lunes, 7 de febrero de 2011

Sobra el tiempo [Reedición de Diez de Juan Emar]

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Sobra el tiempo

Por Damián Tabarovsky
http://www.perfil.com/

No me gusta el género “de próxima aparición” en la solapa de los libros. Me parece que envejece demasiado pronto y deja el volumen en una especie de ansiedad por un futuro que rápidamente se cumple: a los pocos meses, la aparición “próxima” se hizo realidad, y el libro carga con un anacronismo por décadas. Quizá tenga que ver con que, para mí, a diferencia de los editores tradicionales, el libro tiene una segunda vida mucho más larga que los tres meses de la mesa de novedades: la librería de viejos (¡en realidad ésa es su primera vida, lo anterior no tiene demasiada importancia!). Ningún autor debe aspirar a ver su libro saldado, pero todo buen escritor debería desear encontrar, años después, su libro en una buena librería de viejos. Podría decirse que ése es mi criterio de éxito literario: ni la fama ni los premios ni las críticas ni ser traducido ni publicar en España, ni mucho menos ser convocado para escribir una columna dominical en un diario. No. Nada de eso. Tan sólo aspirar a la eternidad transitoria de un anaquel en una buena librería de viejos, a un precio razonable, si es posible.

En cambio, me gusta mucho el “de próxima aparición” en las páginas web de las editoriales. En la web, el cambio permanente es la rutina y entonces la frase convoca a un optimismo, a una fe en los libros por venir, que se me vuelve enternecedor. Si hay una editorial optimista en Buenos Aires es Mansalva. En la sección Próximos Títulos de su sitio, aparecen… ¡quince libros! Es cierto que los dos primeros –uno de Catón y otro de Inés Acevedo– ya se han publicado, pero no lo tomo como un error, sino como una muestra de doble optimismo (¡serán reeditados próximamente!). En el puesto catorce aparece La casa de cartón, de Martín Adán, de 1928, uno de los más grandes textos de la vanguardia peruana; o mejor dicho, del español en general. Dentro del catálogo de Mansalva, podría decirse que viene a hacer sistema con Diez, de Juan Emar, cuya edición original en Chile es de 1938, y que Mansalva editó aquí a mediados del año pasado con un prólogo de César Aira que retoma, con algunos sutiles cambios, parte de lo que ya había escrito en su Diccionario de autores latinoamericanos. Darle el prólogo a Aira es un acto de justicia: somos muchos los que conocimos a Emar gracias a él. No deja de ser bastante impresionante la forma en la que Aira lee la literatura del siglo XX, al punto de influenciar la opinión de críticos latinoamericanos sobre escritores de sus propios países. Recuerdo ahora al menos dos casos: El del Diccionario crítico de la literatura mexicana, del siempre agudo Christopher Domínguez Michael, que en su entrada sobre Elena Garro se apoya en lo escrito por Aira en su propio Diccionario… y el reciente No leer, compilación de ensayos del escritor chileno Alejandro Zambra, que en su análisis de la obra de Adolfo Couve retoma lo escrito por Aira en un ensayo anterior. Pero volvamos a Mansalva y a Emar: si en su prólogo Aira lucha por sacarlo de la influencia de Neruda, quien, obviamente mucho antes, había prologado el mismo libro (en su entrada del Diccionario… va aún más lejos y lo aleja de Neruda para acercarlo a Raymond Roussel) es porque Diez amerita ser leído como una anomalía, como un recorrido apartado del carril central de la literatura chilena. Emar no pertenece a la categoría de “raro”, tal como la definió Rubén Darío, ni mucho menos a la de “excéntrico”, tan cercana al dandismo. Su literatura es otra cosa, se asemeja al despilfarro, al puro gasto, a la dilapidación del sentido.

Me temo que ya casi no tengo espacio para avanzar sobre La casa de cartón, de Adán. Quizá no sea necesario hacerlo ahora, puedo esperar a que Mansalva lo publique. Si hay algo que sobra en la literatura, es el tiempo.


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