobije y comente las acciones que en ella se realicen. No todo lugar es homogéneo: el tiempo, la geografía, las instituciones marcan, como cicatrices a la piel, las topografías urbanas. Leyendo un mapa de una ciudad se puede conocer el carácter de sus habitantes, su historia, sus temores y sus tabúes. Es así como en la literatura chilena se pueden encontrar constantes y repeticiones que sitúan, y confinan, en la zona norte de Santiago todo aquello que resulte pulsonial, ajeno a la razón o aquello que constituya un tabú. Este lugar, en el Santiago literario y en el real, ha sido llamado la Chimba, palabra que en lengua quechua significa “más allá del río” (Rebolledo, 1). Paralelo a esto, Juan Emar, en su Novela Ayer, construye una ciudad chilena imaginaria: San Agustín de Tango, en la que se pueden encontrar muchos de los elementos que han definido a Santiago literariamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   En Ayer, el narrador entrega dos fuentes de información complementaria: por un lado se tiene acceso al mapa de la ciudad, por otro al relato mismo. Mirando el mapa, se puede notar que el río divide en dos partes la ciudad, una, la de mayor tamaño, podría denominarse centro histórico y contienen las principales avenidas y los edificios de las principales instituciones que representan el poder: el ayuntamiento, la cárcel legal, la plaza pública, el convento. Por otro lado, en el margen superior del río(1) se sitúan: la cárcel católica (junto a la guillotina), el zoológico, el cementerio y el taller de Rubén de Loa. Todos estos lugares constituyen un tipo distinto de cárcel, un lugar de confinamiento para lo irracional, para lo que se escapa de la norma: la cárcel católica aprisiona a quienes cometen pecados contra dios, es decir, los pecados vinculados a la carne; el zoológico retiene a los animales, carentes de racionalidad; el cementerio es el lugar de los muertos y, por último, el taller de Rubén de Loa es la zona onírica, en donde se confunde lo conciente con lo subconsciente, en donde el límite de la racionalidad ha sido violado, haciéndose imposible discernir entre lo que es y lo que pareciera ser. Esta descripción es muy parecida a la de Santiago, que, al igual que San Agustín de Tango, ha organizado sus lugares para controlar y aislar todo aquello que se debe corregir o encerrar, disciplinar, para que no afecte el buen funcionamiento del resto de la ciudad. Esta actividad clasificadora y correctiva es semejante a lo descrito por M. Foucalt en el capítulo “Disciplina” de Vigilar y castigar: “distribuir a los enfermos, separarlos unos de otros, dividir con cuidado el espacio de los hospitales y hacer una clasificación sistemática de las enfermedades” . La zona separada por el río constituiría un gran hospital para “mejorar”, o aislar, a todos los “enfermos”: los que pecan contra dios, los animales irracionales, los muertos, los soñadores. Así el río, ya sea Santa Barbara, ya sea Mapocho, constituye un umbral entre lo racional y lo pulsional, entre lo correcto y lo correctible, entre la Chimba y el trazado de damero del casco histórico y, como todo umbral, requiere de ritos de paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Como ya se señaló, Ayer posee dos fuentes de información para el lector: el mapa es una, otra es la narración. De carácter extremadamente racional, las descripciones del narrador reparan constantemente en el paso por umbrales. Cada vez que se llega a un nuevo lugar, el texto se detiene a especificar que se atravesó tal o cual umbral para acceder a un cierto espacio distinto. Esta constante preocupación es una indicación del carácter heterogéneo de los lugares: cada edificio cobija (y comenta) funciones diferentes, así se asiste a constantes rituales de paso entre las locaciones que visitan el protagonista y su mujer, los que están señalados de manera más explícita por el cambio de capítulo entre un lugar y otro. Este ejercicio de paso de una zona a otra es el mismo que tanto preocupa al protagonista y que describe largamente cuando el hermano le propone mirar detrás del sofá: el constante temor (aunque no le guste la palabra) a traspasar los límites de la racionalidad y verse bajo el control de lo sensible constituye una amenaza a la que no está dispuesto a someterse. Así como el mapa de la ciudad representa el carácter la sociedad que la habita, el pensamiento expuesto por el narrador da cuenta de un comportamiento semejante: es necesario marcar límites, señalar diferencias, al final de la narración luego de su ejercicio de rememoración, frente a la amenaza de disolución, el texto señala:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Mi cuerpo se afloja. Se desparrama por encima de las sábanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Hela aquí [su mujer].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Pregunta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       - ¿Llamabas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Antes de que el cuerpo se me gotee o que evoque la guillotina, queda aún un pedacito de tiempo afirmado sobre las tres vastas planicies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       ¡Aprovecharlo apoyándose en ellas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       - ¡Mujer mía –le dije-, coge un lápiz y un papel y dibuja mi cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       - ¿Con qué objeto? – me pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       - ¡Dibuja!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       La esposa de mi corazón dibuja. Mi cuerpo sobre la cama está desnudo. Ella lo pasa al papel con una línea única y negra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       - ¡Cierra la línea! – digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       - ¿Así? – pregunta mostrándome el dibujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       - Así –respondo-. Haciendo formas en todo el derredor, nada se irá jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Es verdad. Ahora mi cuerpo, dibujado allí, está comprimido de todos lados; ahora a vuelto a ser (Emar, 103-104).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Es necesario remarcar las diferencias, trazar el límite, el cuerpo del protagonista no puede mezclarse con el medio: así como la línea dibujada por la esposa, el río separa los lugares heterogéneos de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Esta diferencia materializada en la Chimba y en su temor a ella se encuentra también en otros relatos nacionales: de modo irónico es señalado en El museo de cera de Jorge Edwards, cuando el Marqués cruza el puente y se ve amenazado por los pobres que habitan el otro lado del río. De modo desgarrador y magistral, se encuentra la Chimba en El obsceno pájaro de la noche de José Donoso, en donde se explicita que es muy semejante a un patio trasero dónde tirar lo que no se quiere ver. En Donoso también se encuentra de modo evidente el correlato entre las sociedades y sus ciudades: en El lugar sin límites el cuerpo desgastado de la Manuela, la sociedad denigrada y las casas hundidas del Olivo son metáforas de la misma decadencia, del mismo descender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   San Agustín de Tango, mezcla de ciudad latinoamericana y de un deseo incontrolable de parecerse a París(2), encuentra un eco intra y extratextual simultáneamente, su silueta topográfica, sus circulaciones, el constante y necesario ritual de cruzar el río, las separaciones y sus motivos delatan la sociedad que hace surgir esta novela, constituyéndose, una descripción y una crítica irónica al mismo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;    Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Emar, Juan. Ayer. Santiago de Chile: LOM Ediciones, 1998.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Franz, Carlos. La muralla enterrada. Santiago de Chile: Grupo Editorial Planeta, 2001.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Rebolledo, Raquel. “Pícaras y pulperas: las otras mujeres de la Colonia” En: http://www.uchile.cl/facultades/filosofia/publicaciones/cyber/cyber19/rrebolledo.html, visitado en 5 de Junio de 2005.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;    Notas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   (1) Pequeña nota sobre el Río Santa Bárbara: esa curva que presenta separa y jerarquiza los lugares al mismo tiempo. Los terrenos que se encuentra en el lado “interior” de la circunferencia se encuentra protegidos, en caso de que el flujo se salga del cauce, al casco histórico no le va a pasar nada malo, a lo más una pequeña mojadita. En cambio, el lado que se sitúa por fuera de la circunferencia se ve expuesto a los avatares del clima: las inundaciones ocurren, generalmente, ahí donde los ríos se curvan, si el flujo es muy grande, no alcanza a girar, volcándose, con toda fu fuerza, por sobre el margen exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   (2) Santiago también quiso (quiere) parecerse a París: toda la zona en torno al Museo Nacional de Bellas Artes es prueba de esto. También lo son las locas ideas de hacer del Mapocho un río navegable, así como un Sena o un Rin de Latinoamérica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-3480499875110998328?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/3480499875110998328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/lo-urbano-como-texto-un-acercamiento.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/3480499875110998328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/3480499875110998328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/lo-urbano-como-texto-un-acercamiento.html' title='Lo Urbano como Texto: un Acercamiento a Ayer de Juan Emar'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sl8Jqh0crPI/AAAAAAAAA7o/zS46wfJMwkg/s72-c/16-7-2009+7.7.23+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-5435826655080557444</id><published>2009-07-11T08:10:00.002-04:00</published><updated>2009-07-11T08:12:27.728-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Juan Emar: nuestro gran narrador surrealista</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SliBje0J83I/AAAAAAAAA6A/6fSUu0p2a_k/s1600-h/11-7-2009+8.7.43+1+%5B2%5D.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 238px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SliBje0J83I/AAAAAAAAA6A/6fSUu0p2a_k/s400/11-7-2009+8.7.43+1+%5B2%5D.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5357174203324429170" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(204, 204, 204);"&gt;&lt;a href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family:Tahoma;"&gt;Juan  Emar: nuestro gran narrador surrealista&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:Tahoma;font-size:100%;color:#996600;"   &gt;&lt;b style="color: rgb(204, 204, 204);"&gt;Por Ignacio Valente&lt;/b&gt; &lt;span style="color: rgb(204, 204, 204);"&gt;Artes y Letras de El Mercurio, Domingo 11 de junio  2006&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tajamar Editores ha tenido la feliz iniciativa  de reeditar &lt;b&gt;Diez&lt;/b&gt;, esa auténtica joya de nuestras letras, ya imposible  de encontrar en librerías. Y lo ha hecho, por fortuna, corrigiendo la edición  de 1971, es decir, volviendo al texto original de 1937.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los títulos  de sus tres relatos se distribuyen de esta peregrina manera: cuatro animales,  tres mujeres, dos lugares, un vicio. ¿Un triángulo pitagórico?  En todo caso, una sucesión que nos recuerda el recurso poético llamado  enumeración caótica. Se trata de diez delirios narrativos de substancia  poética, que a duras penas cumplen la condición formal del género  "cuento", por lo maravillosamente  disparatados y desarticulados que son, sin que pierdan por eso la unidad y el  hilo invisible de un buen poema surrealista, porque su loca fantasía no  es nunca arbitraria. Advertencia: ésta es lectura no apta para el lector  cuyo sentido común sea superior a su imaginación poética.  Tal vez por eso siete décadas no han bastado para leer y apreciar a nuestro  autor como se lo merece.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por supuesto, no le han faltado grandes admiradores,  pero es decidor que ellos sean casi siempre poetas: Neruda, Anguita, Teillier...  Neruda lo llamó "nuestro Kafka", metáfora interesante  pero imprecisa, pues Juan Emar no es tanto el sujeto que padece la realidad de  un mundo indescifrable, cuanto un visionario inocente, casi paradisiaco, y más  cercano a la libertad de los sueños que a la opresión de la culpa.  Yo he preferido siempre, dentro de las convergencias metafóricas, aproximarlo  a Henri Michaux, por su plasmación poética del sueño y de  la vida profunda en figuras de fantasía extravagante, y aun de humor metafísico.  La escritura de esta prosa narrativa, seca y a ratos de una objetividad casi científica,  como de inventario o de análisis físico, esconde a un inadvertido  "poeta" de las mejores vanguardias del siglo XX.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Léase,  por ejemplo, este excelente texto surrealista de su cuento "El unicornio":  "El unicornio no se domestica. Cuando divisa al hombre se volatiliza todo  él, salvo su cuerno que cae a tierra y queda recto sobre ella. Luego echa  hojas dentadas y frutos encarnados. Se le conoce entonces con el nombre de El  Árbol de la Quietud. / Sus frutos, mezclados con la leche, son el más  violento veneno para las muchachas en flor. Esto, Marcel Proust lo ignoraba. De  haberlo sabido, se hubiese evitado varios volúmenes./ Las muchachas muertas  así no se descomponen. Quedan marmóreas hasta la eternidad. El hombre  que las contempla en su mármol pierde para siempre todo interés  por toda muchacha que hable, respire y se traslade en el espacio".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Si  es admirable la calidad de este poema, más admirable es el hecho de que,  frase por frase (verso por verso), constituya el argumento del relato, desde la  búsqueda del unicornio en su habitat de Etiopía, pasando por el  envenenamiento de una querida muchacha en flor, hasta las vicisitudes postumas  —artísticas y fúnebres— de la mujer de mármol. En las antípodas  de la prosa poética o del relato ensayístico, Emar ha logrado una  síntesis superior de cuento, poesía y cavilación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando  el narrador teoriza, por ejemplo, no sentimos la habitual molestia de ver interrumpida  la acción. Así en ese pasaje de "Maldito gato", que recuerda  el mito platónico de la caverna: la contemplación metafísica  del triángulo formado por el protagonista, el gato y la pulga, con todo  su filosofar y su poetizar, es parte viva del relato mismo, y en vez de impacientarnos  nos fascina. Otro tanto ocurre en "Papusa" con la iluminación  del misterio sexual en las figuras humanas que se agitan dentro de una piedra  de ópalo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tanto aquel triángulo como esta piedra son un microcosmos  que remite a la totalidad cósmica de una manera inefable. Así ocurre  a cada paso en estos cuentos. A la vuelta de cualquier suceso nimio, Emar alcanza  la visión total, v. gr. "la clara relación entre la configuración  de una ciudad y nuestros más encubiertos deseos", hasta llegar a la  propia conciencia del Gran Todo. Que el universo y la historia, con su aparente  azar y caos, compongan una Gran Figura, secreta  y hermosa, es una idea que asociamos en lo teológico con León Bloy,  pero en lo literario con Cortázar. Sin embargo, en este último es  notorio el aire de simple invento estético; en Juan Emar sentimos la fuerza  de una experiencia vital, la expresión de un auténtico &lt;i&gt;naif&lt;/i&gt;  esotérico, de un visionario inocente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Los cuentos de &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt;  combinan la vulgar odisea del antihéroe que vaga por calles y bares, con  los vuelos del espíritu hacia estados superiores de conciencia a partir  de cualquier anécdota menor. De súbito ésta se proyecta,  mediante la exageración monstruosa, hacia mundos surreales o subliminales.  Pero lo más prodigioso de estas "voladas" —al menos, lo que yo  más admiro en ellas— es que casi nunca, caigan en lo "literario",  en lo "poetoide": su arte es invisible —y de allí su apariencia  de&lt;i&gt; naif&lt;/i&gt;—, su impresión verbal es directa y no mañosa; su  realidad —por fantástica que sea— es envolvente. Aun famosos poetas surrealistas  parecen retóricos y literatosos al lado de Juan Emar. Y con todo, es él  quien más cerca está de la verdadera liberación del inconsciente  y del vislumbre de lo onírico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pocas veces la atmósfera de  los sueños ha encontrado una expresión más pura y lograda  que en el autor de &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt;. Largos fragmentos, incluso cuentos enteros —"Pibesa"  o "El Hotel Mac Quice", por ejemplo— transcurren a la manera de los  sueños profundos, con sus escenarios inauditos, sus encuentros y desencuentros  absurdos, sus sentimientos volátiles y enigmáticos, su ruptura espontánea  y natural de la lógica y de la física, e incluso su ingrávida  suspensión de la responsabilidad moral. Aun lo que parece pesadilla está  ligado a esta libertad de la imaginación en estado salvaje, que es el soñar.  Pero son sobre todo las protagonistas femeninas las que encarnan por excelencia  el clima onírico: son mujeres de los sueños por su belleza y su  encanto etéreos, por su facilidad para entregarse, y también para  desaparecer. Las mujeres de carne y hueso no concentran tan bien como éstas,  a los ojos del varón, el Eterno femenino.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Para ser sincero, después  de tantas décadas de desconocimiento de Juan Emar, no espero gran cosa  de una reedición. Pero siempre es un gozo saberlo de nuevo al alcance de  potenciales lectores, y volver a dar testimonio de los instantes felices que nos  brinda su excentricidad: esa espléndida flor que brotó en el medio,  un tanto grisáceo, de nuestra narrativa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-5435826655080557444?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/5435826655080557444/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/juan-emar-nuestro-gran-narrador.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/5435826655080557444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/5435826655080557444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/juan-emar-nuestro-gran-narrador.html' title='Juan Emar: nuestro gran narrador surrealista'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SliBje0J83I/AAAAAAAAA6A/6fSUu0p2a_k/s72-c/11-7-2009+8.7.43+1+%5B2%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-1619163006476585719</id><published>2009-07-05T21:15:00.002-04:00</published><updated>2009-07-05T21:25:49.154-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos de Juan Emar'/><title type='text'>CON VICENTE HUIDOBRO: SANTIAGO, 1925</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SlFSiXlJMyI/AAAAAAAAA3g/CmzH-nK82GA/s1600-h/vicentehuidobro.gif"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 173px; height: 225px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SlFSiXlJMyI/AAAAAAAAA3g/CmzH-nK82GA/s400/vicentehuidobro.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355152182319067938" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;CON VICENTE HUIDOBRO: SANTIAGO, 1925&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;                                      Juan Emar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la llegada de Vicente Huidobro pensé hacer una entrevista para las Notas de Arte. Propósito algo ingenuo. Huidobro es irreductible al periodismo. Me limito a transcribir sintetizadas sus diferentes opiniones oídas en el curso de largas charlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo ha hablado de Huidobro; todo el mundo en todo el mundo: París, Madrid, Berlín, Estocolmo, Nueva York, etc. Me parece haber llegado el momento de hablar en Chile de Huidobro en Chile.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El creacionismo va tras de crear, en poesía, un hecho nuevo. Creado el hecho, él es nuevo para cualquier ser en cualquier parte. Mas, para nosotros chilenos, él es más que nuevo, es absurdo, abracadabrante, terremoto, porque digamos verdad: aquí en Chile, que yo sepa -salvo aisladas excepciones- nunca he visto ni el intento de comprender las artes como una creación y con relación a la naturaleza como una recreación, como un paralelo. Aquí nos limitamos a hablar o pintar nuestras preocupaciones cotidianas con una fraseología llamada poética o con pinceladas llamadas maestras. Esto es demasiada modestia de parte de los artistas, modestia por no decir otra cosa: resignarse a ser un eco perpetuo de los anhelos insatisfechos de cada buen señor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Donde los artistas están encantados de este simpático rol de victrolas o de puzzles para el aburrimiento diario, caen bien las siguientes líneas de Huidobro que traduzco del artículo «Le Créationnisme» de su libro en prensa Manifeste manifestes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Un poema es una cosa que no puede existir más que en la cabeza del poeta, no es hermoso por recuerdo, no es hermoso porque nos recuerde cosas vistas que eran hermosas, ni porque describa hermosas cosas que tenemos la posibilidad de ver. Es hermoso en sí y no admite términos de comparación. No puede concebirse fuera del libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada tiene de semejante a él en el mundo externo, vuelve real lo que no existe, es decir, vuélvese sí mismo realidad. Crea lo maravilloso y le da una vida propia; crea situaciones extraordinarias que jamás podrán existir en la verdad y a causa de esto deben existir en el poema a fin de que existan en alguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Nada tiene de semejante a él en el mundo externo, vuelve real lo que no existe, es yo escribo: "L'oiseau niché sur l'arc-en-ciel" os presento un fenómeno nuevo, algo que nunca habéis visto, que nunca veréis y que, sin embargo, mucho nos gustaría ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un poeta debe decir aquellas cosas que sin él nunca serían dichas.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entramos a lo esencial del arte, a una cuestión básica, a una cuestión de principio: el artista debe repetir las visiones de la vida o el artista debe volver a crear la vida. 0 victrola o creador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, un vistazo al pasado y no se hallará ni un verdadero artista que con los hechos y cosas de la vida no se haya decidido más que a crear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De un hombre así como Vicente Huidobro, artista, poeta decidido sin términos medios, sin transacciones, es interesante conocer las opiniones sobre el arte de hoy en esa Europa donde los valores chocan, se golpean, caen y suben y donde nunca se cansan de revisarlos y de aproximarse a la más estricta mise en place.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los principales valores poéticos de Europa -me dice Huidobro- son en Francia, Tristán Tzara y Paul Eluard; Arp en Alemania; nadie en Italia ni en Inglaterra, y en lengua castellana sólo Juan Larrea y Gerardo Diego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y en prosa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nadie, y después de nadie en la prosa poética algunas páginas de León Paul Fargue y raras de Louis Aragón y como polemista Georges Ribémont-Dessaignes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pintura?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pablo Picasso, Georges Braque y Juan Gris y no olvidemos a Henri Matisse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Escultura?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lipchitz y Laurens.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y arquitectura?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Jeanneret.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos palabras a propósito de éste. Jeanneret y el arquitecto Le Coibusier Saugnier son una misma y única persona. Este último nombre aparece como el de autor en el libro Vers une aichitecture (G. Cres et Cie., 21, rue Hautefeuille, París), libro que no me cansaré de aconsejar, no sólo a los arquitectos sino a todos los artistas. En ninguna parte he leído tan claramente expuesta la cuestión de «el problema bien planteado» como base de un desenvolvimiento artístico. Pero sigamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una pregunta que siempre hago a cuantos sé que han conocido el movimiento artístico moderno. Ella es como un resumen, como una síntesis de todas las corrientes que hoy se manifiestan:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Hacia dónde tiende en globo como si pudiéramos juzgarlo con un siglo de perspectivas todo lo que tiene valor en el movimiento actual?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pido a Huidobro tiene respuesta corta, clara, que encierre, un último examen, lo que tengan de común los artistas vivos de nuestra época. Huidobro me responde:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tiende hacia el polo más opuesto del naturalismo y del realismo. Se trata de crear una obra que sea bella por sí misma y no por sus semejanzas o reproducción del mundo externo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo este punto de vista, Huidobro coloca como realización del objetivo al creacionismo y al cubismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y el futurismo? le pregunto. Huidobro contesta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No quiero hablar de esa imbecilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y el dadaísmo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha sido una desinfección, una escoba barredora de falsos valores, una higiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro día hemos hablado de Chile. He pedido una respuesta global, la que dé la primera impresión que siente el ausente durante muchos años antes que consideraciones locales, comparaciones y cálculos adapten su juicio al medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dice Huidobro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Primera impresión de Chile? Ningún adelanto. Creer en adelantos es vivir de ilusiones. Siempre las mismas caras tristes. La gente baila llorando y me han dicho que en el Parque Forestal a las parejas las alumbran los guardias con una linterna...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, pero... al fin y al cabo el baile y las linternas no son...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Son! Una linterna en si no representará gran cosa, pero sí representa un valor como símbolo de la mentalidad de un país. Es un síntoma de la idiotez reinante. Querer reducir toda una ciudad a un patio de colegio jesuita vigilado por el paco de la esquina y que 500.000 habitantes queden tan tranquilos, significa más que una linterna sola, significa un síntoma de enfermedad mortal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Un remedio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No veo otro más que la inmigración. Para hacer de Chile un país grande, el grito de guerra de todo verdadero patriota debe ser: ahogar, confundir al criollo en sangre rubia del norte de Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro día, hablando de arte Sur-Americano:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hay de cierto de los triunfos suramericanos en Europa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Mentira! La opinión que hay en Europa sobre las artes y letras suramericanas es que ellas se arrastran peniblemente tras las europeas. Por desgracia, esto es cierto; prueba de ello es que no se ha visto nunca a ningún suramericano que haya sido iniciador de una nueva estética o teoría filosófica, ni que haya participado en algún movimiento europeo, cuando el movimiento se desarrollaba. Los suramericanos, sea por falta de temperamento o por ignorancia o cobardía -no lo sé-, viven con años de años de retraso, meciéndose en dulce pereza intelectual. Así, el Romanticismo aparece aquí cuarenta años más tarde que en Francia; el Simbolismo, veinte años; el Impresionismo, treinta años; etc., etc. En resumen, aquí sólo se aceptan los cadáveres y los museos. ¡Al menos si entendieran «la lección del museo», que es evolución constante! Pero no. ¡Existe la eterna desconfianza criolla... Creo que en América desde el polo norte al polo sur, sólo ha habido dos poetas: Edgar Poe y Rubén Darío. Lo demás: arpegios de loros!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué más sobre nuestras letras?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Una cosa que he notado al recibir de varios poetas jóvenes de distintos puntos del país, sus revistas y libros. Veo que aún síguese aquí con la creencia de la poesía grandiosa, vigorosa, hecha por el simple empleo de adjetivos y sustantivos inmensos, confundiendo la fuerza externa, la grandilocuencia y la declamatoria, con el verdadero vigor. Creen algunos que por hacerse una pequeña lista de sustantivos y adjetivos formidables, que por decir: «huracán, infinito, montañas, planetas, destino», ya son grandes, cuando la verdadera fuerza consiste en ser fuerte sin necesidad de usar nada fuerte. Rafael es más fuerte al pintar la mano de una madona que un pintor yanqui pintando los biceps de Jack Dempsey. En este caso, la fuerza está en Dempsey y no en el pintor. Creer lo contrario, es una simple confusión de valores. Lo «colosal» es siempre débil por ser infantil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay que dejarse dominar por los elementos. Los poetas de aquí me dan la impresión de seres aplastados por lo inmenso. La verdadera fuerza consiste en dominar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas palabras me recuerdan la frase dicha por Huidobro en una conferencia, frase que fue aplaudida por la juventud intelectual que le escuchaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Un poema es una partida de ajedrez jugada contra el infinito.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas cosas más me ha dicho Huidobro. Por el momento terminemos. Ya seguiré anotando sus ideas para próximas crónicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;[La Nación (Santiago de Chile), 29 de abril de 1925]&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-1619163006476585719?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/1619163006476585719/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/con-vicente-huidobro-santiago-1925.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/1619163006476585719'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/1619163006476585719'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/con-vicente-huidobro-santiago-1925.html' title='CON VICENTE HUIDOBRO: SANTIAGO, 1925'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/SlFSiXlJMyI/AAAAAAAAA3g/CmzH-nK82GA/s72-c/vicentehuidobro.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-1239660395483874428</id><published>2009-07-04T08:36:00.002-04:00</published><updated>2009-07-04T08:40:27.670-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>Juan Emar, ese desconocido</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sk9NNsqPFaI/AAAAAAAAA3Q/A095GHLdQRg/s1600-h/0,,1_44122107_244,00.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 244px; height: 344px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sk9NNsqPFaI/AAAAAAAAA3Q/A095GHLdQRg/s400/0,,1_44122107_244,00.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354583379688756642" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Juan Emar, ese desconocido&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Jorge Teillier&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;[En La Nación, Santiago, 8 de Octubre de 1967, pag. 5]&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Tomado de "Jorge Teillier: Prosas" Editorial Sudamericana, 1999&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ayer por la mañana, aquí en la ciudad de San Agustín de Tango, vi, por fin, el espectáculo que tanto deseaba ver: guillotinar a un individuo. Era el mentecato de Rudecindo Malleco, echado a prisión hacía ayer seis meses, por la que se juzgó una falta imperdonable."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿San Agustín de Tango?, se puede preguntar alguien que ignore la geografía de Juan Emar. He aquí su respuesta: "San Agustín de Tango, ciudad de la República de Chile, sobre el río Santa Bárbara, a 32 grados de latitud sur y 73 grados de longitud oeste. 622.708 habitantes. Catedral, basílica y arzobispado. Minas de manganeso en los alrededores".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta mítica ciudad se desarrolla la acción del mejor libro de Juan Emar, Ayer, escrito en 1934. Una ciudad cuyo bar más importante se llama "Taberna de los Descalzos", cuya bebida es el tilo, en donde la plaza es una especie de circo, en donde hay un zoológico poblado de decenas de especies raras, entre las cuales se cuenta el Perenquenque, en donde el autor y su esposa viven un día de aventuras extraordinarias, tan extraordinarias como todas aquéllas que ocurren en los cuatro libros de Juan Emar, especies de viajes al otro lado del espejo de la realidad cotidiana, distorsionada sobre todo por un peculiar humor de catástrofe, semejante en mucho al de los Hermanos Marx (sobre todo en "Sopa de Patos", "Una noche en la Ópera") a los cuales, al parecer, admiraba. Juan Emar se puede declarar de una vez, es uno de los pocos autores nuestros que ha logrado crear un mundo particular, en el cual nos gustaría a veces entrar como a los cuadros del período metafísico de Chirico o a su "Hebdomeros" y, sin embargo, no se arriesga nada en afirmar que Juan Emar es un escritor virtualmente desconocido, no sólo del gran público, sino que de este millar de personas que sigue el desarrollo de la literatura chilena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal ves esto se deba a que es un escritor excéntrico, que se mueve en una órbita que no es la usual de nuestra literatura (como tampoco de la latinoamericana). Escritor lúdico, de gratuidad desmesurada y rabelesiana, que se divierte en escribir y "epatar" y no consulta nada, sino el libre fluir de su imaginación, no es raro que no hallara eco, por una parte, en la adustez castellano–vasca (tomemos este término de Encina trasladándolo a la literatura) y, por otra parte, surge cuando predomina la prosa naturalista, el criollismo, la literatura de reivindicación social de la década del 30, en donde no había en bando alguno humor para preocuparse de un autor tan insólito como Juan Emar, cuyo único antecedente en las letras chilenas vendría a ser el Vicente Huidobro de las Novelas Ejemplares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién se iba a preocupar de un libro como Miltín en donde los personajes se llaman el capitán Ángol, el doctor Quilpué, el poeta Javier de Licantén, Rubén de Loa, Matilde Atacama, etc.? En donde el autor, en un viaje espacial, llega a encontrarse con el Padre Eterno, que entre otras tiene las siguientes características: "El libro que lee Dios es El Lector Americano./ Dios no acepta los deportes. A lo único que juega/ es al escondite. Mas los domingos por la tarde juega/ al jacquet y pierde siempre./ Dios prefiere la cerveza a todas las bebidas./ El paraguas de Dios es igual al de Víctor Hugo./ Su bastón, igual al de Pablo de Rokha./ Dios representa 75 años".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un libro en donde el autor se preocupa de dejar muy bien establecido que la crítica chilena nada vale, y expresa: "Pero todo lo del señor Alone me aburre. Es como una planicie interminable, sin árboles, sin ondulaciones, sin arroyos, sin seres, sin cielo. Y así por el estilo se trata a los demás críticos, tanto literarios como pictóricos. Pues Juan Emar fue pintor de avanzada, y Rojas Giménez escribió alguna vez (En su Chilenos en París), que viajó a Francia junto a Paschín Bustamante, seducido por las teorías sobre estética que explayaban cada tarde Juan Emar y Vargas Rosas en los bajos del Restaurante Becquer (de paso diremos que Paschín viajó nada más que "con dos libras esterlinas amarradas en la camisa"). Toda esta excentricidad contribuyó a que Juan Emar fuera paulatinamente olvidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí se puede entrar en otro tema; implícito, sin embargo: la valorización y difusión de los autores chilenos está casi en absoluto en manos de críticos y profesores que con sus cánones configuran una literatura oficial, que es, como dijera José Bergamín, una literatura "de cubierto" y no "a la carta" como son las desarrolladas. Quien está fuera de "cubierto" es tardíamente reconocido. Así sucedía con Pablo de Rokha que debió luchar por difundir su obra personalmente, así sucede con Braulio Arenas, cuyo libro "Visiones del País de las Maravillas", uno de los más hermosos de nuestra poesía y prosa, y digno de cualquier latitud, no ha recibido ni siquiera un comentario. De la biografía de Juan Emar poco sabemos. No aparece ni en Panoramas ni en Diccionarios. Nos han contado que los últimos años de su vida los pasó en un fundo de las cercanías de Vilcún, la cordillerana villa de Cautín, entregado a escribir interminablemente una interminable obra que su familia espera publicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que ciertos movimientos sísmicos en el medio nos indican que los ánimos están dispuestos para encontrar la gracia de las obras abiertas y experimentales de la prosa, es de esperar que, sin salir de las fronteras, se observe la obra tan chilena y jocunda de Juan Emar, cuyos libros por misteriosos azares llenaban los polvorientos estantes de la calle San Diego (junto a &lt;a href="http://witoldgombrowicz.blogspot.com/"&gt;Ferdyduke de Gombrowicz&lt;/a&gt;, entre otros), y que halle, al fin, los lectores y la repercusión que tardíamente debe estar esperando junto al Padre Eterno a quien una vez entrevistó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-1239660395483874428?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/1239660395483874428/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/juan-emar-ese-desconocido.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/1239660395483874428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/1239660395483874428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/07/juan-emar-ese-desconocido.html' title='Juan Emar, ese desconocido'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sk9NNsqPFaI/AAAAAAAAA3Q/A095GHLdQRg/s72-c/0,,1_44122107_244,00.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-4708197470907333340</id><published>2009-06-26T12:52:00.003-04:00</published><updated>2009-06-26T13:06:04.567-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>LA SITUACIÓN DE UMBRAL, DE JUAN EMAR</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_PTyUDviuB6c/SkT_3loqOMI/AAAAAAAAAFI/pvonPvNgk1g/s1600-h/26-6-2009+12.6.18+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 316px; height: 172px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_PTyUDviuB6c/SkT_3loqOMI/AAAAAAAAAFI/pvonPvNgk1g/s320/26-6-2009+12.6.18+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5351683587683530946" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;LA SITUACIÓN DE UMBRAL, DE JUAN EMAR&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;por Adriana Valdes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;"Después del almuerzo me fui al salón con mi amigo&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;Eduardo Barrios ajugar una partida de nuestro dominó. Digo&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;"nuestro", pues en un dominó inventado por nosotros dos, hace&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;algunos años, durante las largas tardes y noches invernales..."&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;(Umbral, pág.286)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;..... Tan extraño aparece en Umbral (1) la mención de Eduardo Barrios, que el nombre del novelista chileno se hace más insólito que el de los personajes con nombres geográficos que puebla la narrativa de Juan Emar: Guni Pirque, Lorenzo Angol, Rosendo Paine, Viterbo Papudo. Parecen inimaginables las partidas de dominó entre dos escritores cuyo aire, cuya tierra, están aparentemente hechas de sustancias tan distintas. Sin embargo, al menos en lo que se refiere a parte de Umbral y parte de Gran Señor y Rajadiablos, puede suponerse sin gran error que fueron en parte la misma tierra y el mismo aire, los del fundo La Marquesa (cerca de Leyda) los que afirmaron y se respiraron al hacerse estas dos obras. Una de ellas siguió el camino que todos conocen en Chile. La otra viene a publicarse más de diez años después de la muerte de su autor, más de treinta años después de la publicación de sus libros anteriores (2), y revive la extrañeza tal vez desdeñosa, tal vez aterrada con que puede justificarse el silencio de la crítica de entonces: "la propuesta de Juan Emar resultaba excesiva para las limitaciones del medio" dice Pedro Lastra con justeza en su "Rescate de Juan Emar" (3).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Situación literaria de Juan Emar&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... Novela escrita de espaldas: Umbral puede empezar a describirse, en un primer acercamiento, por todo aquello que niega e ignora. La tradición narrativa chilena, en primer lugar (es una de las cosas que lo hace inimaginable en un dominó, cara a cara, con E. B.). Con ella, el interés por dar cuenta o testimonio de la realidad externa, tanto natural como social o psicológica. En cambio, existen sin duda puntos de contacto entre lo que sucede en poesía con los vanguardismos -especialmente el creacionismo y el ultraísmo- y la obra narrativa de Juan Emar. Creo que parte importante de este contacto lo constituye el hecho de que Alvaro Yañez Bianchi -nombre sustituido por Jean Emar (Jén ai marre, como pone en uno de los cantos bajo la ducha de su personaje central de Umbral, Onofre Borneo) hacia los años veinte, y luego por Juan Emar- haya vivido varios años en Europa y vuelto a ella en diversas oportunidades. Si bien los pocos datos biográficos que conocemos apuntan sobre todo a una vida "de cabaret", como dice su coetáneo Maréchal que fue la suya propia al llegar a París (4), esos viajes dan tal vez el impulso primero hacia el horizonte narrativo que determnará la forma de escritura del autor, ajeno a la exigencia de una crítica y de un público chileno que en gran medida conformaron las otras narraciones de la época.&lt;br /&gt;..... Su narrativa establece una mayor relación con los enunciados programáticos publicados en los Manifiestos de Huidobro, editados en 1925, o en el Manifiesto de Martín Fierro (1925), redactado por Oliverio Girondo, textos éstos que se refieren preferentemente a la poesía. Sin embargo, algunas de sus frases, su tono general, parecen prever a Juan Emar. El diagnóstico del lugar donde se da entonces la literatura, según el Manifiesto de Martí Fierro, por ejemplo, podría ser el lugar donde luego deberá ubicarse Emar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   "Frente a la impermeabilidad hipopotámica del ' honorable público'.&lt;br /&gt;   "Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático, que momifica cuanto toca.&lt;br /&gt;   "Frente al recetario que inspira las elucubraciones de nuestros más ' bellos ' espíritus y la afición al ANACRONISMO y al MIMETISMO que demuestran.&lt;br /&gt;   "Frente a la ridícula necesidad de fundamentar nuestro nacionalismo intelectual, hinchando valores falsos que al primer pinchazo se desinflan como chanchitos..." (5)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... Frente a todo ello, Emar elegirá dar la espalda, ignorar. Tras la escasa o negativa recepción de sus libros en 1935 y 1937, se dedicará a Umbral, texto de cuya publicación dudaba él mismo, y que lleva en su propia estructura los signos de la cerrazón y de la prescindencia frente a un posible receptor ajeno a los que el mismo texto inventa.&lt;br /&gt;..... El joven Jean Emar de los años de la publicación de los Manifiestos de Huidobro y del Manifiesto de Martín Fierro escribiá también entonces sobre el mismo rechazo al medio literario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   " ... aquí en Chile, que yo sepa -salvo aisladas excepciones- nunca he visto ni el intento de comprender las artes como una creación y con relación a la naturaleza como una re-creación, como un paralelo. Aquí nos limitamos a hablar o pintar nuestras procupaciones cotidianas con una fraseología llamada poética o con pinceladas llamadas maestras. Esto es demasiada modestia por parte de los artistas, modestia por no decir otra cosa (...). Entremos a lo esencial del arte, a una cuestión básica, a una cuestión de principios: el artista debe repetir las visiones de la vida o el artista debe volver a crear la vida. O victrola o creador. " (6)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... Su obra recoge estos ecos de Huidobro y de su tiempo y situación; constituye una ruptura con la narrativa chilena vigente entonces y por mucho tiempo después, y sus signos son los de una "imaginación que arrasa con la simple sensibilidad"; "crea situaciones extraordinarias que jamás podrían existir en el mundo objetivo" (7) y que sólo pueden , entonces, existir en la literatura. El creacionismo buscaba la libertad de la imagen poética. Esta liberación la logra Emar en las situaciones que aparecen en su narración. A ello debe agregarse una desbordante potencia imaginativa unida a un humor irresistible, cruel, rasgos ambos que lo vincularán al surrealismo.&lt;br /&gt;..... Un paréntesis acerca de las lecturas de Juan Emar. "En lo que a letras se refiere" -dice en Umbral (pág. 175)- "es preferible respirar a leer". Nada tiene de lector "ornitologo", es decir, el que puede decir "tomo un libro... lo abro en la primera página, lo leo entero y no me detengo hasta leer la palabra fin" (8). Sus libros suelen citar o comentar párrafos aislados, separados de todo contexto, que le sirven sobre todo como punto de partida de elucubraciones que muy luego los olvidan. Entre los textos y los libros parece establecer las mismas azarosas jerarquías y ceremoniales que se producen entre sus personajes y sus situaciones, y puede, según Braulio Arenas, otorgar la misma atención absorta, la misma cantidad de meditación, a una novela de Agatha Christie que al más complicado estudio científico. En Ayer se refiere a un método para conocer a un libro, opuesto al de los "ornitólgos" y "grato, gratísimo a los malos poetas": consiste en comprar un libro, mirarlo, hojearlo, decir que está ahí, leer una frase cualquiera en cualquier página, atisbar la expresión de los demás: "nadie lo lee, pero se vive en su atmósfera. Al cabo de un mes, cada uno de nosotros da una conferencia sobre el libro y autor". Lo que importa no es qué se lee, dirá en Umbral a propósito de su personaje Lorenzo Angol: "el contenido intrínseco de libros y estampas es, en este caso, de importancia secundaria, porque lo que importa es que ayuden a ponerse en ese estado peculiar de ánimo en que prima la atracción por alejarse del mundo, por replegarse en sí fuera del roce de los demás hombres. Y este estado no está precisamente en el contenido de estampas y libros: él fluye a través de ellos y fluye según los temperamentos y según el grado de desarrollo de cada persona." (Umbral, pág.44). Si es cierto que la literatura proviene de la literatura, la narrativa de Juan Emar toma tal vez aquí su excentricidad no sólo frente a la cultura en uso, sino frente a toda la cultura, y el aire de extrañeza que envuelve sus personajes, más parecidos, para mí, a las figuras de Magritte que a cualquier pariente escritural. Como su personaje Onofre Borneo por el Louvre, Juan Emar se pasea por la literatura "para estirar las piernas". De ahí el caracter sui generis de sus simpatías y diferencias literarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El narrador y sus máscaras&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... En relación con el resto de la obra de Emar, Umbral (es decir este Pilar, el único que conocemos, de un total de tres pilares y un dintel, y más de 4500 páginas, que esperan la publicación emprendida por Carlos Lohlé) se distingue por la explicitación y elaboración de una instancia narrativa. El problema de la relación entre narrador y personajes, implícito en otros textos, es objeto aquí de una minuciosa atención. Con el pretexto de contar cuentos a Guni Pirque, "niñita que se aburre", Onofre Borneo le explica, con paciencia, reiterativamente, cuál es este mundo cuyo umbral se le invita a franquear (véanse las páginas 117 y 150). Es el mundo de los fantasmas, "un mundo que en todas partes está, que interpenetra al nuestro... Su acceso es cualquier intento por vivir de otro modo"; la dificultad para entender los códigos que rigen dicho mundo, junto con la falta de "la voluntad de hierro para cruzar ese umbral y hacer de fantasmas compañeros" es la clave de muchos casos de locura. De este mundo surgen uno a uno los personajes, movidos por las necesidades partenogenéticas del discurso del narrador, cuyo papel, se dice, es desencadenar, simplemente, mientras los personajes toman entonces la vida por su cuenta.&lt;br /&gt;..... Tal vez no sea necesario, sin embargo, tomar al pie de la letra esta última afirmación del narrador, Onofre Borneo. Un indicio: en Diez, libro de 1937, aparece la misma historia llamada "El Pájaro Verde", que figura asimismo, y sin variaciones, en Umbral. Pero en Diez el protagonista se llama Juan Emar; en Umbral en cambio, es Rosendo Paine, personaje inventado por Onofre Borneo, narrador a su vez de una historia inventada por Juan Emar, seudónimo de Alvaro Yáñez. (Cristián Huneeus, quien vio los manuscritos de Umbral, indica que en ellos el nombre del narrador, antes Juan Emar, había sido constantemente tachado y sustituido por el de Onofre Borneo (9). Se produce entonces una figura como la que sigue:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_PTyUDviuB6c/SkT_3loqOMI/AAAAAAAAAFI/pvonPvNgk1g/s1600-h/26-6-2009+12.6.18+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 316px; height: 172px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_PTyUDviuB6c/SkT_3loqOMI/AAAAAAAAAFI/pvonPvNgk1g/s320/26-6-2009+12.6.18+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5351683587683530946" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;..... Lo curioso de ello es que la historia -"El Pájaro Verde"- cambia de protagonista sin alterar ni una coma. Una vez asumido el primer personaje ficticio, el del autor literario, que se distingue por el seudónimo, de una persona "real", el resto de las "personas" recobran su sentido teatral: son máscaras. Y también momentos de un devenir, eslabones del encadenamiento temporal que existe también en el mundo de los fantasmas, un mundo en que un hecho suscita otro, en que un personaje necesita de otro a medida que surge de una oposición con el narrador, Onofre Borneo de la cual éste decide retirarse:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   "Automáticamente, entonces, para conservar mi desprendimiento, mi libertad, el personaje se quebró en dos. Cedí mi rol propio a Lorenzo. Lorenzo necesitó entonces a quien hacer vivir: otro personaje se impuso. Bien. Se lama Rosendo Paine.&lt;br /&gt;   "Hedejado de ser uno de los polos, pues ambos quedan fuera de mí. Ahora puedo tomar el rol sencillo del narrador." (Umbral, pág.13).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... Estos personajes máscaras no sólo representan y ocultan: también físicamente alejan y protegen. La figura que recién se vio es otra si se mira, no desde el narrador, sino del lector; en ese mismo caso, tendremos que la cáscara exterior está hecha de la máscara de un personaje que, arrancada ésta, aparece otro personaje que roto éste aparece un seudónimo, y que ya cualquier referencia a una persona "real" se perdió por el camino o sólo puede darse en el dudoso y borroso terreno común que comparten las máscaras. Esto permite al narrador la paz. Delegar en otros la tarea de vivir (como los personajes de Villiers de L´Isle Adam preferían dejar a sus criados vivir la vida en su lugar) permita el lujo del observador . Para entender lo que sigue, hay que recordar que el pobre Lorenzo Angol está librando, en su torre, una espantosa batalla con los fantasmas, o "diablitos", como prefiere decirles Guni.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   "Vea, más bien, para claridad del hecho, cómo arremeten contra su presa, cuál es la táctica que en práctica ponen. Podemos verlo desde nuestra propia paz: ostras, vino... la gente que habla y habla sin cesar. Guni, ¡qué paz la nuestra! Podemos coger nuestro microscopio y enfocarlo sobre la Torre de la Cantera." (Umbral, pág. 48).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... La labor de crear estas situaciones y personajes es una labor de "desprendimiento", como dice el narrador; una sucesiva liberación de la tarea de vivir, encomendada, como en una galería de espejos, a una serie de personajes que "toman la responsabilidad de todo hasta el ridículo", como Desiderio Longotoma a comienzos del texto, y hacen así posible que el narrador se coloque en general a una prudente distancia -vivencial, por lo menos- y en situaciones cómodas muy puntuadas por confortables aperitivos y comidas en restaurantes discretos y con buena compañía. El mundo de los fantasmas se exorciza endosándolos a nuevos fantasmas, en círculos infernales cada vez más alejados del narrador. Sin embargo hacia el final, donde, como se verá, se emprende la destrucción de la situación narrativa, el narrador destruye también su propio sitio, y llegamos a verlo "suspendido en un rincón junto al techo", "con una presencia de araña invisible" (Umbral, pág. 236). Destruye así también su encarnadura provisoria de hombre de buen vivir, transformándose en demonio ubicuo, sardónico e invisible: dejando de lado, para mostrar que se puede, hasta la última máscara que se permite en el texto.&lt;br /&gt;..... El texto da la espalda, también, a una relación con un lector virtual "real": no produce signo alguno de adecuación a las preferencias de ese lector, y las contraría, en cambio, a cada paso. Para ello le es necesario crear su propio destinatario, perteneciente también al mundo de los fantasmas y con ellos sometido absolutamente a la voluntad del narrador. Guni Pirque es "lector hembra" por excelencia -acomodaticio, algo estúpido, quiero decir, para seguir la línea del texto y de esa ya antigua denominación de Cortázar. La presencia de Guni permite realizar actos de pretendida comunicación, hablar en segunda persona, transformar formalmente en diálogo lo que no es sino una reflexión del texto (re-flexión) sobre sí mismo: Guni Pirque hasta permite amar sin la interferencia del otro, que perturbaría el monólogo. A ella, fantasma suscitado, se le habla cómo baila uno de los personaje: "apretándola, a la que fuese, con voluptuosidad y ternura" (Umbral, pág. 185). Ella permite desechar las formas de remitirse a un público que había dado muestras de su carácter "hipopotámico".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Huida e invención de un tiempo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... Hay una frase en Umbral (pág. 110) que reúne el solipsismo de la narración a Guni con otra forma más de alejamiento de la situación narrativa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   "Por lo demás, vuelvo de este modo a mi primer y único intento: contarle a usted como a un niño, un cuento que se le antoje inverosímil y que, por tal, le divierta siempre, le abisme a veces y le acalle por algunas horas, con su bulla y lucubraciones, los estampidos que hoy todo lo llenan".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... Para entender este "hoy" es necesario decir que el texto separa explicitamente dos momentos. Uno es aquel en que transcurren los sucedidos de Rosendo, Lorenzo, Viterbo, etc., y que es el principal tiempo de la historia; el otro es el tiempo de la narración, definida como la instancia en que se está produciendo el discurso narrativo (10). El primero se ubica en 1926; el segundo, en 1941 (veáse Umbral, pág. 170). El mismo narrador marca la diferencia en el capítulo 15 del libro. En 1941 -fecha en que, hasta el año nuevo de 1942, el narrador escribe a Guni-, la realidad consiste "en las matanzas y el estampido de los cañones" (pág. 105).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   "De allá, del otro lado, lejos, venía hasta mí el estampido de cañones, bombas, torpedos, y que sé yo. Y también las notas agudas de los aullidos humanos.&lt;br /&gt;   "¿No deben nuestros hijos crecer en la realidad del momento de sus vidas? ¿Qué es una torre de un fundo chileno cuando las torres venerables de allá se van desplomando en llamas? ¿Qué es una bóveda cuando las otras sirven para proteger a otros hijos de la muerte?" (pág. 104).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..... En ese capítulo notable, la lucidez de Juan Emar frente a su acto narrativo se manifiesta más allá de toda la reflexión literaria de su tiempo. La narración pone de manifieto todos sus mecanismos, todas sus coartadas, sus defensas, sus pobrezas, su poder de creación y de dominio sobre circunstancias y personajes, y junto con ello se sitúa en su posición de real insuficiencia frente a aquellos aconteceres que la sobrepasa, de huida que encarna, no la acción humana que interviene, sino tal vez la más especificamente humana de las actividades desplegables: la de separarse de lo inmediato mediante la imaginación. Onofre explica a Guni por qué no ubica sus historias aquí y ahora, en el momento que narra, sino en "el misterioso período 18-39", fecha de las grandes guerras, "dos altos farellones, frente a frente, dejando entre ellos un precipicio sin fondo... un descanso, un paréntesis, un entreacto... un acercamiento de un porvenir que se precipita, que todos temen y que creen aplazar con bulla -me dije- con mucha bulla y con lucubraciones sin fin" (pág. 107). La lectura de todo el capítulo muestra el proceso de distanciamiento: el año 1926 de la historia termina viéndose, no como una fecha más, sino como el signo de un tiempo de nunca jamás, un alejamiento incluso espacial: "idos en busca de otros soles" (pág. 109). Esta desrealización del tiempo, esta transformación del tiempo en espacio, coloca a Umbral en lo que el narrador llama paradójicamente un tiempo "vivo": el del apartamento, del ámbito temporal inventado que corresponde al mundo de los fantasmas y que, como los otros elementos de la situación narrativa, tiene la función de diferir y alejar un aquí y ahora explícito, pero inasimilable, y por ello rechazado. La narración, que ha inventado su propio narrador y su propio narratario, inventa también su propio tiempo, dando con ello una nueva señal de la narrativa como situación de apartamiento. El acto de narrar e también un dar la espalda a la historia, y su "mucha bulla y lucubraciones sin fin" un medio de aplazar el inevitable encuentro con el porvenir.&lt;br /&gt;..... Podrían seguirse rastreando en el texto las huellas de la situación del narrador, y daría para largo ir señalando cómo, a la manera que explica la cita (de Sir James Jeans) en su página 169, el texto se hace conscientemente una "mala linterna". No es del caso entrar en explicaciones del contenido de la cita; su sentido general es que, en la ciencia moderna, la exactitud es imposible, y sólo la mala linterna, colocada "a media distancia entre las dos faces" nos da una "aceptable nitidez". "Con una linterna perfecta no podríamos hacer lo mismo: mientras mejor enfocásemos sobre una faz, más borrosa nos parecería la otra faz". Así, el texto se refiere a la escritura en forma indudable pero oblicua y contradictoria: el "hedor masturbatorio" de la soledad de Lorenzo Angol, espectador de la vida; en su "refugio" en el arte, claudicación de los incapaces de jugarse en la vida; en la experiencia del opio en Rosendo Paine, cuya percepción de la "armonía total" invalida la noción de una obra, pero que se resuelve en un "hay que comunicarse con los vivos, hay que dar a luz" (pág. 142). También, y en una visión retrospectiva que nos dan las lecturas sobre un boom narrativo inimaginado por Emar, podemos ver es sus "fantasmas" o en los "diablitos" de Guni los sardónicos antecesores de otros "fantasmas" y "demonios", más jóvenes pero presentados con mayor énfasis declamatorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Autoparodia y humor negro&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;..... No quisiera, sin embargo, gastar el poco espacio que me queda sin referirme al carácter autoparódico de este texto, al humor negro que empieza a enseñorearse de la narración poco después de la mitad. Desde la página 167 comienzan ciertos síntomas: los personajes ya no se escinden (como Lorenzo y Rosendo) frente a alternativas "existenciales", sino que la misma operación se repite por motivos cómicos, como diversión (Viterbo 1 y Viterbo 2 se escinden para gozar a la vez de los favores y de los desprecios de la damita X, para gran frustración de Onofre, también interesado en ella, y que tiene que contentarse con una "plañidera canción en la noche"). Luego el mismo narrador parece aburrirse de la larga historia de Rosendo Paine y el opio, y soluciona todo mediante un llamado por teléfono en que en tres líneas dice cualquier cosa -evidentemente- para despachar ese asunto y dedicarse a otro, en este caso "El Pájaro Verde", una de las narraciones del libro Diez. (Según parece, Umbral reunirá también los textos anteriores). Rosendo Paine -aquí protagonista de ese relato dentro del relato- se transforma en uno de los personajes grotescos de Diez, empieza a parecerse, también, al narrador de Ayer. Van disminuyendo las "lucubraciones" -o reemplazándolas por otras cada vez más cómicas- y apareciendo los elementos insólitos, fantásticos y ridículos, ante los cuales los personajes responden con una aterrada y estereotipada cortesía ("servidor de usted") que instaura demenciales ceremonias en el seno del caos. Se vuelve al tono de textos publicados antes de Umbral por Juan Emar, pero en este caso se aplican a la parodia de la situación narrativa que antes el texto se dedicó a construir.&lt;br /&gt;..... Aparecen los motivos típicos del grotesco. Palemón de Costamota, quien "vestía a la usanza de 1900" y se declaraba literato, se hace una venia con Onofre Borneo y procede a explicarle una peregrina teoría sobre los personajes de ficción, lo que lanza a éste en otra "lucubración" más, pero, en esta situación, cómica también: "...potencialmente, todo está en todos. ¡Sumergido, sí, por cada tónica individual! Más, a través de esa tónica, un atisbo siquiera, un asomo del opuesto, del opuesto..." (pág. 201), y de allí a la disolución de las oposiciones de los personajes, el teatro en que el grotesco se desenfrena. Onofre invita a Guni al teatro, en una mascarada en que todos los personajes se reúnen y hacen la caricatura de sí mismos, desde el escenario y desde el público, entre los guignolescos efectos de una escenografía de un teatro onírico de títeres. La voz cantante de este drama de "autor desconocido" lo lleva el tenor Palemonne, y hasta la paciente Guni rompe su imagen permitiéndose el atrevimiento de hablar, a lo cual el narrador reponde reiteradamente: "Calladita estése" (pág. 259), manifestando su malévolo gozo en poner en evidencia la situación desde la que narra. Uno de los ejemplos de "verso creador" que proponía Huidobro en "El Creacionismo" era éste: "Al silbar tu cabeza se desinfla". Es lo que sucede con la máscara que la narración se dedicó a construir.&lt;br /&gt;..... La aplicación de esta autoparodia a las muchas "lucubraciones" que contiene el texto, junto con su carácter de apartamiento, diversión, diferimiento frente a una situación real, hace que las reflexiones empiecen a verse a través de la "mala linterna" -la única posible, dada la inexactitud general, el permanente margen de error que Sir James Jeans quiso ver en la naturaleza- de la que antes se habló. Este grotesco holocausto final es también el holocausto de la posibilidad de conocimiento, la risa ante los "ejercicios espirituales", su función dilatoria y sustitutiva: la misma inteligencia que los elaboró puede complacerse en negarlos, desde la situación narrativa y desde la multiplicidad de opiniones que pueden ofrecer los personajes y, finalmente,en reducirlos al absurdo de la propia autoparodia. Hay atisbos de todo los conocimientos en Umbral, y muchos de ellos son precursores y también fascinantes. No conviene, sin embargo,olvidarse del marco de parodia en que los encierra el propio autor, asumiendo la ridícula solemnidad de uno de los personajes, tomando al pie de la letra lo que se dice con guiños.&lt;br /&gt;..... El tenor Palemonne dice: "Paso ahora mi tiempo en la alquimia de los personajes literarios, ya que perdí, por falta de buena colaboración, la eminente alquimia de las mujeres..." (pág. 278). La reductio ad absurdum de los temas y las motivaciones se lleva al paroxismo desde allí hasta el final. La vida de Onofre Borneo, los "temas de mi pasado gris", las planchas pueblerinas a que se limitaron sus "experiencias místicas", sus fracasos y módicos intentos en el juego y en el amor -y aún en éste por interpósita persona, último rasgo del pudor- dan origen a la sonrisa del grotesco, el rictus doloroso, la risa y el estremecimiento. Porque Umbral permite medir cuánto es lo que aquí está terminando en nada, autodevorándose, autonegándose. Es el humor negro "como manifestación del desdoblamiento propio del espíritu que, viviendo en este mundo, no es de este mundo y registra, con impávido rostro,el movimiento de la vida" (11): la perspectiva grotesca de la mirda fría, en que el mundo es como tanta veces en literatura -un teatro, y las personas, máscaras. Esta narración cruel pone su propio esfuerzo de salvaci´n -el mundo tan cuidadosamente elaborado- como objeto de su risa sardónica.&lt;br /&gt;..... Si se vuelve atrás, al dominó del cual partimos, Juan Emar -hombre vuelto a Europa, en un primer momento, y luego vuelto de espaldas a todo, dedicado a construir el Umbral de otro mundo- representa, como se ha dicho, una total extrañeza en la narrativa chilena de esa época, y con ello también un concepto de ficción narrativa que sólo vendría a valorizarse años después, una vez creado un público que reconoció en Maréchal o en Macedonio Fernández los iniciadores o los maestros de una nueva actitud frente la narrativa. En esta línea, comparación que, como sugiere Pedro Lastra, habría que hacer, Emar se distinguirá tal vez por algunos de los rasgos expuestos en Umbral, por la situación de "extrañamiento" que señaló Anguita hace ya años, y por el minucioso trabajo en que, a través de múltiples procedimientos solitarios, creó una narrativa también solitaria, el solipsismo de una narración excéntrica que correspondería, más tarde, a un centro que tal vez el autor no imaginó. Juan Emar fue valorizado por el futuro, y por eso resulta, en nuestra época, tan vigente su lectura. Desapareció tal vez gran parte del público y del marco literario al cual miraba, por encima del hombro de su contrincante, el escritor Eduardo Barrios; surgió en cambio un espacio en el cual ahora encuentra lugar la literatura de Juan Emar. Una literatura en que, finalmente, no quiere mostrar lo humano cotidiano y visible, sino tal vez una de las actividades más humanas de todas: la incesante labor de la imaginción para crear -aunque sea irrisoria y desesperadamente- un mundo diferente, a medida del extrañamiento que este mundo hace sentir a algunos de los que deben habitarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* . * . *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;    Notas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   1.- Juan Emar: Umbral. Primer Pilar. El Globo de Cristal. Tomo I. Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1977&lt;br /&gt;   2.- Miltín 1934, Ed. Zig-Zag, Santiago, 1935; Un año, Ed. Zig-Zag, Santiago, 1935; Ayer, Ed. Zig-Zag, Santiago, 1935; Diez, Ed. Ercilla, Santiago, 1937. De este último libro hay una segunda edición en la Editorial Universitaria de Santiago, 1971.&lt;br /&gt;   3.- Pedro Lastra, "Rescate de Juan Emar", Revista de Crítica Literaria Latinoamerivcana, Año III, Nº 5, Lima, Perú, primer emestre de 1977.&lt;br /&gt;   4.- Véase el prólogo a Umbral, de Braulio Arenas, y "Distinguir para entender" (Entrevista con Leopoldo Maréchal), por César FernándezMoreno, en Los Vanguardismos en América Latina (varios autores). Casa de las Américas, La Habana, 1970.&lt;br /&gt;   5.- Manifiesto reproducido en Los Vanguardismos..., op. cit., pág. 203 ss.&lt;br /&gt;   6.- Jean Emar, "Con Vicente Huidobro", La Nación (Santiago), 29 de abril de 1925.&lt;br /&gt;   7.- Vicente Huidobro, "El Creacionismo", reproducido en Los Vanguardismos... op, cit., págs. 185 ss.&lt;br /&gt;   8.- Juan Emar, Ayer, op. cit., pág. 54.&lt;br /&gt;   9.- Cristián Huneeus, "La Tentativa Infinita de Juan Emar", Desfile Nº 115, 15 de Diciembre de 1967, págs. 21-22&lt;br /&gt;   10.- Los términos "situación narrativa", "historia", "narración", se utilzan en el sentido especificado por Gérard Genette en Figures III, Ed. Du Seuil, París, 1972. Historia es el "significado o contenido narrativo"; relato "el significado, enunciado, discurso o texto narrativo mismo", la narración "el acto narrativo productor y, por extensión el conjunto de la situación real o ficticia en la cual tiene lugar" (pág. 72)&lt;br /&gt;   11. Eduardo Anguita, "Juan Emar fuera del mundo", El Mercurio, 10 de junio de 1964.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;   en revista Mensaje, 1974&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-4708197470907333340?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/4708197470907333340/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/06/la-situacion-de-umbral-de-juan-emar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/4708197470907333340'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/4708197470907333340'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/06/la-situacion-de-umbral-de-juan-emar.html' title='LA SITUACIÓN DE UMBRAL, DE JUAN EMAR'/><author><name>Violeta FR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09024634161916898926</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_PTyUDviuB6c/S22d_8VQwXI/AAAAAAAAAGE/Z3wL_WOUT3s/S220/yazikffff.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_PTyUDviuB6c/SkT_3loqOMI/AAAAAAAAAFI/pvonPvNgk1g/s72-c/26-6-2009+12.6.18+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-783701183076624518</id><published>2009-06-21T06:56:00.002-04:00</published><updated>2009-06-21T07:02:11.005-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>UN ARTE DE NOVELAR</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sj4S8e1DwzI/AAAAAAAAAzw/rJg09tsotJU/s1600-h/emar044.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 180px; height: 263px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sj4S8e1DwzI/AAAAAAAAAzw/rJg09tsotJU/s400/emar044.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349734237639787314" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;UN ARTE DE NOVELAR&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;    por Braulio Arenas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;  Este tiempo nos ha traído un imprevisto regalo: el comienzo de la publicación, en Buenos Aires, de una larguísima obra de Juan Emar.&lt;br /&gt;     Por mucho que este escritor chileno no haya contado nunca con un vasto número de lectores, tuvo, no obstante, una minoría a su favor, los que celebraron Ayer, Miltín y Un año, publicados hacia 1935, aumentados estos títulos con los Diez, cuentos editados por Ercilla y reproducidos por la Editorial Universitaria.&lt;br /&gt;   El breve paso de este escritor por la literatura hacía pensar a los más desprevenidos que el suyo había sido tan sólo un destello. A la verdad, no dejaban de tener alguna razón, pues transcurrieron los años y murió el autor, sin que nunca jamás se le viera enriquecer su bibliografía con un nuevo aporte.&lt;br /&gt;Sin embargo, desde entonces -desde el mismo momento de la aparición de sus libros hasta el instante de su muerte- no había dejado de escribir un solo día. De este modo, imperceptiblemente, su manuscrito fue aumentando en páginas hasta llegar a la impresionante cantidad de cinco mil folios.&lt;br /&gt;  Nosotros tuvimos la oportunidad de leer esa inmensa obra -no el total de ella, pero si aproximadamente una tercera parte-, convenciéndonos, una vez más, de la genialidad de su autor.&lt;br /&gt;     En efecto, se podría asegurar que Umbral, de Juan Emar, es un libro original de un extremo al otro, sin precedente en ninguna literatura. Todavía más, cierta vertiente suya podría señalarse como precursora del "nouveau roman" francés, siendo, en su aspecto general, una producción inclasificable dentro de cualquier género literario, pues la narración -si es que de narración novelesca se trata- se encuentra interrumpida a cada paso por otros relatos, cuando no por reflexiones que rompen, hasta el infinito, la unidad del texto.&lt;br /&gt;     Todo lo que hemos expresado hasta aquí, lo sabemos, no dará una verdadera dimensión de la obra, pero, afortunadamente, ya contamos con el primer volumen para remitir al lector, indicándosenos, además, que la Editorial Carlos Lohlé, de Buenos Aires, publicará a fines de este año el segundo tomo de la larga serie, con lo que se podría decir que la obra de nuestro compatriota ya ha echado a andar por un camino seguro.&lt;br /&gt;     Y ahora, nos preguntamos, ¿no ha sido el propio Juan Emar el que se ha encargado de suministrarnos la técnica que ha empleado para componer la obra total?&lt;br /&gt;   Si entendemos bien sus explicaciones (aparte de las que nos suministró personalmente), él escribía un largo período de intención novelesca, ocupando unos 30 centímetros de papel, y en seguida lo cortaba en trozos, cinco, seis, o siete trozos (según la cantidad de puntos apartes que contuviera el relato en cuestión).&lt;br /&gt;  En seguida, a continuación de cada uno de estos trozos, el autor procedía a escribir un nuevo texto, nacido éste de la sugestión que le procurara el fragmento cortado. Después reunía el total en una larga tira de papel, no yá de 30 centimetros, sino de un metro o de mucho más, encajando los nuevos textos tras los que le habían dado origen.&lt;br /&gt;     Entonces comenzaba una nueva fase, o, más bien, un nuevo corte del relato. El total reunido (por el texto original y por los textos incorporados) volvía a convertirse en un conjnto de fragmentos, los que volvían a dar paso a nuevos textos, integrados éstos al total, pero nuevamente cortados en fragmentos.&lt;br /&gt;     "Y la unidad se ha conservado, pese a quien pese: puesto que el total -por kilometros que se haya desarrollado- guarda como encabezamiento el primer encabezamiento, lleva en el centro lo que era el centro y termina con su término... Es decir que, si gráficamente el relato se ha estirado en línea recta, como una serpentina que se desenvuelve, en la realidad literaria y profunda se ha englobado haciendo sonar, por afinidad, todas las notas susceptibles para un acorde mayor"&lt;br /&gt;     Agreguemos que esta técnica sería inútil, así como cualquier técnica, si el contenido de la obra no estuviera animado por una gran originalidad y una gran belleza.&lt;br /&gt;     Y estos dos elementos son los mejores ingredientes de Umbral, del magnífico escritor chileno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en El Mercurio, Santiago, 25 de noviembre de 1979.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8065707068093110661-783701183076624518?l=juanemarumbral.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/feeds/783701183076624518/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/06/un-arte-de-novelar.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/783701183076624518'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8065707068093110661/posts/default/783701183076624518'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanemarumbral.blogspot.com/2009/06/un-arte-de-novelar.html' title='UN ARTE DE NOVELAR'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RUR1hLm5WB0/Sj4S8e1DwzI/AAAAAAAAAzw/rJg09tsotJU/s72-c/emar044.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8065707068093110661.post-2482582329674951479</id><published>2009-06-14T08:50:00.002-04:00</published><updated>2009-06-15T14:30:12.119-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Juan Emar'/><title type='text'>El viaje vanguardista en Diez de Juan Emar y Memorias sentimentales de Juan Miramar</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;img style="border: 0pt none ; margin: 4px;" mce_style="border: 0; margin: 4px;" title="ayer5mw.jpg" src="http://bligoo.com/media/users/1/88015/images/public/9531/ayer5mw.jpg?v=1244983641458" mce_src="http://bligoo.com/media/users/1/88015/images/public/9531/ayer5mw.jpg?v=1244983641458" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El viaje vanguardista en &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt; de &lt;a href="http://juanemarumbral.blogspot.com/"&gt;Juan Emar&lt;/a&gt; y &lt;i&gt;Memorias sentimentales de Juan Miramar&lt;/i&gt; de Oswald de Andrade&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Yenny Ariz Castillo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Universidad de Concepción&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="text-transform: uppercase;" mce_style="text-transform: uppercase;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;A fin de presentar un trabajo sobre Oswald de Andrade, Julio Prieto remarca la notoria presencia del motivo del viaje en la narrativa vanguardista, en tanto es fiel reflejo de la vertiginosa época que vio desarrollarse a estos movimientos, las primeras décadas del siglo XX :&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;[…] el período de las vanguardias históricas, a la vez que una época de acelerada difusión técnico-industrial, es un momento de extrema porosidad cultural, de intensa migración y circulación de personas e ideas que, con una velocidad y cuantía sin precedentes en la historia, &lt;i&gt;viajan, &lt;/i&gt;se trasladan de un lugar a otro de la geografía terrestre, de un extremo a otro del mapa de las prácticas culturales: la peculiar labilidad que adquiere la noción de frontera o límite (ya se trate de límites geográficos, políticos, sociales, epistemológicos o estéticos) es uno de los rasgos distintivos de la época, tanto en su fenomenalidad histórica cuanto en sus manifestaciones discursivas --la más significativa de las cuales probablemente sea el arte "nuevo" o vanguardista. (2006: 20) &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;De la misma forma, pensamos que el viaje como experiencia de vida constituye un elemento fundamental para los escritores vanguardistas, que se traspasó a sus obras como motivo, recuperado de una tradición antiquísima como lo es la novela de viajes, de aventuras o bizantina, como la llama Mijaíl Baijtin. La novela bizantina: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;[…] se constituye sobre una puesta a prueba de la fidelidad y constancia de unos protagonistas idealizados. Casi todas las aventuras se organizan como atentados a la inocencia, pureza y mutua lealtad de los héroes. Los caracteres estáticos e inmutables y la idealidad abstracta de ellos excluyen toda transformación o desarrollo, toda aplicación de lo sucedido, visto o vivido como de una experiencia vital que cambie y forme a los héroes. (1982: 202)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Nos interesa examinar lo relativo al motivo del viaje geográfico como elemento recurrente en los textos &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt; (1937), del chileno Alvaro Yañez Bianchi, conocido como Juan Emar, y &lt;i&gt;Memorias sentimentales de Juan Miramar &lt;/i&gt;(1924), del brasileño Oswald de Andrade.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Incluiremos un análisis de la configuración del espacio en ambas obras, por tratarse de un tema concomitante al motivo del viaje, como también revisaremos la caracterización de los protagonistas, pues, dentro de la conformación clásica del motivo resulta esencial la participación del héroe, quien va llevando a cabo las distintas etapas del viaje arquetípico. En los textos escogidos, el personaje principal es pieza clave, pues básicamente conocemos el mundo ficticio por su voz narrativa, además de ser quien experimenta el viaje propiamente tal. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El itinerario más frecuente en ambos textos es la travesía desde América hacia Europa, que estéticamente nos remite a la dialéctica “lo propio – lo extranjero”, palpable en textos vanguardistas chilenos y brasileños. Consideramos relevante ejercer una mirada atenta sobre la apropiación de este motivo por parte de escritores vanguardistas, y la consecuente resemantización de él, como también sobre las características que adquieren sus personajes principales en los cuentos, que distorsionan la imagen del viajero clásico, dado que, superada la vanguardia, un número no despreciable de escritores latinoamericanos mantiene esa tensión o dualidad entre lo propio y lo extranjero, adueñándose y conteniendo a ambas:&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, María Luisa Bombal, como ejemplos y sólo por citar algunos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;1. &lt;i&gt;DIEZ&lt;/i&gt; DE JUAN EMAR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;1.1. Lo extranjero y lo propio en &lt;i&gt;Diez&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Diez&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt; oscila, a grandes rasgos, entre dos espacios reconocibles: el campo – siempre chileno- y la ciudad, que connota ambientes&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;mayoritariamente europeos. La sección “dos sitios” destaca esta dualidad: “El hotel Mac Quice” remite a la configuración europea emariana, mientras que “El fundo de ‘La Cantera’” nos traslada al campo chileno. Ello nos recuerda la vida del escritor, quien alternó sus estadías en el campo con su tiempo de permanencia en Europa.&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn1" mce_href="#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Es notable que Juan Emar recurra a esta díada tan famosa en Latinoamérica durante el siglo XIX, que en ese contexto implicaba la significación campo/barbarie- ciudad/civilización. Sin embargo, sus cuentos subvierten este maniqueísmo; en su obra, el personaje principal se revela como buscador incansable de un conocimiento superior, que no pertenece a un espacio determinado, sino a esferas que trascienden lo exterior al ser. Cecilia Rubio señala: “Toda la lucha del personaje emariano está concentrada en dominar un proceso cognoscitivo – metafísico que se daría en un movimiento sistemático de integración sucesiva de los cuatro planos del ser”. (2005: 162) Existe en el narrador un deseo de trascendencia, que, entre otras cuestiones, involucra la superación del espacio físico que, creemos, se materializa en “El vicio del alcohol”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Aun así, es importante acotar que en &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt; el continente europeo se relaciona con el arte, lo que nos lleva a la fórmula arte + cultura + libertad + fiesta = Europa. Es un espacio signado positivamente por el narrador, quien percibe de manera legítima su propio tránsito por calles extranjeras. Es decir, en este proyecto vanguardista todavía persisten ciertos resabios de aquella equivalencia entre lo extranjero y lo civilizado;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;notoriamente se transforma la visión del campo, espacio predilecto de la estética criollista&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;que Emar manipulará y apartará de aquel sino trágico de las obras costumbristas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;“Maldito gato” parodia la literatura criollista&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn2" mce_href="#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; y deriva en la configuración del campo como un espacio metafísico, que sostiene elementos que a su vez equilibran el mundo. El narrador disfruta de una esplendorosa mañana y a partir de sus sentidos, se conecta con lugares, tiempos, situaciones y personajes que escapan a la realidad inmediata, pero que surgen a partir de la exploración de esa misma realidad. Es así como a partir de los olores puede superar el espacio del campo, del país, del planeta y convertirse por un instante en un habitante de otros tiempos y espacios: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;El haba tenca huele a distancias interplanetarias….Vino la primera cascada con nuestro primer mundo planetario. A pesar de conocerlo, sentí el mismo estupor. Hasta que, pasadas y hundidas ya la últimas distracciones ocasionadas por los aromas propios de Neptuno, me hallé aspirando la pura sal de más allá, sin alcanzar a sentir aún las emanaciones del Alfa del Centauro (39-40)&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn3" mce_href="#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 10.5pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El olor de las plantas silvestres permite acceder además a sensaciones, espíritus, pasiones y verdades filosóficas. Sin embargo, es un estado efímero y susceptible de evaporarse debido a cualquier circunstancia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El anhelo de trascendencia del narrador se logra en “Maldito gato” al conformar el triángulo que mantiene el equilibrio universal y transforma fuerzas inactivas en activas. En este discurrir sobre el triángulo, el narrador señala:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; text-indent: 3pt; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; text-indent: 3pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Desde luego, al hallarme allí clavado ante mis dos compañeros supe que siempre en mi pasado, en &lt;i&gt;mi pasado liviano de campos y ciudades&lt;/i&gt;, siempre este hecho de pasar de pronto a ser elemento me había rondado muy cerca. Y aquello de la grúa no era más que materializar – si puedo explicarme así – con una imagen esta &lt;i&gt;vaga obsesión de cambio&lt;/i&gt;” (66)&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn4" mce_href="#_ftn4" name="_ftnref4"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 10.5pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El campo y la ciudad, polos entre los cuales se movió el narrador en un cómodo pasado, se superan cuando se deja de ser humano y se logra la transformación en elemento. El espacio físico caduca para el narrador y privilegia el triángulo, nuevo espacio, que reduce su vida al mínimo, no obstante, le otorga “libertad” (82) y asimismo ha conseguido el “sosiego y silencio” (68) que anhelaba al contemplar el equilibrio entre los elementos del cuadro de Gabriela Emar en el hall de su casa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La misma cualidad de espacio metafísico podríamos aplicarla al campo descrito “El Fundo de ‘La Cantera’”. Si bien recuerda por su nombre y primera descripción a la zona central de Chile, los datos que paulatinamente entrega el narrador luego de la descripción más “objetiva”, trastornan la convencional visión del campo, pues además de galpón, casas, árboles, cerros, entre otros elementos, el fundo posee además “una marcada molestia” (179), posible de transformarse en “putrefacción anímica” (180). El fundo constituye un espacio de delirio que permite la confluencia de distintas categorías de tiempos (noche, tarde, presente de la enunciación, pasado y distintas épocas de la vida del narrador, futuro de guerras próximas) y espacios (arriba, abajo, vacío). La narración de la huida del personaje evidencia la fusión de tiempo y espacio, y sitúa el fundo en un nivel superior al terrestre, celestial, casi un lugar de ensueño, a pesar de que “cantera” designe un orificio en la tierra:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Escapé […] hasta que llegué al borde de aquella noche del fundo de &lt;i&gt;La Cantera&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Entonces me asomé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Abajo, muy abajo, con un sordo ruido de torrente, iban las noches y los días entrelazados en su santa sucesión de infinito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Allá abajo se deslizaban – claro, obscuro (sic); oro, rojo -, y como serpentinas del Sol y de la Luna, seguían su misión con todos los hombre dentro […]&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;¡Volver! ¡Volver! – fue mi esperanza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Me lancé al abismo. ¡Atrás el maldito fundo de &lt;i&gt;La Cantera&lt;/i&gt;, enredado en esa noche desprendida y errante del vacío! (190)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El fundo se ubica entre la noche y el vacío; la vaguedad de sus coordenadas, se explica, según creemos, en que este cuento precede a “el vicio del alcohol”, “vértice central”&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn5" mce_href="#_ftn5" name="_ftnref5"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; del volumen. En este último cuento, el espacio se supera absolutamente en privilegio de la reflexión acerca de, en primer término, la organización de las cuestiones del sexo, y en segundo, el vicio del alcohol, temas interrelacionados entre sí en la lógica del narrador. Ahora bien, sabemos que el narrador está en su cama, en Santiago de Chile, pero el cuento y sus reflexiones se sitúan más bien en el tiempo; el intervalo marcado por el grito de la mujer que gozaba. Los azotes que recibe Pibesa permiten que “todo el barrio, todo Santiago, todo Chile, toda América” oigan “en medio de la noche, el grito […]” (202). El volumen cierra con esta oscuridad y con la proyección del grito de la mujer desde un espacio limitado hacia uno mayor. La categoría de tiempo subsume a la de espacio y con ello anula las distancias y diferencias entre los pueblos, pues el vicio es un problema universal, totalizante. Ante la reflexión sobre el vicio del alcohol no cabe preguntarse: ¿se trata de ellos o de nosotros? ¿Es extranjero o es propio?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;A la concepción del universo entero como un todo homogéneo en torno al vicio, se agrega la existencia de figuras- cruce, que fusionan Europa y América, suprimiendo las diferencias entre el Viejo y el Nuevo Mundo, pues contienen ambos espacios.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;“El pájaro verde” contempla la dualidad Europa- América, que se traduce en París- Amazonas-Chile. La figura del loro es trascendental desde nuestra mirada, pues une y compendia los dos mundos, tal como lo hace Emar-personaje en la mayoría de los cuentos. Primero es trasladado hasta Francia, “viaje” enmarcado no tanto en el afán de conocimiento científico de Guy de la Crotale, sino más bien, de su capricho (“predilección por las aves”), que nos lleva a la cosificación que realiza Europa del llamado Nuevo Mundo. Más tarde servirá al arte y terminará falleciendo al posar para el sobrino nieto Henri-Guy, quien, como última acción artística, lo hace embalsamar. Curiosamente, su dueña, Marguerite de la Crotale, viaja al Nuevo Mundo, mientras el loro permanece en Francia, hecho que permitirá el hallazgo del mítico pájaro verde en la tienda de antigüedades, personificación de un sublime conocimiento para el narrador y sus camaradas: la frase que todo lo condensa y comunica (&lt;i&gt;“Yo he visto un pájaro verde”)&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Resulta mayormente revelador que para el narrador sea compañía permanente en su mesa de trabajo; en París mirando hacia el retrato de Baudelaire, en Santiago mirando hacia la imagen de Arturo Prat. Entonces, es posible plantear la existencia de un vínculo entre la figura del loro y la escritura del narrador, que se aprecia además en la escritura del propio autor; es decir, de las experiencias del loro junto a los distintos amos podemos extrapolar algunos rasgos de la poética emariana. El discurso científico (Guy de la Crotale), que en la narrativa de Emar deriva en hiperrealismo; la inclusión del arte pictórico (Henri-Guy) en la elaboración del argumento de cuentos y novelas&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn6" mce_href="#_ftn6" name="_ftnref6"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;; el conocimiento superior encarnado en la frase del tango (Emar) y la amistad a partir de la diversión, el ocio y la juerga (Emar; tema que, mirado desde la perspectiva del tío José Pedro, encarna las nefastas experiencias de la bohemia parisiense.). En suma, la figura e historia del loro condensan toda una estética y por tanto nos anticipan el tenor de los cuentos que siguen.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El cruce América - Europa condensado en las experiencias del loro, se repite en la joven Chuchezuma, quien dice descender directamente de Moctezuma; esta declaración resulta poco verosímil para sus amigos, pues sus rasgos - “pelo castaño claro, tez blanca, ojos verdes” (129) – lo desmienten. Ella replica “A lo largo de mi linaje han venido a salpicar sobre él muchos hombres rubios del norte, a salpicar sobre la larga, larga hilera de madres color aceituna y ojos de noches cálidas” (129). De sus actividades, señala “Amo México, amo Escandinavia y amo Francia” (129). El mestizaje producto del cruce de ambos mundos genera a este ser enigmático y atrayente para el narrador.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Tanto el loro como Chuchezuma en su calidad de figuras- cruce, se explican mejor como reflejos de la figura del propio protagonista, reconociblemente chileno. Los viajes de Emar- personaje, no se enmarcan en el convencional viaje turístico, sino más bien en un prolongado traslado que genera una &lt;i&gt;historia de vida&lt;/i&gt; en Europa. En sus dos cuentos “parisinos”, que acogen a estas figuras-cruce– “El pájaro verde” y “Chuchezuma”-, el personaje desarrolla una intensa vida, que implica una estadía presumiblemente extensa y conocimiento de la ciudad; en suma, familiaridad con la urbe que opera como símbolo del cosmopolitismo y la fascinación de la vanguardia por Europa: París.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Esta reflexión nos conduce a otra percepción de abolición de las distancias, tanto geográficas como artísticas y culturales, porque para el personaje ¿qué es lo extranjero? ¿qué es, finalmente, lo propio? El narrador no pertenece al campo, espacio prototípico chileno; siempre está de paso allí, en “Maldito gato” se queda en calidad de elemento, no de “persona”; al Fundo de “La Cantera” va en calidad de visitante; la presencia de sus amigos de infancia y de la tía Chacha no permiten designar este lugar como lo propio del personaje, porque él mismo marca una distancia considerable entre aquéllos y sí mismo al huir de todo lo que le recuerde el pasado …y el futuro; establece una separación a partir de la figura del abismo entre “La Cantera” y el mundo real, al que pertenece o anhela volver/pertenecer. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La anulación de las distancias que hemos mencionado permite la superación de la díada criollista nacionalismo / cosmopolitismo o lo propio / lo extranjero, pues el personaje no realiza esta distinción. Sintetiza ambos mundos en su figura y desde esta síntesis articula sus vivencias.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;1.2. El mapa emariano de París&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;“Existe una clara relación entre la configuración de una ciudad y nuestros más encubiertos deseos” (“El perro amaestrado”)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El epicentro de la obsesión vanguardista latinoamericana lo encontramos en París, ciudad de la que Juan Emar realiza una singular construcción, coherente con su proyecto de escritura.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El París recreado en “El pájaro verde” es bohemio, nocturno, escenario de las juergas del personaje principal y sus amigos. Más tarde, gracias a las conversaciones del malogrado tío José Pedro con el narrador, nos enteramos de los dos rostros en que el personaje principal divide París: el nocturno, conocido y disfrutado por él, y el París de la Universidad de la Sorbona, que representa el conocimiento provechoso, útil desde la perspectiva del severo tío. El tema del doble, ya desarrollado por la crítica, se evidencia también en el espacio&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn7" mce_href="#_ftn7" name="_ftnref7"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Llama la atención que el París bohemio descrito por el narrador contenga un elemento latinoamericano; es decir, el espacio europeo nocturno incluye lo americano, en apariencia excluido del París-luz de la Sorbona; en el cuento, la orquesta argentina, con sus bandoneones y tangos, colaboran, junto con la champaña, a que los amigos “pierdan la cabeza” casi rayando en la locura (16-17). Paradójicamente, el personaje adquiere el conocimiento sublime de la frase que todo lo condensa en estas andanzas nocturnas, mientras desprecia el conocimiento académico, un rasgo típico de los vanguardistas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En “Chuchezuma” encontramos un aspecto que demuestra la singularidad que poseía París para el narrador, quien, al avistar la claraboya del taller del pintor Luis Vargas Rosas, comenta: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Muchas tardes y noches de hastío –&lt;i&gt;del hastío parisiense diferente al de todas las demás ciudades del mundo&lt;/i&gt; – he colocado sobre la luz o la sombra de ese rectángulo parte de mi destino, al menos del destino de varias horas que con el hastío – parisiense- pesa como el destino de varios meses. Su luz me indica la presencia del amigo, es decir &lt;i&gt;salvar la noche&lt;/i&gt;; su sombra, su ausencia, es decir, &lt;i&gt;arrastrarse por las calles con la vaga esperanza que algo suceda&lt;/i&gt;.&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn8" mce_href="#_ftn8" name="_ftnref8"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 10.5pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;(127)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El hastío del narrador es uno de sus rasgos más persistentes y significativos a la hora de delinear su carácter y asimismo de describir a la figura autorial, pues el seudónimo Juan Emar proviene de una similitud de sonidos con la expresión francesa &lt;i&gt;J’ en ai marre&lt;/i&gt; (“Estoy harto”). Las palabras del narrador nos llevan a reflexionar sobre la densidad que adquiere el hastío al situarse en París. No podemos hablar del típico sentimiento de soledad del extranjero, sino más bien, de una especie de mística que la ciudad emariana parisiense posee, pues, aunque el hastío sea más palpable, la ciudad nocturna revela múltiples posibilidades generadas por el azar. Si el narrador logra “salvar la noche”, se moverá en el territorio de lo conocido: la amistad, la conversación, el arte, el licor; pero si por el contrario, se enfrenta solo a la noche, se entregará a las fuerzas de lo desconocido: la esperanza, aunque vaga, permitirá por momentos anular el hastío, pues en el París de Emar, “podría pasar cualquier cosa”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En este contexto, se entiende la obediencia del narrador hacia el presentimiento que lo lleva a abandonar el periplo habitual de su vida parisiense; en el mismo instante en que observa la claraboya iluminada de su amigo, presiente ¿qué? Ni él mismo lo sabe, pero un breve instante después conocerá a Chuchezuma, personaje que ha seguido la misma causalidad misteriosa del narrador: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Salí de casa pensando que algo me sucedería. Casi creo que pensaba que esta noche o nunca sería de alguien. Apareciste tú. No hay más que hablar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Todo estupor se fue de mí. Lo dicho por Chuchezuma me pareció de una lógica fatal (128)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Junto a Chuchezuma recorrerá un barrio poco conocido para él, de callejuelas angostas y tortuosas que le permiten experimentar una particular voluptuosidad: “Mi sensación: ya formándose de rato atrás cierta voluptuosidad no sólo por la presencia de Chuchezuma sino por la conformación de las calles y el tono ligeramente azul de la noche” (130). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;De acuerdo a las reflexiones del narrador, la voluptuosidad proviene de la irresponsabilidad y ésta en equivalencia a libertad; vida sin ataduras de ninguna clase, sobretodo morales o éticas. Ésta es la clase de vida que le permite experimentar París; de ahí el atractivo que la ciudad encierra para el narrador. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Es significativo que Chuchezuma le entregue a Emar-personaje un libro con el plano de París; la joven no sólo resulta ser su guía por lugares inexplorados, sino que domina la ciudad en todas sus arterias: “se alejó por la calle, por todas las calles de París… fue la sensación que me dejó al alejarse así”(142)&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn9" mce_href="#_ftn9" name="_ftnref9"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La joven mujer es una criatura de otro orden, que en el cuento constituye el reflejo especular de los deseos del narrador, del espíritu de la ciudad y de las bestias aludidas. Será esta figura compleja, nocturna como el París predilecto de Emar, quien lo conducirá en su travesía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Aparte de la mística que la envuelve, París es en la narrativa de Emar un lugar mítico. Las enrevesadas callejuelas que transita la pareja asemejan un laberinto, pero no a la manera de Teseo venciendo con ayuda de Ariadna al Minotauro, sino más bien a un laberinto para pequeñas bestias de laboratorio, Chuchezuma y Emar, pero sobretodo este último, expectantes ante la presencia-ausencia del lobo-garú. Mientras Teseo completa una misión, Emar-personaje prueba y juega, se deja llevar por la desconocida joven y por las fuerzas, mágicas si se quiere, que los han reunido. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La arquitectura de París, y en general de las ciudades en los cuentos de &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt; asimila una maqueta de cartón, artificial, por sus formas y colores, salidos más bien de una pintura del personaje Rubén de Loa de la novela &lt;i&gt;Ayer&lt;/i&gt;, por la abundante presencia de verdes y rojos, que de una recreación de ciudades reales. En “Chuchezuma” por ejemplo, el vestido rojo de la mujer contrasta con el restaurante verde en el que la sorprende el narrador. Asimismo se presenta como un espacio pletórico en sorpresas, como también móvil, fluctuante, más vivo aún que los propios seres que lo pueblan: “Marché. Pasó a mi lado un paisaje con grandes árboles, casitas campesinas, un arroyo, como jamás hubiese pensado que existiese en París” (132) Cabe notar que este París de “Chuchezuma” es mayormente inesperado para el narrador, que &lt;i&gt;les&lt;/i&gt; &lt;i&gt;rues&lt;/i&gt; de “El pájaro verde”, donde no existe la presencia de un guía propiamente tal.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;Esta percepción cinematográfica y por lo demás, artificial del paisaje, tan distinta de la mímesis criollista, la encontramos además en otro cuento citadino “El hotel Mac Quice”, donde el mismo narrador lo explicita: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;[…] en todas las marchas de mi vida he sentido con nitidez blanca que soy yo quien avanzo y que es inmóvil aquello sobre lo cual avanzo. Esta vez – junto con sentir siempre mi avance- sentía que la galería se movía a su vez y naturalmente – en sentido contrario…me hizo recordar algunas cintas cinematográficas tomadas, por ejemplo desde la cabeza de un tren […] (164)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La pretendida e irrisoria precisión en los detallados colores del cuento se vincula a una escritura que a ratos intenta ser más visual que narrativa, técnica que contextualizamos como uno de los elementos característicos de las vanguardias, esto es, la tendencia hacia la imagen, la fotografía. Al recibir el efecto de la luz, la gorra del conserje era “de color telaraña de arañas viscosas de vientre púrpura” (165); luego de pasado el efecto toma el mismo color de la librea “de color sangre de toro coagulada” (165) &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La ciudad de “El hotel Mac Quice” rememora la misma naturaleza de las calles de “Chuchezuma”: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Las calles aquí no eran como las de nuestras ciudades regulares en que, para pasar de una a otra, hay que doblar en 90 grados a riesgo de seguir indefinidamente por la misma. Aquí eran calles y callejuelas tortuosas y enredadas, de modo que el hombre en cuestión – aunque saliendo de unas para precipitarse en otras- siempre conservaba una dirección única […] (171)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Al parecer, el narrador manifiesta en la descripción de las calles el espíritu complejo de la ciudad; ellas cifran un rostro citadino aún más atractivo que el París bohemio de “El pájaro verde”: el misterio a descubrir. El París de “Chuchezuma”, cuyo espíritu cristaliza en la misma joven y en la casa donde se produce el encuentro final de la pareja, se visualiza nuevamente en la ciudad de “El hotel Mac Quice”, a partir de las calles, y de un guía tan enigmático como la mujer&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn10" mce_href="#_ftn10" name="_ftnref10"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. El narrador se somete una vez más al azar, pues aparece la vaga esperanza que podría derrotar al hastío. Decide seguir al desconocido al notar la resolución de sus movimientos: “Ese hombre, indudablemente, sabía adónde iba. Resumió en su gabán, en su sombrero enterrado, en su bufanda y en su andar precipitado, todo lo que en mí podía haber de esperanza. Así es que lo seguí” (171)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;El tránsito del individuo que repite el narrador lo lleva a un sitio idéntico al que había dejado. Es así como el cuento nos plantea una subversión a la arquitectura tradicional de las ciudades, al configurar una urbe - en apariencia- redonda. En una primera instancia el narrador no concibe la llegada al mismo punto de partida, por lo que elabora una explicación basada en la repetición:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Un nuevo concepto de la estética urbana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;¿Por qué no? Yo, por mi parte, siempre había soñado con distribuir de otro modo centros y grandes edificios de una ciudad y, por ende, las arterias que los unirían. En mis sueños las ciudades se redondeaban; su plano llegaba a ser una gran filigrana redonda. Pues bien, la idea realizada aquí podía ser diferente, al menos en lo que yo ahora había apreciado. Una idea larga y, en esta longitud, a distancias regulares, poner los grandes hoteles de la ciudad (173)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Según esta lógica, había llegado a un hotel diferente. Pero, como la escena se reitera numerosas veces, al narrador le parece insostenible su primera hipótesis. Concluye que el hotel es único y que lo que sucede se entiende si asumimos que “entre plaza y plaza, entre hotel y hotel, damos una vuelta al mundo, ni más ni menos” (174) La única explicación se encuentra en los sueños de la filigrana redonda, pero que no corresponde sólo a una ciudad, sino al mundo entero. Esta teoría del narrador nos conduce nuevamente a la deformación de la noción de “distancia geográfica” en los cuentos de &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt;, para ser reemplazada por la de simultaneidad espacial,&lt;i&gt; &lt;/i&gt;rasgo absolutamente coherente con la estética vanguardista. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Esta simultaneidad espacial, implica además la vitalidad del espacio y se apoya en la descripción cinematográfica de la ciudad, en las figuras – cruce (de las cuales el narrador es la principal), en los topónimos que se utilizan como nombres de ciertos personajes, lo que le proporciona mayor movilidad al espacio - tan estático en la literatura realista - y además, en un procedimiento utilizado abundantemente por Juan Emar y otros vanguardistas. Nos referimos a la analogía&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn11" mce_href="#_ftn11" name="_ftnref11"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En la narrativa de Emar, la analogía permite vincular “mágicamente” lugares distantes entre sí. A modo de ejemplo, podemos recordar que el loro de “El pájaro verde” muere en París a la misma hora que Valparaíso y Santiago de Chile son azotadas por un terremoto; es evidente que el narrador percibe “hilos invisibles”, como diría Huidobro, entre un hecho y otro. De esta forma se postula un mundo completamente interconectado, cuyos hilos invisibles son desentrañados por el narrador y por supuesto, por el autor&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn12" mce_href="#_ftn12" name="_ftnref12"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La simultaneidad espacial torna mucho más compleja la realidad para Emar-personaje; es así como en “El hotel Mac Quice” es incapaz de encontrar a su mujer y al hombre, y la búsqueda se prolonga hasta el infinito. En ciertas ocasiones la convergencia de espacios afecta la categoría de tiempo, por ejemplo, pensemos en “El fundo de ‘La Cantera’”, en el que confluyen varios tiempos a la vez, y en la repetición del saludo de la mujer de Emar-personaje desde la ventana del hotel O’Connor. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En una época como la de principios del siglo XX, no es de extrañar que las distancias geográficas se consideren superadas; ellas sugieren la concepción de un mundo limitado por infinitos obstáculos; un mundo antiguo y anquilosado si se le compara a las posibilidades ofrecidas por las nuevas tecnologías que impresionaron tan gratamente a todos los escritores de la época y que transforman su percepción del mundo y la realidad. Sin embargo, en los cuentos de Juan Emar no es la tecnología lo que permite la coexistencia de espacios distantes sino esta causalidad mágica…Es así como el narrador de “Maldito gato” puede realizar viajes interplanetarios a través de ciertos olores. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;A propósito de estos hilos invisibles que relacionan los elementos más distantes, en “El perro amaestrado”, el narrador hace referencia a que los habitantes de una ciudad se conectan con ella, pues plasman sus vivencias en “hilos” que dejan a modo de huellas sobre la ciudad; estos elementos conforman la urbe y el destino de ella, finalmente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Érame el total de estas andanzas una sensación ahogante de destino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Porque sentía su realidad, su vivencia, como un monstruo que, aunque invisible, se posaba – pesado, hosco, mudo – sobre la ciudad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Era un monstruo hecho de hilos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Estos hilos iban tejiéndose por todas las calles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Cada transeúnte iba dejando tras sí un hilo a veces como el humor plateado de la babosa, a veces como el bramante fino de la araña que se desprende.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Estos hilos les eran visibles como experiencias, como recuerdos […] (85-86)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Veintitrés años más tarde de los sucesos con Piticuti – el perro amaestrado- el protagonista vuelve a sentir gracias a la ecuación misterio/ciudad + cuerpo/mujer:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Todas aquellas vías se me confundieron, se me enredaron en un embrollo tan súbito e inesperado que me punzó la sensación aguda de un misterio –obscuro(sic), temible, efervescente- que surgía en todo aquel barrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Y en aquel misterio que así bulló, Ella estaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Ella lo vivía con su cuerpo entero. Con su sexo […]&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Entonces el barrio todo, al revolverse con Ella, rebotó en mi sexo […] (88)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La estructura del barrio recuerda la conformación laberíntica de las anteriores ciudades. Juan Villegas, citando a Mircea Eliade, apunta: “la misión esencial del laberinto era defender el centro, el acceso iniciático de la sacralidad. Puede considerarse además como el aprendizaje para entrar en los territorios de la muerte” (1978:120)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Este diseño laberíntico que entraña la construcción de las ciudades emarianas es coherente con el enigma que ellas encierran; ya sea que actúen como fortaleza del “centro”, tan buscado por Emar-personaje, o que sólo constituyan pruebas y aprendizajes que el protagonista deba superar, lo cierto es que su configuración se condice con la construcción tanto de Chuchezuma como de la mujer de “El perro amaestrado”, pero sobretodo, como reflejo del propio narrador, lo que explica la elección del epígrafe a este apartado. Las ciudades emarianas revelan la búsqueda espiritual interna del propio personaje, en tanto el entorno y los personajes con los que interactúa se explican como reflejos del mismo proceso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;1.3. El motivo del viaje en &lt;i&gt;Diez &lt;/i&gt;y su protagonista&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Como ha señalado Juan Villegas, el viaje geográfico implica la búsqueda de un sistema de vida distinto o algún tipo de conocimiento. La novela moderna, según el crítico, otorga un valor secundario al mero traslado geográfico para privilegiar el viaje interno o intelectual; muchas veces, un personaje puede permanecer en una misma ciudad, y a pesar de ello realizar una travesía a partir de su subconsciente, intelecto, espíritu.&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn13" mce_href="#_ftn13" name="_ftnref13"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Si bien Villegas&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;destaca que esta connotación del motivo se produce con mayor frecuencia en la novela moderna, es posible afirmar que la búsqueda espiritual simbolizada a partir de un viaje es un motivo antiquísimo susceptible de adquirir diversas formas. Cirlot señala: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Desde el punto de vista espiritual, el viaje no es nunca la mera traslación en el espacio, sino la tensión de la búsqueda y de cambio que determina el movimiento y la experiencia que se deriva del mismo. En consecuencia, estudiar, investigar, buscar intensamente lo nuevo y profundo son modalidades de viajar o, si se quiere, equivalentes espirituales y simbólicos del viaje. Los héroes son siempre viajeros, es decir, inquietos. El viajar es una imagen de la aspiración – dice Jung – del anhelo nunca saciado, que en parte alguna encuentra su objeto. (1969: 421)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Justamente es el caso de la narrativa de Juan Emar que estamos examinando, pues si bien se narran traslados físicos del personaje, lo fundamental se encuentra en el periplo espiritual que desarrolla el protagonista en los cuentos de &lt;i&gt;Diez&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn14" mce_href="#_ftn14" name="_ftnref14"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;. Cecilia Rubio señala: “Los cuentos de &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt; presentan distintas experimentaciones de vías posibles de acceso a una vivencia espiritual […]&lt;/span&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt; (2005: 152). Los experimentos del narrador implican una búsqueda, que conlleva singular relación con los espacios; el entorno sugiere el reflejo de sí mismo, de “sus más ocultos deseos”; por tanto, el deambular por ciudades y campos persigue el conocimiento de una “geografía” metafísica y espiritual. La profesora Rubio añade: “Emar emprendió su quehacer con un objetivo de trascendencia: el de producir conocimiento y comprensión del mundo […] Ese mundo al que se acerca el artista, y del cual la obra nos ofrece símbolos, es el mundo espiritual superior” (2005: 161-162).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;A pesar de los cambios que introducirá en el motivo del viaje, Emar recupera su sentido clásico: el viaje como metáfora de la búsqueda de un bien preciado&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn15" mce_href="#_ftn15" name="_ftnref15"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;; sin embargo, como el personaje se aparta del sentido clásico de héroe, no hace entrega de ese bien a la comunidad, puesto que las demás personas no constituyen en objeto de su preocupación, ni tampoco es un objeto que sirva a una comunidad. Se trata de un bien espiritual y de fines individuales. Aún así, existe un personaje en &lt;i&gt;Diez&lt;/i&gt; que, a la manera del viajero clásico, logra la obtención de un bien y lo comparte con otros. En “Maldito gato”, se recrea la historia del Chino Fa, quien resulta ser un viajero que se inscribe en el clásico del género; ha conseguido volver a su tierra tras haber obtenido un valioso saber: la receta del candiyugo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Este buen chino, a más de pequeño comerciante, era poseedor de un misterioso secreto que, según lo que contaba, le había sido revelado pocos años antes de la gran guerra por una tribu nómade durante uno de sus muchos viajes por el desierto de Gobi. El chino Fa había, pues aprendido, en su vida errante, a fabricar el candiyugo (47-48)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Queremos señalar que lo obtenido por el Chino Fa se inscribe como un bien de tipo hedonista, placentero, que se guarda como secreto privilegio de ciertos amigos escogidos por él. Es decir, no hablamos de un bien que otorgue la sobrevivencia de la comunidad, ni que intente restaurar el orden a un mundo caótico, sino de otorgar placer a individuos que podrían seguir viviendo aun sin haber experimentado la prueba del candiyugo. Es decir, uno de los elementos esenciales que Emar transforma en la actualización del motivo es lo que se entiende por la ética, virtud o moral del héroe ¿cuál es el bien preciado de los personajes emarianos? En primera instancia podríamos hablar, a partir del ejemplo citado, de la obtención de placer. Sabemos por la lectura de “Maldito gato” que el candiyugo y su evocación es una experiencia inigualable. No obstante, este breve momento de goce no es el único ni el último nivel de acceso a una trascendencia espiritual. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Si bien los viajes a Europa le aportan placer – recordemos “El pájaro verde”- el narrador va más allá. El bien que ha obtenido se resume en la frase del tango más que en la juerga parisina, a pesar de que ésta es un elemento aglutinado en la figura del loro. Ahora, no por ser una búsqueda seria en su esencia, la narración y la figura del personaje principal estarán revestidas de seriedad. El crítico Claudio Morales ha destacado la relevancia que adquieren la risa y el juego en la obra emariana: “La risa, el ocio y el juego son mecanismos poderosos mediante los cuales se introduce el desorden en una realidad ordenada, además, son capaces de desestabilizar sistemas consolidados” (2005: 135)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Es decir, que el protagonista de estos cuentos realiza una acción inversa a la del héroe clásico, pues en vez de restaurar el orden, desestabiliza cimientos sociales. Antes de iniciar su travesía vive tranquilamente: “vivía en tan grata paz, fumando, soñando, hojeando viejos libros; a mí que era todo buena y reposada vida” (“Maldito gato”, 60), pero a pesar de ello, siempre lo ronda una vaga obsesión de cambio; a pesar de tener hábitos burgueses se opone a la ética burguesa. Es una figura contradictoria antes que coherente. No concibe el viaje como una misión seria y formal de acuerdo al estatus del héroe, sino que la búsqueda espiritual está revestida de la forma del juego, del azar. Es por ello que asumir el &lt;i&gt;viaje como responsabilidad&lt;/i&gt; le parece un absurdo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Así, por ejemplo, en “Maldito gato” a partir del olor a vinchuca el narrador reflexiona brevemente sobre el absurdo que implicó la travesía del descubrimiento de América: “En todo caso yo, cuando las emanaciones del insecto me llenaron, pensé que no hay aún ni nunca ha habido ni habrá jamás razón alguna que justifique que Colón haya surcado los mares para descubrir continentes tan demasiado vastos” (46)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Desiderio Longotoma asevera en “El perro amaestrado”: “Todo transeúnte es un absurdo” (83). Según la lógica del personaje, “estar de paso”, ser viajero, transeúnte, visitante, es percibido como un sin sentido, una “fuerza inactiva”. Si acudimos a revisar el arquetipo del viajero en la literatura occidental clásica nos encontramos con el polo opuesto; mientras Longotoma afirma el absurdo del deambular, el viajero clásico obedece siempre a una razón y más aún, a una misión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;No obstante, es a partir de vivir el absurdo que el personaje logra, por momentos, superar el hastío y acceder al umbral del conocimiento; en este sentido, la noción clásica de viaje se reafirma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Ya hemos visto como en “Chuchezuma” y “El hotel Mac Quice, el narrador se deja guiar por el azar, impulsos o presentimientos, rasgo que encontramos en la mayoría de los cuentos: “esa mañana fatal se me ocurrió, sin saber por qué, hacer ensillar el Tinterillo […]” (“Maldito gato”, 60). En “Pibesa”, la visita a la cordillera se enmarca nuevamente en el azar, que viene a salvar al protagonista del hastío: “No fue por mi voluntad ni por la suya que nos dirigimos a visitar la cordillera. Fue por un simple azar. Íbamos juntos por unas calles atardecidas, respirando hastío y sin hablarnos.” (149) Al leer el permiso para visitar la cordillera, el narrador exclama: “¡En fin algo nuevo, algo con qué llenar un hueco de la vida! Algo más: algo que no fuese ese eterno paseo por estas calles que nos apagan los ojos hasta la oscuridad”. (149)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El motivo clásico del viaje, tan centrado en la lógica y la gravedad, es subvertido específicamente en estos aspectos formales, pero no en su sentido más profundo. Si bien sigue connotando la búsqueda de un bien preciado, Emar transforma los métodos, motivaciones y carácter de su protagonista, el héroe clásico, a través de lo cual realiza una actualización moderna, como lo veremos ejemplificado en la reflexión sobre “El Unicornio”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;1.4. El viaje iniciático de “El Unicornio”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El cuento “El Unicornio” recrea de forma explícita el motivo del viaje como forma de conocimiento, y nos permitirá acercarnos a los elementos que Emar conserva y desconstruye de este motivo y del héroe clásico.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;A partir de la conversación entre Desiderio Longotoma y el narrador, entrevemos una identificación entre Emar-personaje y el unicornio, pues, como le dice Longotoma a su amigo: “Usted haría crecer el cuerno único del unicornio” (93). El unicornio es el reflejo de la figura del narrador, y éste emprenderá un largo viaje con el sólo objeto de apoderarse del fruto que produce el Árbol de la Quietud, nacido del cuerno. Podemos sugerir entonces que la travesía del protagonista se inscribe en el sentido clásico del motivo: la búsqueda de un bien que siempre le ha pertenecido, pero que exige un largo camino de autorreconocimiento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El narrador divide su relato en tres historias: la primera se inicia con la pérdida de la personalidad de Longotoma, la reflexión sobre los cuernos, que se vislumbra como el acicate que despierta el interés del narrador por el unicornio, el fruto del Árbol de la Quietud y su efecto. El viaje que realiza el narrador para ir en busca del fruto y el regreso a Santiago finalizan esta primera parte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La segunda historia sucede en Santiago de Chile; concentra el “autoasesinato”, la visita a Camila y su conversión en estatua. Longotoma y el narrador la ubican en la tumba de Emar en reemplazo de la tradicional cruz y realizan durante diez noches una especie de representación teatral frente a ella con fragmentos de &lt;i&gt;Hamlet.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La historia final comienza con la presentación de un nuevo personaje: Cirilo Collico, pintor –detective o viceversa, que iniciará una serie de asedios sobre el personaje principal con relación al unicornio. Ante la certera posibilidad de haber sido descubierto, Emar termina acostándose en su tumba, donde sus putrefacciones lo unirán definitivamente a Camila.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Llama la atención que, si bien en todos los cuentos existen secuencias de varios episodios que conforman un relato, sólo el narrador de “El unicornio” explicita las divisiones, anunciando el inicio de una nueva historia. Creemos que ello obedece a la delimitación de etapas míticas o “umbrales”- palabra tan frecuente en la narrativa emariana- que el narrador traspasa hasta conseguir la anhelada fusión con Camila o el “bien preciado”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Juan Villegas, al estudiar los componentes del motivo del viaje, identifica tres etapas en los relatos que insertan el motivo y determina series de mitemas&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn16" mce_href="#_ftn16" name="_ftnref16"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; que se aglutinan en cada etapa; obviamente no se repiten todos los mitemas en cada relato, pero al parecer, las tres etapas por las que atraviesa el héroe de los relatos de viaje se observan en la mayoría de ellos. Asimismo, destaca en su ensayo otros trabajos referidos al mismo tema, como el de Joseph Campbell- &lt;i&gt;El héroe de las mil caras&lt;/i&gt;- quien también divide la travesía del héroe viajero en tres etapas, identificando sus componentes, con claras influencias, según Villegas, de Freud y Jung (1978: 74-75). Reconocemos en el cuento de Juan Emar varios de los mitemas descritos por Villegas y Campbell, que permiten inscribir “El Unicornio” dentro de la tradición del viaje iniciático, como lo ha señalado Cecilia Rubio:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 18pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 18pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Realizando un paralelo con la tradición cristiana, Jung ([1938] 1992) subraya el carácter triádico del iniciado, ya que éste es el sacrificador y el sacrificado, así como la materia con que se realiza el sacrificio. Por eso, es en el cuerpo del iniciado donde se realiza la transmutación, de allí el autoasesinato de Emar, y de allí también que sea su cuerpo el que pase por distintos estadios y termine sublimado él mismo al unirse a la Obra, es decir, a Camila. La simbiosis final entre Emar y Camila indica justamente la simbiosis entre el sujeto iniciado y su obra. De hecho, en Emar tiene lugar cada uno de los pasos del proceso iniciático: el viaje, la preparación (ejercicios rítmicos, método y utensilios), la espera (donde se produce la unidad de la materia) (ver Walker 1993), el desdoblamiento, la muerte, y, finalmente, la transmutación y la inmortalidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 18pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 18pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Villegas llama a la primera etapa del motivo “La vida que se abandona” y distingue sus componentes: el llamado, el maestro o el despertador, el viaje, el cruce del umbral, entendido como la separación o unión de dos mundos, el profano y el sagrado. El mismo viaje puede constituir el cruce de un umbral. Campbell denomina a esta etapa inicial “separación o partida” y realiza idéntica distinción, salvo que identifica el viaje con el cruce del umbral y agrega a estos tres “El vientre de la ballena o sea el paso al reino de la noche” (Villegas 1978: 74), es decir, la estadía en el mundo desconocido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 18pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 18pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En la primera historia de “El Unicornio”, el llamado es indirecto y se realiza a través del periódico; la misión es, aparentemente, buscar la personalidad desaparecida de Desiderio Longotoma, situación que gatillará la decisión de buscar el fruto del Árbol de la Quietud. En este momento el personaje sabe el efecto del fruto sobre las muchachas en flor, por lo que podemos elucubrar que los hechos de la segunda historia estaban planeados por él en este instante, es decir, el unicornio es también símbolo indirecto de la belleza inmortalizada de Camila. Inicia el viaje desde el puerto de Valparaíso hasta Alejandría. Como lo destaca la profesora Rubio:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 17.85pt; text-align: justify; text-indent: 17.3pt; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 17.85pt; text-align: justify; text-indent: 17.3pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;En realidad, el viaje de Emar tiene todas las características de una vuelta al mundo. En primer lugar, éste sigue un recorrido circular, cuyos dos extremos, que se reencuentran, son los puertos de Valparaíso y de Alejandría, es decir que la ruta abarca los tres océanos (Pacífico, Indico, Atlántico y Pacífico). En este sentido, la aparición del Caleuche no es azarosa. Por un lado, se relaciona con «el barco sin gobernalle», típico del viaje al otro mundo (ver Patch 1983) y, por otro, con la teoría de la Tierra hueca, tal como la desarrolla Miguel Serrano en su El cordón dorado. Hitlerismo esotérico (2ª ed. 1992).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Cabe destacar la presencia explícita de la noción de simultaneidad espacial en la visita del narrador al observatorio astronómico y contemplar la estrella Sirio y la luna, tal como las vio desde el observatorio del cerro San Cristóbal: “[…] me toma súbitamente la duda de la veracidad del Cairo y de Santiago como dos diferencias en el espacio. Primó la idea de simultaneidad espacial” (95). A partir de una acción de consecuencias mágicas – el golpe del bastón sobre la base de la pirámide de Cheops - “fue deshaciéndose la idea enviada por la Luna, y El Cairo y mi ciudad natal se desprendieron por entre océanos y continentes” (95) &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Con respecto a la mención de la luna y a las travesías nocturnas del protagonista, resultan significativas las palabras de Cirlot: “Todas las cualidades heroicas corresponden analógicamente a las virtudes precisas para triunfar del caos y de la atracción de las tinieblas. De ahí que el sol se asimilara en muchos mitos al héroe por excelencia” (Villegas 1978: 64) Siendo un héroe lunar, el protagonista de Emar se opone a la concepción clásica de héroe.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Tal como la literatura tradicional de viajes, el cuento describe los medios de transporte, lugares visitados y actividades realizadas en cada paso. Cuando logra obtener el fruto, regresa en un submarino, como un Jonás moderno del siglo XX en el interior de un vientre tecnológico. Es la última fase de esta etapa, en la que el personaje pasará bajo los continentes. La visión del Caleuche se entiende en el contexto de la introducción de un mundo desconocido y mágico, en el que se producen no sólo fenómenos de simultaneidad espacial, sino donde además conviven la tecnología – submarino- con el mito – Caleuche. La risa y el absurdo se incluyen asimismo, por ejemplo, en la conversación de Emar y los tripulantes del barco; la revelación sobre la naturaleza de la tierra es presentada sin ambages, mientras que la razón de la existencia de la pelota de tenis en el submarino se calla como si implicara un gran secreto y por consiguiente, un asunto revestido de gravedad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La segunda etapa es denominada por Villegas “La iniciación en sí o la adquisición de experiencias” y se reúnen en ella los mitemas: el viaje –nuevamente-, el encuentro, la experiencia de la noche, la caída o el descenso a los infiernos, los laberintos, el morir-renacer y la huida y la persecución. Campbell denomina esta etapa “las pruebas y victorias de la iniciación” (Villegas 1978: 74). Distingue seis mitemas pero nos interesa destacar “El camino de las pruebas” y“El encuentro con la diosa o la felicidad de la infancia recordada”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;En la segunda historia el narrador, amparado en la noche – “la experiencia de la noche”-, roba su propia casa y se escinde para matarse a sí mismo; el asesinado es aquel Juan Emar previo a la conversación con Longotoma: “A esa hora y ese día – si Desiderio Longotoma no me hubiese hablado del unicornio – debería estar yo en cama durmiendo” (100). El asesino es el recién llegado. Podemos entender la relevancia que adquiere el viaje para el destino del narrador, pues junto con traer el fruto, desarrollará un plan que necesita el sacrificio de la antigua personalidad. Es así como el personaje “muere y renace”: pierde los objetos robados de la casa que habitara y se despoja sobretodo de la responsabilidad de sus propios actos. Con la muerte ha obtenido la ansiada libertad (anhelada en “Chuchezuma” también) para traspasar los límites de la vida, la muerte y el tiempo, pues: “Cuando se está sepultado largo a largo bajo las hormigas y las cucarachas de un cementerio, todo sentimiento de responsabilidad desaparece” (102) &lt;span&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Luego de comer el fruto, Camila permanecerá suspendida entre la vida y la muerte, congelada en el tiempo de la adolescencia y la ignorancia de la realidad. Para Emar-personaje las cualidades de Camila – juventud, belleza, desconocimiento de la realidad- constituyen el más preciado bien, en tanto representan la irresponsabilidad y la libertad del no ser (muerte). Su anhelado encuentro con la diosa se signa como: “aquello era mi total irresponsabilidad protegida por una lápida mortuoria y hecha mármol por el crimen” (106). Durante un mes peregrina hacia la efigie, para meditar e intentar aprehender todos los arcanos de la muerte; abarcarlos todos es una prueba que no logra superar, pues en la mente del narrador se interpone la imagen de Hamlet junto a la fosa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span&gt;           &lt;/span&gt;Luego, junto a su compañero de aventuras, Desiderio Longotoma, realiza una especie de ritual artístico junto a la tumba. La representación teatral, en tanto rito, hace revivir una y otra vez los desdenes de Camila aún en vida; el zapatito teñido de sangre de Pibesa, puente hacia la inalcanzable Camila, traspasa vitalidad a su marmóreo e inerte cuerpo; cuando al final del ritual el zapatito pasa a ser propiedad de ambas, Camila sigue conteniendo vida en la muerte, pero a pesar de ello, no se logra aprehender el misterio que ella encierra: los arcanos de la muerte. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La tercera etapa es denominada por Villegas “La vida del iniciado. Triunfo y fracaso del héroe”. Se distinguen en ella: “el regreso, la huida mágica, la negativa al regreso, el cruce del umbral del regreso, la posesión de los dos mundos”. Por su parte, Joseph Campbell, la llama “El regreso y la reintegración a la sociedad”; de los seis componentes que describe, queremos destacar tres: “el cruce del umbral del regreso, la posesión de los dos mundos y la libertad para vivir”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El regreso a la realidad del protagonista – y a la luz del día, puesto que sus visitas a Camila se producen en la noche - choca con el instinto detectivesco de Cirilo Collico; es entonces cuando el protagonista se da cuenta que le es imposible regresar al mundo de los vivos, y por tanto, poseer los dos mundos. Mantener la libertad obtenida a partir de la irresponsabilidad es imposible. Entonces decide su huida hacia la muerte. Se logrará fusionar con Camila en la muerte, sin haberla poseído en vida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En este sentido, podemos concluir que Juan Emar recupera mitemas del viaje iniciático clásico y conserva la estructura de las tres etapas descritas por los estudiosos. Sin embargo, es imposible calificar su travesía en términos de éxito y fracaso, como lo formulan Villegas y Campbell en el contexto del viaje clásico. El protagonista emariano no busca el bien común sino el individual. Se mueve a partir de impulsos y deseos, al margen de las leyes éticas; quien vivía inserto en la comunidad es el Emar asesinado, no así el asesino, que se transforma en una especie de criatura nocturna, que no puede retener los dos mundos (el de los vivos y el de los muertos), ni la libertad de vivir. Es obligado a huir y guarecerse al alero de la diosa hasta su total descomposición.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El escritor utiliza esta estructura del relato clásico de viajes para plasmar en él una de las posibles vías de acceso hacia el conocimiento superior, instancia que se ve frustrada en cierta forma debido a la incapacidad de permanecer en el mundo de los vivos conociendo el de los muertos. Tampoco el narrador alcanza a descifrar los secretos que oculta la muerte, pero su fusión con Camila le permitirá, si no traspasar el &lt;i&gt;umbral&lt;/i&gt;, mantenerse en él.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="text-transform: uppercase;" mce_style="text-transform: uppercase;" lang="ES-CL"&gt;2. El modernismo brasileño: &lt;i&gt;Memorias sentimentales de Juan Miramar&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;2.1. El viaje o la (de) formación del protagonista&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Memorias sentimentales de Juan Miramar&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;, calificada por el mismo autor como una novela-invención&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn17" mce_href="#_ftn17" name="_ftnref17"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, se compone de ciento sesenta y tres textos, que poseen un sentido completo en sí mismos, pero que se vinculan a partir de la vida y obra de Juan, lo que permite al lector articular – aunque fragmentariamente- la biografía del protagonista.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Haroldo de Campos destaca la conexión entre la estructura de este texto y la novela de formación o &lt;i&gt;Bildungsroman&lt;/i&gt;:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Ya en &lt;i&gt;Miramar&lt;/i&gt;, Oswald desarrollará el proyecto de un libro astillado, fragmentario, hecho de capítulos que se arman como en un caleidoscopio, un libro que opera como antología de sí mismo. Pero en &lt;i&gt;Miramar&lt;/i&gt;, aun cuando la pulverización de los capítulos habituales produzca un efecto desarticulador sobre la norma de la lectura lineal, no deja de existir un enrarecido hilo conductor cronológico, calcado del molde residual de la “novela en formación” o de “educación para la vida”, patrón que nos ofrece - en términos paródicos, es cierto- la infancia, la adolescencia, el viaje de deslumbramiento y revelación crítica, los amores conyugales y extraconyugales, la separación, la viudez precoz y el desencanto meditativo del héroe, el joven “literato” memorialista, sofocado por la estrechez de la provincia, y que ostenta en el propio nombre el anhelo de desahogo y abertura de horizontes (1981: XXIII, XIV)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" &gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La apropiación del modelo de la novela de educación, como la llama Baijtin, es explicitado en el mismo texto a través del Licenciado Pilatos, quien le comenta a Zelia: “Su marido, señora mía, es como Telémaco según Fenelon en la versión portuguesa en quien era de admirarse tanta facundia en tan verdes años” (32) Baijtin inscribe a &lt;i&gt;Telémaco&lt;/i&gt; de Fenélon dentro del cuarto tipo de la novela de desarrollo, la novela didáctico-pedagógica. “Este tipo de novela muestra un proceso educativo en el sentido propio de la palabra”. (1982: 214) Entonces, lo que Oswald de Andrade realiza, es una parodia a la novela didáctico-pedagógica&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt; &lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn18" mce_href="#_ftn18" name="_ftnref18"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;No constituye nuestro objetivo analizar los componentes que permiten articular la parodia al género de formación en las &lt;i&gt;Memorias&lt;/i&gt;. Sólo queremos establecer la filiación que el texto manifiesta con la tradición literaria occidental, para contextualizar el sentido general de aprendizaje para la vida que adquieren las vicisitudes del protagonista, pues las experiencias de viaje constituyen una parte fundamental de su (de)formación.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;2.1.1. Odiseo Paulista&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El protagonista, Juan o Joao, es caracterizado en el prefacio firmado por Benito Pérez-Atroz&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn19" mce_href="#_ftn19" name="_ftnref19"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; como un “hombre moderno”, “producto improvisado y por ende imprevisto, y quizás hasta chocante para muchos, de una indiscutible época de transición” (11) Podemos deducir que la intención de Oswald es hacer una especie de personaje prototípico del Brasil de su tiempo y a través de él, retratar y criticar las instituciones y los procesos políticos, sociales, económicos y culturales de su país. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Si nos acercamos a las &lt;i&gt;Memorias&lt;/i&gt; considerándolas una parodia a las novelas de formación, no nos debe extrañar que Juan experimente desde muy niño la presión que implica la rigidez institucionalidad educativa que se manifiesta en la obra. Su niñez está marcada por la escuela, y por la presión de la madre para hacer de él un “hombre de bien”- “Mamá quería que yo fuera el mejor alumno” (15) - con valores éticos y católicos: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;“Profesora flaquita y recreo alegre empezó la clase por la tarde un bigote de púas alambrado en el gran maestro Sr. Contreras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;En el silencio tic-tac del comedor le informé a mamá que no había Dios porque Dios era la naturaleza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Nunca más volví a ver al Sr. Contreras que se fue al infierno.” (15)&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt; &lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn20" mce_href="#_ftn20" name="_ftnref20"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 10.5pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Desde pequeño, Juan es conducido a encajar en el modelo burgués de la sociedad paulista, y se entera que hay muchas cosas que le están vedadas, incluso, una simple- aunque transgresora- declaración como la del profesor, pues atenta contra los cimientos religiosos de su clase. El aprendizaje escolar de Juan, más que incrementarse en su relación con profesores y condiscípulos, se genera más bien en soledad, sobretodo en relación con el tema del viaje, pues al parecer, éste constituye un deseo abrigado en su más temprana infancia: “mis libros dibujos mapas del secreto Mundo” (15). Entre el Viejo y el Nuevo Mundo instala el mundo secreto que desarrolla, en el que incluye sus percepciones del entorno, obviamente desde la óptica de un niño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La llegada de la tía Gabriela y sus primos es fundamental para Juan, pues ellos y sus gustos importados constituirán el segundo puente – luego de los mapas y los libros- hacia Europa. La influencia de Paquito será decisiva: “Paquito inquietaba mi tranquilidad” (16).&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Su ambigua personalidad y afición por el vicio son asumidos por la madre del protagonista como un pésimo ejemplo para Juan; pero éste ya se muestra crítico frente al sistema de vida burgués:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;En el dormitorio regaños queridos no querían que yo me juntara con mi primo. Paquito no tuvo educación desde niño y por eso le gustaba haraganear. ¿Qué dirían las familias de nuestras relaciones si me vieran en travesuras escandalosas o con sirvientes? Eran de las únicas que debíamos frecuentar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;                        &lt;/span&gt;Yo encontraba abominables a las familias de nuestras relaciones (16)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;El ocio es remarcado como el mayor vicio que ostenta Paquito, pues se percibe como una transgresión a uno de los pilares del sistema burgués: el trabajo honrado. La voluntad de haraganear se piensa además como una consecuencia de la falta de educación, aunque ha estudiado en colegios europeos. Paquito experimenta mayor hastío en la hacienda donde, como él mismo señala: “Paso los días como en la hacienda donde no había nada que hacer sino vicios”. (17)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Paulatinamente, los primos de Juan revelarán una serie de transgresiones al sistema, aunque jamás entren en confrontación abierta con él. Si revisamos la biografía de Paquito y Nair, nos enteramos que ellos –conscientes de los beneficios económicos y sociales que les aporta la pertenencia a la clase burguesa- terminan por “enderezar” sus vidas- Paquito termina como rico comerciante, Nair, como una respetable señora casada con un hombre adinerado. Sin embargo, aprovechan los intersticios del sistema en su juventud, para transgredir normas éticas y morales, como las experiencias lésbicas de las muchachas en el internado (16-17). Nair califica estas prácticas como propias de un “espíritu civilizado” (16). Más adelante la transgresión sexual será una de las formas en que Juan subvertirá los valores burgueses. El adulterio es tolerado en la sociedad patriarcal y burguesa, si se mantiene oculto ante los demás, pero condenado al mostrarse ante la luz del día. Juan pagará las consecuencias de este doble estándar social.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;A través de un compañero de juerga surge la posibilidad de viajar hacia el Viejo continente:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Gustavo Dalbert en una noche de mechón y cigarro me dijo que el arte era todo y que la vida nada. Era músico. Era músico y se iba a vivir a París conmigo, el amigo y joven poeta Juan Miramar.” (17)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Encontramos, al igual que en &lt;i&gt;Diez,&lt;/i&gt; la asociación Europa- arte y por consiguiente, la atracción que experimentan los artistas por ir hacia ella. El viaje de Dalbert invertirá el proceso de colonización, pues será él quien irá a conquistar Europa. En el texto 26, que se titula Alejandro el Grande, el narrador señala: “Dalbert con beca y trombón iba a partir a la conquista de Europa” (19). Miramar obtiene el permiso de su madre que “decidió mi intempestivo conocimiento viajero del mundo” (19), e inicia una travesía que lo conducirá por una senda semejante a Emar-personaje de “El pájaro verde”: la fiesta, la bohemia, los vicios, que sin embargo le permitirán acuñar un singular conocimiento del mundo, en tanto favorece un distanciamiento crítico de su patria y el sistema patriarcal burgués que la rige.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;El Miramar de &lt;i&gt;Memorias&lt;/i&gt; es un Odiseo ingenuo, creado en el horizonte estrecho del Sao Paulo de fines del siglo pasado y a comienzo de éste, intelectual, provinciano de rica extracción estanciera, sin las mañas del escurridizo heleno, pero que encuentra en el viaje transoceánico una primera perspectiva de apertura al mundo y de desenajenación. Su periplo es un periplo hacia el consumo bohemio de la libertad, pero su conocimiento le da al espíritu una nueva dimensión crítica y Miramar pasa a engendrar, por el ridículo, la negación de su contexto de origen. (XX)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;2.1.2. El viaje como liberación&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La primera liberación que Juan experimenta dentro del rígido sistema que le ha correspondido vivir es el término de su escolaridad. Es evidente la ironía de Oswald de Andrade hacia los discursos de los profesores en el día de graduación: “Poeta y misántropo el Sr. Machuca nos preparó un adiós de discurso. Partíamos en dirección de la vida – sendero donde debíamos encontrar muchas veces abismos cubiertos de flores” (17). Comenzará su vida nocturna junto a los amigos e iniciará su periplo de romances fugaces con la actriz Gisella Doni. Creemos relevante señalar que Juan emprenderá una doble travesía: geográfica, por los puertos de Brasil y luego por Europa, y sexual, que comprende una serie de mujeres que lo acercarán ya a América, ya a Europa. En el barco conocerá a Madame de Rocambola, una “bola de abalorios” (21)- llamada así quizás a título de su avaricia&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn21" mce_href="#_ftn21" name="_ftnref21"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;- y a su hija Rolah, actriz cinematográfica con quien más adelante desarrollará una tortuosa historia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Julio Prieto apunta:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;La crítica de los valores establecidos y de la clase social dominante es, con todo, un elemento omnipresente tanto en &lt;i&gt;Memórias sentimentais de Joâo Miramar &lt;/i&gt;como en &lt;i&gt;Serafim Ponte Grande&lt;/i&gt;, "novelas" que configuran un singular proyecto de crítica social a través del viaje como transgresión: el viaje como huida de un entorno social asfixiante es en ambos casos el motivo que origina y otorga cohesión a la escritura (Jackson 63, 82). Uno de los rasgos característicos de ese proyecto subversivo es el hecho de que la transgresión sociopolítica está directamente relacionada con la transgresión sexual, hasta el punto de que sería posible agregar a los cinco sentidos del viaje vanguardista arriba señalados un sexto (oportunamente sexto): el viaje como transgresión erótica. (2006: 24)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La relación con Gisella constituye su primera posesión de Europa; así como su amigo Dalbert conquistará el Viejo Continente con su beca y trombón, a partir de la posesión sexual Miramar se distancia de los valores rígidos de la madre y de María de la Gloria, su nana, lo que lo acerca a Europa&lt;a class="mceItemAnchor" href="http://cinosargo.bligoo.com/content/edit/#_ftn22" mce_href="#_ftn22" name="_ftnref22"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" &gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Comienza su aventura en barco por las costas de Brasil; el texto da cuenta de un re-conocimiento de la tierra natal, así como de los amoríos suscitados a bordo. Debemos recordar que, a partir del descubrimiento de América y el consiguiente establecimiento de colonias el motivo del viaje se instala en la tradición de la literatura latinoamericana de forma palmaria. La proliferación de diarios de viaje, principalmente españoles y portugueses, resulta un dato no menor si pensamos en el modernismo brasileño, pues uno de sus rasgos evidentes es la recuperación del imaginario colonial a fin de delinear la identidad nacional. Por tanto, la lectura y consiguiente “deglución” de las cartas y diarios de los conquistadores cobra importancia en la obra de Oswald de Andrade y se manifiesta en la escritura de &lt;i&gt;Memorias sentimentales de Juan Miramar&lt;/i&gt; y más tarde, en &lt;i&gt;Serafim Ponte Grande&lt;/i&gt; (1933). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El narrador inicia en sus textos un detallado registro de los nombres de lugares visitados, breves imágenes para aprehenderlos y conjuntamente, registra el nombre de las mujeres con que se relaciona. Es interesante constatar que la relación que encontramos entre el instante de reconocimiento del suelo patrio y la posesión sexual de mujeres.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;En su travesía, Juan visitará lugares emblemáticos y turísticos de Europa, conocerá el rostro de postal que se proyecta a su Brasil natal. Estos emblemas archiconocidos como la Torre Eiffel se acompañan de nombres de figuras femeninas europeas paradigmáticas, en el caso de la torre, Juana de Arco. Asimismo, durante su estadía, Brasil se hará presente en su vida a partir de la figura de Madó, muchacha que ha conocido siendo estudiante en Brasil y que reaparece en Europa. En el episodio 37 llamado “La Madó del principio”, Juan señala:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Era la hija pubertada del dueño del restorán de ojos azules.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Las lueñas tierras patrias crecían en el invierno de la sala como legumbres tardías. Y lo oscuro de la escalera subía caídas al séptimo piso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Soñamos un libro de viajes.(22)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;A pesar de la atracción artística que despertaba Europa en Juan, su percepción del arte europeo tradicional es negativa, pues connota aburrimiento; le parece un arte demasiado convencional y vinculado a valores religiosos. Es así como desprecia la pintura del renacentista Rafael Sanzio e ironiza sobre su obra “La Transfiguración”:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;41. VATICANO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Raffaello Sanzio d’Urbino&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Ventarrón&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Muchas sábanas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Y ráfagas deportivas de profetas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Poncio Soponcio […]&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;-Y que cada quien pinte igualito así a Rafael&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;y el Ventarrón agarró a los Berninis emperifollados para el asombro educado de las manadas Cook&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;-It is very beautiful!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Pero San Francisco no creyó en nada de transfiguraciones bien dibujadas. (23)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;visión de Europa tiende a ser cada vez más sarcástica, pues el diario de viaje del protagonista se puebla de clichés sobre la Europa de postales y lugares turísticos; por ejemplo en Venecia:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;“Chicas callejuelas ostentaban durante el día un comercio completo de ciudad visitada con serenatas nocturnas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Cristales joyas cueros labrados marfiles caían con chales italiano de colores vivos en canales de agua sucia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Gondoleamos graciosamente al Ponte di Rialto y suspiramos en el otro.” (24)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En este sentido, el nacionalismo paulistano aflora en tanto se enaltece el recuerdo de Brasil, pues, mientras en Inglaterra los jardines están momificados – “Durante el día almorzábamos la ciudad visitando entre jardines momias del British Museum” (24) - Brasil es recreado en el texto de Oswald de Andrade como un exuberante jardín, asimilable al Edén bíblico, lo cual se relaciona con el proyecto antropófago del autor, la ansiada vuelta a Pindorama, nombre indígena de Brasil. Sin embargo, debido a la influencia de extranjeros en el país, este jardín está desencantado y se ha transformado en un circo pseudoreligioso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Jardín desencanto&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;La tarea y procesiones con mantos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Y canónigos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Allá afuera&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Y un circo vago y sin misterio […] (13)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Por ello se entiende que luego de la fiesta de despedida de las andanzas europeas, el personaje experimente indiferencia hacia Europa y añoranza de Brasil, por lo que se busca la patria en cualquier objeto, como las corbatas. Se añora el calor tropical de Brasil y su gente: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Mis ojos van buscando recuerdos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Como corbatas halladas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Añoranzas brasileñas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Son moscas en la sopa de mis itinerarios […] (26)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;El protagonista presenta una imagen romántica de su tierra, a la que vuelve a recrear como jardín al sentir nostalgia de los platanales, pero recuerda que al jardín se superpone otra imagen “El ring de la riqueza / Brutalidad jardín / Aplatanarse” (26)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;2.2. El retorno&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La experiencia recién vivida le permite reconocer Brasil pero para siempre su imagen estará mediatizada por elementos extranjeros provenientes de la cultura europea adquirida: lenguaje, comparaciones, imágenes cinematográficas, como de la llegada de inversionistas a Brasil (la compañía Ford). Se reconoce el suelo patrio pero bajo&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;códigos extranjeros: la propia tierra será “Hinterland”, que se identifica con los ojos de la prima Zelia con la que iniciará un romance que se convertirá en matrimonio. Por lo demás, repite la misma operación que se observa en el nombre de la Hacienda de su tía Gabriela: Nueva Lombardía, a través del cual, superponen Europa al suelo americano. Luego, estando en Europa, Gabriela hará la operación inversa: superpondrá la tierra brasileña a la europea: “Pasamos unas semana en Fontanablêao. Es un segundo Brasil en belleza de naturaleza” (32)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Al elegir a Zelia, elige también la tierra natal, los valores y tradiciones de la sociedad burguesa; ambos rechazan la invitación de tía Gabriela para volver a Europa: “Y hasta preferimos quedarnos solos en la casa de Sao Paulo reabierto dejando a tía Gabriela y cuñadas inútiles transatlanticarse detrás del Paquito” (29). Reaparecen descripciones de Brasil, esta vez integrando los colores de la bandera nacional “Rombos tenues de oro banderanacionalizaban el verde de los montes interiores./ Del otro lado azul de la bahía la Sierra de los Órganos serruchaba” (30)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Juan comparte con su esposa una casa en “Higienópolis”. El nombre del lugar se puede leer desde los valores burgueses que ostenta el matrimonio, pero Zelia percibe que su marido no calza del todo con la imagen familiar que quiere proyectar hacia su círculo de amistades. Compara a su esposo con el prototipo del burgués y reclama ante su falta de “vocación nobilitante” (30); quiere que se transforme en un estanciero digno. Miramar le replica que apenas es “un hacendado matrimonial” (30). Las discrepancias con Zelia, transforman el idílico romance en una prisión nueva cuya vía de escape se produce a partir del adulterio. Califica a su esposa de “circo” (32), lo que refleja la conceptualización que antes hiciera de Brasil, una tierra idílica, pero malograda por la influencia extranjera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;A la par que Miramar se transforma en hacendado, nace su hija Zelita; mientras, las cartas enviadas por la familia en Europa dan cuenta de una vida frívola, sustentada con el dinero que producen las haciendas de Brasil y que se manifiesta por ejemplo en la imitación que hacen las cuñadas de Juan de famosas actrices del cinematógrafo. No obstante, la guerra vendrá a trastocar la vida en ambos continentes. El terremoto se da en varios niveles: crisis económica en Brasil, Paquito detenido en Bruselas y llegada de Rolah a América.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;2.3. Europa de blancos brazos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La relación con Rolah constituirá una nueva vía de acceso al Viejo Continente. La joven no sólo traerá a Miramar el recuerdo de noches bohemias y libres, sino que le permitirá cruzar el límite entre la realidad y la ficción. La muchacha es actriz, y además de introducir a Juan en el negocio de la producción cinematográfica, vivirá un romance que recrea escenas, gestos y episodios de películas. Sus formas de acercamiento son tan artificiales como un romance ficcional, teatralizado: “Le dije que la amaba en el salón del hotel. Se retiró de cerca de mí, fue al piano a tocar el momento musical de Schubert. Después, apenas llegó, insistí. Se quedó callada y linda, con un brazo olvidado sobre la mesa, mirando el grueso tapete central de la sala” (39)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La joven encarna el ideal clásico de la belleza “si todos los hombres y todas las mujeres tuvieran aquel cuerpo blanco de Rolah sería Grecia” (39); se destaca por la blancura y belleza de sus brazos, como la diosa Hera – “la de blancos brazos”- quien paradójicamente presidía el matrimonio y castigaba con dureza el adulterio. Posee los brazos extirpados de la Venus de Milo, uno de los clichés turísticos que Gabriela destaca haber conocido en una de sus cartas. Miramar la eleva al nivel de diosa. Su relación con ella es pasional pero mayormente estética:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Una vez me miró demasiado, dejó el taburete y en un gesto esbelto, se descubrió toda llevando hasta los hombros el ligero ropón que la envolvía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Y blanca y desnuda de los pequeños senos en relieve a los muslos cerrados sobre la fioritura dorada del sexo, permaneció en una postura inocente de ofrenda (40)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Es imposible no recordar la Estatua de Camila en “El Unicornio”; creemos en este ejemplo se distingue la&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;identificación entre el Europa y su tradición artística con la joven actriz, quien “reconcilia” a Miramar con el período clásico del arte. Rolah es signada además como &lt;i&gt;femme fatale&lt;/i&gt;, mujer cuya poder de atracción desgracia la vida de otros y de sí misma, estereotipo también europeo: “para expresar lo que la humanidad tiene de más fatal, uno tendría que hablar de: Cleopatra, Catalina de Médicis, Imperia y la joven estrella cinematográfica Mlle. Rolah.” (40)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El negocio del cine tiene el valor para Miramar de la independencia económica de su mujer: “Zelia era rica, yo pobre. Ahora que, con los doscientos por ciento que de seguro rendirían los filmes en los que entré de socio, me haría más rico que Zelia” (41)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Ya transformado en hacendado, productor de café y de cine, se dedicará con Rolah a recrear el tiempo bohemio de juventud en Europa en la ciudad de Santos. A pesar de vivir una existencia placentera, el narrador da cuenta del desmejoramiento de su patria por parte de los inversionistas extranjeros:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;La Sierra del Mar fue un sumergido mar de verdura con pajaritos importantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Después casas bajas desanimaron a la planicie cansada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Y el pueblo rascacielos klaxonó de pescados fritos. (45)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Al conocer el engaño, Zelia lo confronta, pues nota los cambios, “los vicios” que se ha apoderado de él “¡Andas apasionado por esa actriz, Juanito! Cuéntame todo. ¡Te encuentro envejecido, preocupado, con cara de viciado, Juanito!” (50) La burocracia que conlleva la separación matrimonial se comparan a una novela naturalista (“Y fue mi turno de oír en una novela naturalista el dossier dactilado de mis detallados desvíos” (54) )&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La muerte de Zelia y el abandono de Rolah lo dejarán a la deriva. Al iniciar una nueva vida con Zelita, se siente más cercano a la figura de Penélope que a la de Odiseo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;“Mister Penélope vecino mientras la mujer viajaba en Australia” (60) Irónicamente, termina impartiendo a su hija la misma educación que él recibió, citando el discurso de Mandarín Pedroso - ¡Aquí no se leen novelas de baja calaña literaria ni versos futuristas! Sólo se lee a Rui Barbosa” (61) –; en suma, defendiendo las tradiciones que él mismo había despreciado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: center; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: center; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;3. CONCLUSIONES&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Ambos autores vanguardistas realizan la apropiación de un motivo clásico, que adquiere significados divergentes en sus respectivas obras. En Oswald de Andrade el viaje se inserta en el contexto de una parodia a la novela de formación, en el que el personaje recorre una geografía político-social a la vez que erótica; en Juan Emar se recupera el viaje iniciático que permite la travesía por una geografía metafísica y espiritual. Ambos personajes se conciben como artistas, proclives a los vicios; transgreden discursivamente principios burgueses a la par que afirman sus existencias en ellos; ambos rechazan la inserción en el mundo laboral; se vinculan al ocio, la meditación, los “experimentos” de todo tipo, la juerga, al deambular por espacios citadinos – también campestres, como en el caso de Emar-. Son figuras contradictorias que en vez de “ordenar el mundo” a la manera del héroe clásico, introducen en él el caos. También convergen en el deseo de cambio y el sometimiento al azar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En Oswald observamos un nacionalismo que en Emar no existe, como también la preocupación política, histórica y social que para Emar no es relevante. Del mismo modo, lo mítico, espiritual y metafísico está ausente de la obra del brasileño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Las relaciones que establecen con las mujeres son asimismo destacables, en tanto éstas parecen encarnar una abstracción – enigma, estética u otro-. Más que una relación entre personajes, los vínculos de pareja en las obras se adscriben mayormente a una búsqueda estética o espiritual que a una relación sentimental o pasional.&lt;/span&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;En Emar, la mujer –casi se diría adolescente- pareciera encarnar el misterio y el umbral de conocimiento al cual el narrador quisiera acceder; ejemplo de esto es la endiosada Camila, convertida en obra de arte. En las memorias, Oswald de Andrade, a partir de la figura de Rolah, plasma igualmente abstracciones como el arte clásico, a la vez que el moderno (cine)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Ambos protagonistas se muestran proclives a la búsqueda del placer, por lo que en primera instancia llegan a Europa, la urbe por excelencia, cifra del arte, la irresponsabilidad y la transgresión. A partir de la adquisición de experiencias en el Viejo Continente ambos personajes superarán la dualidad lo extranjero y lo propio, en Emar a partir de la trascendencia espiritual y la superación del espacio físico, en Oswald de Andrade a partir de la deglución de nombres, idiomas, discursos, imágenes, costumbres.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;La filiación vanguardista de ambas obras nos permite acotar algunos rasgos estilísticos que se perciben en ellas: la parodia a la literatura naturalista, la escritura con tendencia a lo visual (influencia del cine), la simultaneidad espacial en Emar, que en Oswald se entiende mejor como superposición de imágenes; la reivindicación del humor, el juego, el sarcasmo y la ironía, y por supuesto, la posición anti-burguesa y el deseo de cambio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Podríamos añadir que el viaje puede connotar en estas obras un procedimiento más estético que físico, pues al parecer es el escritor quien experimenta la búsqueda estética como una travesía, mientras los personajes deambulan entre distancias ficticias, casi diríamos dentro de una maqueta, controlada por el arquitecto, quien es el descubridor de los hilos invisibles huidobrianos. A partir de estos “hilos” descubiertos y manipulados además por el escritor, quizás nos encontremos, metafóricamente hablando, más con títeres o marionetas, que con personajes propiamente tales. Nuestra reflexión apunta a la notoria artificialidad que adquieren los mundos narrados de las obras de Emar, rasgo que comparte con el texto de Oswald de Andrade.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Por último, nos interesa remarcar la proyección que estos autores realizan de sí mismos en los protagonistas. Los escritores experimentaron en carne propia estos viajes, que se trasladaron a sus obras. Oswald de Andrade reflejará su experiencia en sus personajes: primero en Juan y luego en Serafim, protagonista de su segunda novela-invención. Antonio Cándido señala sobre el escritor y sus novelas:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;Para a sua personalidade, sabemos que foi decisiva a experiencia da Europa, antes y depois da guerra de 1914. Na sua obra, talvez as partes mais vivas e resistentes sejam as que se ordenam conforme a fascinaçao do movimento e a experiencia dos lugares. &lt;i&gt;Memórias sentimentais de Joao Miramar&lt;/i&gt; e &lt;i&gt;Serafim Ponte Grande&lt;/i&gt; se desenrolam em torno do deslocamento de personagens entre o Novo o Velho Mundo, exprimindo a posiçao do homem americano, que ele viveu com intensidade, ao adquirir conciencia da revisao de valores tradicionais em face das novas experiencias de arte e de vida (1977: 53)&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 18pt; text-align: justify; text-indent: 17.4pt; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 18pt; text-align: justify; text-indent: 17.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Pablo Brodsky relata sobre Juan Emar:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 18pt; text-align: justify; text-indent: 17.4pt; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 18pt; text-align: justify; text-indent: 17.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;En un Diario titulado &lt;i&gt;Viaje a Europa&lt;/i&gt;, escribió el 4 de marzo de 1912: “el fin importante del viaje es que mientras tanto trataré y lograré formar definitivamente mi carácter y gustos, y darle a mi vida un objetivo, un fin, una misión que me hará feliz y que vaya /con mi temperamento”. Luego, casi triunfante, exclamó: “Chile, a mi vuelta recibirás y mantendrás al nuevo y verdadero yo!”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 18pt; text-align: justify; text-indent: 17.4pt; line-height: 150%;" mce_style="margin-left: 18pt; text-align: justify; text-indent: 17.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span mce_ style="line-height: 150%;font-size:10.5pt;" lang="ES-CL"&gt;60 años después, le escribirá a su hija Carmen: “Creo que en una de mis cartas a Panamá le decía que en mí se producía un cambio de fondo. Yo le llamé &lt;i&gt;‘cambio’&lt;/i&gt;¸era en realidad &lt;i&gt;‘un deseo de cambio’&lt;/i&gt;. Creo que él ha llegado. Puedo sintetizarlo diciendo que es ‘una marcha hacia el otro lado’&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;(1993:7-8)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Su propia propuesta de vida es antiburguesa, transgresora de las convenciones morales de la época, mientras sus propuestas estéticas reflejan la experiencia vital en la experimentación y juego con los géneros como parte de la búsqueda artística que realizan. Es decir, el viaje en estas obras no sólo remite al devenir del personaje, sino a la poética de ambos escritores, evidencia de su transgresión absoluta a las normas de toda índole. El viaje implicará entonces la subversión de convenciones morales y estéticas, a la par que Juan Emar y Oswald de Andrade toman distancia de la narrativa mundonovista.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" mce_style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Bibliografía&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Andrade, Oswald de.1981. “Memorias sentimentales de Juan Miramar” (1924) en &lt;i&gt;Obra escogida. &lt;/i&gt;Selección y prólogo de Haroldo de Campos. Venezuela: Ayacucho.&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Baijtin,Mijaíl. 1982. &lt;i&gt;Estética de la creación verbal&lt;/i&gt;. México: Siglo XXI.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Bianchi, Manuel. 1975. “La antinovela”. &lt;i&gt;La Tercera de la hora&lt;/i&gt;. Santiago: julio 29, p.3. www.memoriachilena.cl&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Brodsky, Pablo. 1993. “Prólogo”. &lt;i&gt;Antología esencial de Juan Emar&lt;/i&gt;. Santiago: Dolmen.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Campos, Haroldo de. 1981. “Prólogo” en Oswald de Andrade: &lt;i&gt;Obra escogida&lt;/i&gt;. Venezuela: Ayacucho&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Cándido, Antonio. 1977. “Oswald viajante”. &lt;i&gt;Varios escritos&lt;/i&gt;. Sao Paulo: Livraria Duas Cidades, pp.51-56&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Canseco- Jerez, Alejandro.1989. &lt;i&gt;Juan Emar. Estudio&lt;/i&gt;. Santiago: Documentas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Castillo, Adriana. 1992. “Texto e intertexto en “Chuchezuma” Juan Emar” &lt;i&gt;Revista chilena de literatura &lt;/i&gt;40 http://www.letras.s5.com/emar200302.htm&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Cirlot, Juan Eduardo. 1969.&lt;i&gt; Diccionario de símbolos&lt;/i&gt;. Barcelona: Labor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Emar, Juan. 1937. &lt;i&gt;Diez. Cuatro animales, tres mujeres, dos sitios, un vicio.&lt;/i&gt; Santiago: Ercilla.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Morales, Claudio. 2005. “Juan Emar contra la virtud”. &lt;i&gt;Taller de Letras&lt;/i&gt; 36: 135-147.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Nunes, Clicie.2007. “Los bárbaros de una nueva era: El arte moderno y la antropofagia en las obras de Hans Staden y Oswald de Andrade”. &lt;i&gt;Crítica y creatividad. Acercamientos a la literatura chilena y latinoamericana&lt;/i&gt;.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Concepción: Universidad de Concepción. pp.231-248.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Paz, Octavio. 1990. &lt;i&gt;Los Hijos del Limo&lt;/i&gt;. Barcelona: Seix Barral.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Prieto, Julio. 2006. Serafim Ponte Grande: Oswald de Andrade y los viajes del texto &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;vanguardista” en &lt;i&gt;Hipertexto,&lt;/i&gt; nº4, pp. 19-35.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Rubio Cecilia. 1998. “Lo cómico-serio en ‘Maldito gato’ de Juan Emar”. &lt;i&gt;Cyberhumanitatis &lt;/i&gt;6 &lt;span&gt; &lt;/span&gt;http://www2.cyberhumanitatis.uchile.cl/06/textos/crubio.html&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;" mce_style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p
